Estimadas y estimados estudiantes, les damos la bienvenida al Módulo 06 Procesos culturales e identitarios de niños, adolescentes y jóvenes
Impartido por los profesores: MsC. Pedro Emilio Moras Puig y MsC.Yoannia Pulgarón Garzón
Los objetivos del Módulo son:
• Presentar los conceptos de participación y consumo cultural. La relación de ambas nociones y de estas a su vez con procesos identitarios.
• Ilustrar con evidencias empíricas el recorrido investigativo de estas conceptualizaciones en poblaciones adolescentes y juveniles. Esta conferencia destaca la importancia de estudios de esta naturaleza para retroalimentar políticas culturales dirigidas a estos grupos poblacionales.
• Analizar los nudos teóricos, metodológicos y epistémicos para el abordaje de las categorías Identidad(es) e Identidades juveniles.
• Problematizar desde experiencias nacionales e internacionales los referentes identitarios asociados a culturas juveniles.
VIDEO CLASE Módulo 6
BIBLIOGRAFÍA (Vía grupo WhatsApp)
Preguntas orientadoras para el foro virtual
A partir de las lecturas realizadas:
1. Problematice en torno a dos ideas trabajadas en clase: la definición del joven/juventud(es) en términos socioculturales y la noción sobre cultura asumida por los jóvenes o las juventudes.
2. Analice cómo se manifiestan los procesos de participación y consumo cultural de jóvenes y adolescentes cubanos. Ejemplifique a partir de los espacios, experiencias e instituciones
3. Discuta sobre la incidencia de lo global presente en muchas de las grupalidades juveniles en el país y sus desafíos en torno a la identidad nacional. ¿Se producen fracturas en torno a la identidad cubana por tales pertenencias? Problematice sobre esto y mencione ejemplos de ser posible.
El plazo para subir sus intervenciones es hasta el 05 de ABRIL de 2021
Éxitos !!!

1- Cuando pensamos en la juventud desde términos socioculturales debemos hacerlo desde la pluralidad, ya que no existe una única juventud. Cada sociedad, cada cultura, tiene determinadas costumbres, normas, valores institucionalizados, etc., los cuales influyen en la manera de ser joven, en la expresión de las necesidades y en la búsqueda de su satisfacción. No es igual la juventud en Suecia, en Mozambique, en Canadá y en Cuba. Tampoco es igual la juventud cubana de los años 40, de los años 80 y del año 2021. Cada momento y cada lugar tiene determinadas características políticas, económicas y sociales que mediatizan las relaciones entre los individuos. Por esto, desde términos socioculturales debemos pensar en las juventudes. Incluso, en un mismo contexto y en un mismo tiempo no se puede hablar de una sola juventud; por ejemplo, no podemos hablar de la juventud cubana del 2021, sino de las juventudes cubanas del 2021. Ejemplo de esto tenemos lo referido en la bibliografía sobre nuevas culturas juveniles que han surgido en nuestro país como los otaku, los youtubers, los gamers, los pertenecientes a los teams. Aunque viven en el mismo país en el mismo tiempo, sus influencias son diferentes, por lo tanto, los medios y espacios que buscan para satisfacer sus necesidades también son diferentes.
Esto último está relacionado con la apropiación de la cultura por parte de adolescentes y jóvenes. Ellos participan en los procesos de creación y circulación culturales a través de las llamadas culturas juveniles. Las mismas consisten en estilos juveniles propios, los cuales son objetivados a través de símbolos, atributos, discursos y prácticas culturales. Construyen microsociedades juveniles, con grados de autonomía respecto a los adultos y que se convierten además, en importantes medios y espacios para adolescentes y jóvenes para socializar con coetáneos y satisfacer sus necesidades de recreación. En Cuba, hace unos años se popularizaron las llamadas tribus urbanas de la calle G, entre las cuales pueden citarse: los mikis, los repas, los frikis, los emos, las cuales tenían normas y características muy distintivas entre sí asociadas principalmente a consumir determinado género musical y vestir determinadas prendas. Actualmente, han surgido otras culturales juveniles en nuestro país mediatizadas por el consumo de medios tecnológicos, el Internet y las redes sociales: los gamers, los youtubers y los otakus.
La apropiación de la cultura por los jóvenes a través de estas culturas juveniles son las formas que tienen de asociarse e identificarse como jóvenes, de buscar autoconocimiento, autoafirmación y reconocimiento social, así como de divertirse y con compartir con coetáneos intereses comunes.
