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De soldado a capitán, en condiciones excepcionales

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De soldado a capitán, en condiciones excepcionales
15/02/2021
Autor: 
CubaSí
Fuente: 
Comunicación UJC

Desde la aparición de la COVID-19 en marzo del 2020 y ante la suspensión de las actividades docentes, gran parte de los estudiantes, al salir de sus centros educativos, no quedaron inactivos. Dieron el paso al frente para combatir una enfermedad que, por momentos, se vuelve más peligrosa y contagiosa. Se adentraron en zonas rojas, hicieron pesquisas y, en los centros de aislamiento, cumplieron roles a los que nunca se habían enfrentado.

Yohandry Cruz Ávila, recién graduado, asumió la dirección del centro de aislamiento de la Escuela de la Aduana, ubicado en el municipio de Arroyo Naranjo, y aunque confiesa que no será esta su única experiencia como profesional, sí fue su primer bautizo de fuego.

—¿Cómo cambió la rutina al pasar de graduado de Medicina ha encargado de un centro de aislamiento en su totalidad?

—Luego de darnos la noticia de nuestra inserción en un centro de aislamiento, a las cuatro horas un taxi nos vino a recoger. No conocíamos mucho del funcionamiento de la instalación ni tampoco recibimos una capacitación antes, fue llamarnos y decir: preparen las cosas, que tienen que irse. Por una parte, estaba el entusiasmo de poder vivir esa experiencia, pero también sentía preocupación por lo que podía acontecer. Cada momento allí fue de descubrimiento.

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«Tener que enfrentarme a una enfermedad que no se conoce casi, tener que reinventarse la manera de hacer las cosas, nuestra actitud como persona, como profesional. Tuvimos que aprender mucho, todos los días. Fue difícil, pero a la vez, reconfortante porque ayudamos a muchas personas y tratamos de hacer nuestro trabajo lo mejor posible con todas las limitaciones y dificultades que pudieron existir. A veces, a la hora de abordar alguna problemática no siempre teníamos todos los recursos, pero salimos airosos y sacamos la tarea».

—Coméntame acerca de tus funciones en el centro.

—La primera semana en el centro fue bastante sencilla, se puede decir, respecto a lo que vendría después. Cuando llegamos ya había un equipo que estaba a punto de cumplir los 14 días de trabajo ahí y ellos tenían muy buena preparación y habían asumido la tarea en otras ocasiones. 

«Al ellos retirarse, estábamos bien saturados de trabajo, pues solo nos quedamos dos compañeros más y yo. Éramos los encargados de hacer los ingresos, que podían llegar a primera hora de la mañana o por la madrugada. A ese grupo de pacientes entrante, hay que ingresarlos, acomodarlos en los cuartos, hacer una división de los pacientes; los contactos de sospechosos separados de los contactos positivos; evacuar las dudas de los pacientes sobre su estadía en el centro, la realización del PCR y su posterior resultado. A su vez, nos encargábamos de los medicamentos que se le iba a administrar, el tema de la alimentación y había que tratar de calmarlos y hacerles entender que nuestro trabajo era cuidarlos, garantizar durante la prueba la certeza de que estaban sanos y en caso de ser positivo, informales sobre su traslado al hospital para recibir tratamiento».

—Ante una lucha incesante contra una enfermedad tan agresiva como la COVID19, que afecta tanto a la economía como al pueblo de Cuba, la juventud cubana brinda diariamente su brazo. Entre audios por whatsapp y la energía que caracteriza a este joven, continúa contando su historia.

—Nos levantábamos bien temprano diariamente y cumplíamos con el protocolo establecido. Diariamente nos poníamos los pijamas, la sobrebata, los guantes, la mascarilla, la careta y con todo ese andamiaje subíamos a los pisos a ver a los pacientes cuarto por cuarto. Por supuesto, que cada uno de ellos es diverso, en cuanto a lugar de residencia, rango etario. A ellos no solo se les atendía desde el punto de vista médico, sino que había que hacer un trabajo psicológico. Generalmente se mostraban muy ansiosos, desesperados por salir, con mucha incertidumbre. Algunos se sentían preocupados porque tenían niños en sus casas y otras veces la convivencia entre personas desconocidas con las que tenían que compartir habitación, también era un tema sensible. Tuvimos que tener mucho tino y estar lo más ecuánime para lidiar con ellos.

—Pasar de subordinado de alguien con experiencia en esta tarea a dirigir uno mismo el centro de aislamiento es bien complicado, según Cruz Ávila tuvo que tomar decisiones en las que no se podía dar el lujo de pensar, ni consultar con la almohada, primaba la celeridad, pero unida a la eficacia.

—Hacer entre tres, o más bien dos, el trabajo de seis médicos, que es lo que requiere el centro, es bien difícil. Se presentaban muchas tareas y había que abordarlas todas, pues la responsabilidad recaía sobre nosotros y todo se nos consultaba antes de realizar cualquier acción.

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«Teníamos que tomar decisiones sobre un grupo de enfermeras que se guiarían por nuestras instrucciones. Además, nosotros éramos quienes teníamos el contacto con el centro de mando de la Covid19, con el municipio de salud y la provincia. Entonces decidimos dividir las tareas, el Doctor Alejandro, que es un año mayor, se quedó como jefe y yo con la otra compañera como médicos, atendiendo los tres bloques».

—¿Cuál fue la reacción de tus familiares y amigos más cercanos ante la tarea q ibas a asumir y como te apoyaron para llevarla a cabo?

—Recuerdo que era un domingo, me llama por teléfono la Vice-Directora docente del policlínico y me dijo que necesitan dos médicos para el centro de aislamiento de la Aduana. Al momento dije que sí, pues quería aportar mi granito de arena y vivir la experiencia, pensando en mi crecimiento profesional. Fue complicado. Tuve que recogerlo todo rápido, despedirme de mi familia que estaba bien preocupada, mi mamá sobre todo, y mi novia. Pero yo quería.

—¿Cómo recordarás está experiencia y qué crees q haya sido lo que más influyó en ti como profesional de la salud?

—Ya después de dos semanas que estuvimos trabajando solos, finalmente nos mandan otro médico. Nos dio alegría porque representaba una ayuda en el trabajo, pero resultó ser otro recién graduado, pero ya a esa altura teníamos un buen manejo del funcionamiento del centro que nos fue fácil transmitirle todo lo aprendido. 

«Esto fue parte de nuestro principio como médico, aún nos quedan muchas experiencias que vamos a adquirir a través del contacto con las personas, al acercarnos y conocer de sus dolencias y necesidades. Pero sin dudas, siempre recordaré este inicio de mi carrera como algo sin igual».

Tomado de CubaSí

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