2-En el año 2018 formé parte de una investigación cuyo objetivo fundamental fue realizar un diagnóstico socio-psicológico de la comunidad de Colón desde la perspectiva de sus adolescentes. A partir de la aplicación y análisis triangulado de técnicas e instrumentos como la encuesta poblacional, los informantes claves, los grupos estructurados y foros comunitarios, el cuestionario, la observación, la entrevista y las sesiones grupales se pudo caracterizar la participación y el consumo cultural de adolescentes de esta comunidad. Los resultados encontrados fueron los siguientes:
Participación: Es mayormente en un nivel de consumo y movilizativo mediante la realización de actividades recreativas como conectarse a internet, comer en pizzerías, ir a fiestas, hacer deportes, así como actividades docentes y comprar en tiendas, farmacias, bodegas. Debido a esto, su la forma en la que participación es por lo general como público o espectador y estudiante, siendo más frecuentados los espacios públicos como parques naturales, espacios institucionales como tiendas, farmacias, la escuela y espacios privados como cafeterías no estatales.
Con respecto a las dimensiones de la participación, existen grandes afectaciones en la dimensión cívica, puesto que los adolescentes muestran acciones en contra del cuidado del medio ambiente, ocasionando además problemas a la higiene de la comunidad y suelen interactuar usando un tono de voz elevado y frases y palabras obscenas. La dimensión opinativa también se encuentra afectada en los adolescentes, puesto que la mayoría de ellos no expresan sus opiniones en espacios públicos ni en los medios de comunicación masiva, considerando además estas acciones como inútiles y ajenas a su responsabilidad. Algo similar sucede con la dimensión electoral: muy poco de ellos ejercen sus votos en las organizaciones de masa como la FMC y el CDR. La dimensión asociativa es la que se ejerce con mayor calidad por parte de los adolescentes de Colón, ya que a pesar de que no suelen participar en actividades convocadas en la comunidad, suelen ayudarse entre ellos, así como a las personas adultas.
Prácticas de consumo cultural: Las motivaciones están relacionadas mayormente con la satisfacción de necesidades de recreación y de afiliación. Entre las principales prácticas que realizan se encuentran escuchar música, conversar con amigos, jugar videojuegos, pasear por lugares al aire libre, ir a fiestas, conectarse a internet, realizar deportes y juegos de mesa, ver materiales audiovisuales tanto de la programación televisiva como diferentes a la misma. Se manifiestan intereses por la lectura, sobre todo por novelas de aventuras, románticas y de ciencia ficción; pero estos intereses son menores que los intereses por las actividades anteriormente mencionadas. Existe una minoría que oyen la radio, van a bibliotecas y/o librerías, así como a casas de culturas; además, el resto no muestra grandes intereses por hacerlo. Los géneros musicales más escuchados son el reggaetón, el trap y el pop a través del teléfono celular, equipos de música y computadoras, laptop y tablet. Los materiales audiovisuales más consumidos son musicales, películas, series y programas humorísticos sobre todo de países extranjeros como Estados Unidos. Los lugares más visitados como parte de sus prácticas de consumo son los parques naturales para conectarse a internet por la wifi, para realizar deportes y otros espacios al aire libre, así como espacios privados (la propia casa o la de amigos).
3-En los últimos años han surgido nuevas culturas juveniles en Cuba, en las cuales existe una fuerte influencia de lo foráneo, de las tecnologías y de las redes sociales. Entre estas culturas pueden mencionarse: los otaku y los gamers.
Los otaku son adolescentes y jóvenes aficionados a dibujos animados japoneses como el manga y el anime, siendo activos consumidores de estos productos y sus derivados. Por su parte, los gamers se caracterizan por un elevado consumo de videojuegos, en su mayoría de países extranjeros como el Dota2, World of Warcraft, Call of Duty y el Battefield. Estos les brindan la opción de jugar modo online (en línea), lo cual les resulta atractivo ya que les permite de forma paralela, jugar e interactuar con su grupo de amistades.
Los otaku y los gamers, encuentran en los productos animados japoneses y en los videojuegos, respectivamente, un medio para satisfacer sus necesidades de recreación, ocio y socialización con coetáneos. Pertenecer a estas culturas les ayuda a formar su identidad, ya que así forman parte de un grupo social, en el cual existen aficiones y normas en común. Si comparamos estas culturas juveniles con las que preponderaban años atrás: las tribus urbanas de la calle G, veremos que existe algo en común: son adolescentes y jóvenes que buscan un medio, un espacio para recrearse, socializar y autoafirmar su identidad. Lo que cambia es precisamente el medio y espacio que establecen para eso. Los otakus y los gamers revelan nuevas formas de participación juvenil, de hacer y decir como jóvenes.
Se pregunta entonces si la influencia de lo foráneo en estas nuevas grupalidades constituye una fractura de la identidad cubana. Cuando vemos el concepto de identidad nacional, este plantea que es un proceso multidimensional y cambiante, capaz de englobar a los diferentes grupos que componen la estructura social, a los rasgos particulares de socialización y a las transformaciones de los momentos históricos. Debido a esto, para analizar la identidad nacional de los adolescentes y jóvenes cubanos, debemos tener en cuenta los cambios que se producen en la sociedad cubana. En Cuba, el acceso a las tecnologías, a Internet y a las redes sociales es mucho más fácil y frecuente con respecto a 5-10 años atrás. Incluso, durante la propagación de la COVID-19 muchas de las medidas tomadas los tienen como protagonistas: teletrabajo, compras online, grupos de orientación psicológica y evaluaciones universitarias a través de plataformas digitales como WhatsApp. Debido esto, ya no podemos ver nuestra identidad nacional alejada de procesos que usamos diariamente como las tecnologías, el Internet y las redes sociales.
Esto es lo que hace más fácil la influencia de lo foráneo en las culturas juveniles: los adolescentes y jóvenes cubanos tienen bastante facilidad para acceder a productos internacionales. Ahí es donde se encuentra la fractura: a la diferencia de la sociedad actual con respecto a años atrás, en los cuales no existía el llamado paquete semanal, muy pocas personas tenían móviles, tablets o computadoras con acceso a Internet, por lo tanto, adolescentes y jóvenes estaban menos expuestos a la influencia de lo foráneo.
El contexto social ha cambiado y consecuentemente cambian las relaciones entre las personas, sus prácticas de consumo y la forma en que buscan satisfacer sus necesidades. Todo esto forma parte de la identidad de una nación y por tanto, si cambian estos procesos, también cambia la identidad nacional. Ahí está la fractura.
Las juventudes, como categoría histórico-concreta, define a un grupo sociodemográfico internamente diferenciado según su pertenencia a la estructura social, constituyen su segmento más dinámico y móvil (Domínguez, 2000). La juventud no está biológicamente determinada, sino definida socialmente por la naturaleza de la actividad que se desarrolla en la etapa, la que condiciona un conjunto de relaciones sociales específicas. Reguillo (2000) plantea que la realización tecnológica y sus repercusiones en la organización productiva y simbólica de la sociedad, la oferta y el consumo cultural, y el discurso jurídico, se constituyen en tres elementos que le dan sentido y especificidad al mundo juvenil, más allá de la fijación de unos límites biológicos de edad. Por tanto, las culturas juveniles se refieren a la manera en que las experiencias sociales de los jóvenes son expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de vida distintivos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre, o en otros espacios de la vida institucional.
La participación, como proceso de apropiación en el que prepondera su valor simbólico, se trascribe en prácticas concretas con niveles de expresión diferentes: movilizativo y de consumo consulta, discusión y/o conciliación (proyectos de acción elaborados en los cuales se pide opinión y contribución); delegación y control (transferencia de poder para aplicar y controlar un proyecto ya elaborado); responsabilidad compartida y codeterminación (intervención en la toma de decisiones). Por ello es de tal importancia, como refiere el profesor Ms C. Pedro Emilio Moras, crear los espacios para que existan los canelas de comunicación y que las personas puedan acceder. El consumo cultural resulta una forma de participar pues el ser beneficiario de una acción organizada por otros constituye una forma de participar, en este caso el consumo resulta la forma por excelencia de la participación (el individuo, principalmente desde la comunidad, recibe los beneficios de las actividades que se le presentan, ya sea presentaciones de teatro, de cine, de danza, exposiciones, y todas las manifestaciones que integra la cultura). Las juventudes tienen sus propias manifestaciones en estos procesos participativos, se organizan, manifiestan formas de liderazgo, y crean sus espacios para la satisfacción de sus necesidades, intereses, expectativas, de esta forma, también consumen. La comunidad y lo comunitario es el escenario primordial para garantizar el acceso a los procesos de participación cultural, desde el reconocimiento de las potencialidades que tienen los sujetos se estimula la participación en las diferentes expresiones culturales. En la conferencia se exponen las tendencias de consumo cultural en los jóvenes cubanos, se exhibe en el panorama un predominio de la cultura audiovisual. El cine, la música y la literatura son más consumidos que las bibliotecas, teatros y museos. Dentro de lo audiovisual se produce un tránsito de los medios estatales hacia los informales con la aparición del “paquete”, los jóvenes buscan en él un acercamiento al mundo globalizado y el consumo de la cultura traspasa los límites nacionales; considero que el llamado “paquete” confiere una influencia en la identidad cultural, no solo en los jóvenes, los altos índices de consumo del mismo por la población cubana imponen una nueva influencia. Considero que de alguna manera, se deben desplegar acciones, que orienten a la población y en especial a las adolescencias y juventudes sobre la forma de consumir, de manera que logren tener criticidad ante la información que les llega, en este sentido, las redes sociales representan también un espacio que ejerce gran influencia, principalmente sobre los adolescentes y jóvenes, quienes se encuentran en un momento de búsqueda y reafirmación de la identidad. La inclusión de las tecnologías toma notable auge, incluso con el impacto de la pandemia ha llegado a convertirse en unos de los principales espacios de consumo cultural. Es notorio el poco uso de las instituciones culturales clásicas y el espacio privado como el lugar por excelencia (propia casa o de amigos y familiares), desinterés marcado por un conjunto de manifestaciones de la denominada cultura clásica (ballet y/o danza) y el mayor uso de la ciudad que de las instituciones culturales (parques, tiendas y restaurantes).
Los procesos de producción de sentidos se han transformado y resulta necesario un esfuerzo mayor para encontrar respuestas al quién soy, a quién o qué pertenezco, a dónde me dirijo, qué quiero ser, cuáles son mis valores, cómo quisiera ser, con qué me puedo identificar, cómo me defino a mí mismo y qué definición tiene mi identidad social; son algunas de las interrogantes que llevan a adolescentes y jóvenes a formar parte de la diferentes grupalidades existentes en el país. Por tanto, la identidad nacional se redefine a partir de lo foráneo, de las divergencias o convergencias de lo nacional y lo extranjero, podría decirse que configura un mestizaje cultural. Es un desafío defender nuestras tradiciones, costumbres y valores, resistir a la imposición de culturas e intentos homogeneizadores.
1. Para abordar una definición de juventudes en términos socioculturales implica, en primer lugar, no reducir el concepto a condicionantes biológicas, como la de la edad. Las distintas sociedades en diferentes etapas históricas han planteado las divisiones sociales por grupos de edad de muy distintas maneras y que, incluso, para algunas sociedades este tipo de estructura no ha existido. El eje central de comprender el término de juventudes o joven versa en atemperar el determinismo histórico, social y cultural de este grupo poblacional, de ahí que no resulte contradictorio sostener la máxima popular de que los jóvenes se parecen más a sus tiempos que a sus padres. Es importante enfatizar que la juventud se define por las características de la actividad imperante, así, por ejemplo, en el campo deportivo cubano, el joven atleta construye su identidad tomando en cuenta un proceso paulatino de apropiación de los modelos imperantes en la sociedad cubana; es el deporte una actividad que en la actualidad es una vía, no sólo para desarrollar capacidades físicas extraordinarias, sino que también se muestra ante la cruda realidad de constituir un modo de vida que ayudaría a la familia a tener, independientemente del reconocimiento social, una opción palpable de mejora económica.
Por otra parte, si hemos de mostrar cómo se define la concepción sobre cultura asumida por los jóvenes habría que plantearse las diferentes maneras en que este grupo poblacional toma partido y construye sus propias manifestaciones en todos los ámbitos culturales sobre los cuáles tiene contacto en su medio. El vestuario, la música y ciertos objetos emblemáticos constituyen hoy una de las más importantes mediaciones para la construcción identitaria de los jóvenes, elementos que se ofrecen no sólo como marcas visibles de ciertas denominaciones, sino fundamentalmente como lo que los publicistas llaman el “estilo”. Esto significa que el joven necesita identificarse con los iguales y diferenciarse de los otros, especialmente del mundo adulto.
En Cuba se han realizado variados estudios que expresan la gran diversidad de formas de asumir tendencias culturales juveniles, algunas formales o más reconocidas socialmente y otras más informales y de pequeño formato, dentro de estas culturas juveniles se encuentran, por ejemplo, los rockeros, emos, los exponentes de hip hop, los reparteros, mickies y reguetoneros. Los principales hallazgos de estos estudios refieren que estas tendencias son fenómenos eminentemente capitalinos y urbanos en sus inicios, tienen mayor representatividad de adolescentes y juventud temprana, siguen una perspectiva estética o por seguir una moda; todas buscan el autoconocimiento, la autoafirmación y el reconocimiento social, y exponen como motivación la diversión, recreación, compartir con coetáneos e intereses comunes.
2. El consumo cultural es el proceso de apropiación y uso de productos, en los que el valor simbólico prevalece sobre los de uso y de cambio, o donde, al menos, estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica. En esta conceptualización se destaca que no se define según el tipo de productos que se usan, o sea si son bienes materiales o culturales, como habitualmente se hace, sino del valor simbólico que se les atribuye por parte de los sujetos.
En nuestro país los procesos de participación y consumo cultural están determinados por múltiples factores, es por eso que existe tanta diversidad en las formas identitarias, no se expresan de la misma manera los jóvenes que viven en la ciudad a los que habitan en el campo, tampoco son semejantes las tendencias entre jóvenes santiagueros y granmenses, incluso, pueden observarse diferencias entre géneros (hembras y varones). Cada barrio, cada localidad, de acuerdo a la diversidad de instituciones culturales que posea, influirá de alguna manera en el desarrollo cultural de las poblaciones juveniles; por ejemplo, las localidades que tienen casas de cultura, galerías de arte, museos, inclusive instalaciones deportivas, tendrán mejores condiciones para desarrollar inclinaciones artísticas y hasta deportivas (véase el deporte también como un fenómeno cultural, de hecho, lo es).
Lo expresado anteriormente implica que no exista un desarrollo proporcional en los jóvenes, acorde a la carencia en muchos escenarios del país, de instituciones que promuevan, diversas manifestaciones culturales, a pesar de los esfuerzos de las autoridades gubernamentales, para llevar la cultura a todos los barrios.
En un estudio realizado, años atrás, sobre determinados comportamientos antisociales de un grupo de jóvenes de la calle G (provincia La Habana) fue interesante analizar este fenómeno desde varias aristas, una de ellas profundizaba en cuáles eran las motivaciones o insatisfacciones que subyacían en estos comportamientos. Se enunciaron, por ejemplo, algunas propuestas, algunas de ellas sugeridas explícita o implícitamente por los propios jóvenes; muchas de ellas no se limitan a este espacio. Estos jóvenes sentían insatisfacciones relacionadas básicamente con el bienestar económico material, que se extiende a su recreación. Se propusieron lugares abiertos, con precios asequibles, con diversidad musical, pantallas y en los que se pudiera disfrutar hasta el amanecer. Se solicitaban actividades alternativas— culturales, de competición, de intercambio con artistas e intelectuales- que contribuyeran a ampliar tanto los objetos de satisfacción de las necesidades de estos grupos como posibiliten la actualización de otras necesidades. Se sugerían la creación de lugares “con sello propio” para los amantes del rock, de la trova, de la música tecno, house, rap, hip hop y el jazz. Estas fueron, entre otras, algunas insatisfacciones que invitan a reflexionar a las autoridades gubernamentales y culturales para refuncionalizar la institucionalidad -desde la familia hasta la comunidad, lo que implica también a las organizaciones políticas y de masas- estas deben ganar en credibilidad y convertirse en un vehículo de comunicación entre sus miembros y el estado; garantizar espacios de discusión y debate reales, donde fuera posible la confrontación y aceptación de ideas diferentes. Ofrecer espacios reales de poder para los jóvenes, para la toma de decisiones, creación de soluciones, ellos contribuirían a ganar en responsabilidad social y en la capacidad para rendir cuentas por sus acciones. Los medios de comunicación, por sus múltiples canales y soportes, deben reflejar y trabajar con la diversidad existente entre la población joven no tender a la estereotipación y a la homogeneidad.
3. Es evidente que, cualquier país del mundo, tenga incidencia directa sobre su población de las tendencias culturales foráneas, inclusive en países como Japón, uno de los más apegados a sus raíces. ¿Cómo evitar la influencia de la música, la que constituye un lenguaje universal, en los jóvenes cubanos, y más aún en los músicos cubanos? Cuba es una mezcla resultante de varias culturas, así que, de hecho, muchas de las raíces que tenemos se han fusionado y formado parte de nuestra identidad. A mi modo de entender, y analizado desde este punto de vista, no creo que se fracturen nuestros patrones identitarios por estas necesarias y atemperadas transformaciones. No obstante, si hemos de considerar, la influencia de lo foráneo en las grupalidades, tribus juveniles y otras denominaciones similares, sí se observa una tendencia a incorporar nuevos referentes sociales que influyen de manera negativa en la identidad nacional. El acceso, cada vez mayor, de los jóvenes cubanos a las plataformas de la información, el internet y otras redes con orígenes en países desarrollados, ha traído a nuestro entorno problemáticas que despersonalizan la identidad cultural cubana. Así, por ejemplo, han surgido en el país, pequeñas grupalidades de gamers, youtubers y teams, los cuales responden a cánones foráneos que cumplen determinados códigos, en muchos casos, desprovistos de objetividad y sentido común. Estos grupos se vinculan a nuevas dinámicas sociales, centralizando el papel de la tecnología, incorporando nuevas formas de hacer o de decir para incorporar otros intereses propias de sociedades de consumo. Las nuevas grupalidades que están emergiendo y legitimándose en algunos grupos juveniles, rompen con las fórmulas anteriores, se valen de las tecnologías y otros espacios para expresarse y en muchos casos, rebelarse a los cánones anteriormente impuestos.
No obstante a lo anteriormente expuesto, creo necesario enfatizar que, tal y como se explicó en la primera pregunta sobre el concepto de juventudes, cada fenómeno de este tipo se debe analizar por las instituciones implicadas, en primer lugar, porque las tendencias foráneas pueden tergiversar el pensamiento de cada joven, recordemos que los jóvenes, en todas las sociedades, son el eslabón más permeable y vulnerable a la hora de ejecutar campañas culturales mediáticas; y en segundo lugar, porque es responsabilidad de todas estas instituciones nacionales, ofrecer variantes para el rescate o afianzamiento de nuestra identidad.
Geanny Torres G1 foro 6
1-En la actualidad se ha visualizado la amplitud de la definición de joven o juventud de cómo tradicionalmente se maneja en algunas profesiones; parcializadamente, enfocándose en sus características como grupos etarios y en relación a los objetivos de esas especialidades.
Pero si interrogamos a la población respecto a qué es ser joven o qué es la juventud, generalmente refieren: es despreocupación, irresponsabilidad, disfrute inmediato, no plan a largo plazo, no piensan consecuencias, frescura, nuevo, cambio, energía, vitalidad, tiempo de diversión.
La juventud es una categoría histórico-concreta que designa un grupo sociodemográfico internamente diferenciado según su pertenencia a la estructura social, constituyen su segmento más dinámico y móvil (Domínguez, 2000).
La juventud no está biológicamente determinada, sino definida socialmente por la naturaleza de la actividad que se desarrolla en la etapa, la que condiciona un conjunto de relaciones sociales específicas que conforman el status juvenil a partir del significado de dicho período. La definición de la categoría juventud se puede articular en función de dos conceptos: lo juvenil y lo cotidiano. Lo juvenil nos remite al proceso psicosocial de construcción de la identidad y lo cotidiano al contexto de relaciones y prácticas sociales en las cuales dicho proceso se realiza, con anclaje en factores ecológicos, culturales y socioeconómicos (Dávila, 2004).
La juventud, como toda categoría socialmente constituida, tiene una dimensión simbólica, pero también debe ser analizada desde otras dimensiones: los aspectos materiales, históricos y políticos en que toda producción social se desenvuelve. Esta se refiere no sólo a un estado, una condición social o una etapa de la vida, además significa producto. La juventud aparece entonces como valor simbólico asociado con rasgos apreciados, lo que permite comer cializar sus atributos (o sus signos exteriores) multiplicando la variedad de mercancías -bienes y servicios- que impactan directa o indirectamente sobre los discursos sociales que la aluden y la identifican.
Consideramos que la juventud es una condición constituida por la cultura pero que tiene una base de edad como categoría estadística o vinculada con la biología, pasamos a la edad procesada por la historia y la cultura: las generaciones. La generación alude a la época en que cada individuo se socializa, y con ello a los cambios culturales acelerados que caracterizan nuestro tiempo. Cada generación puede ser considerada, hasta cierto punto, como perteneciente a una cultura diferente, en la medida en que incorpora en su socialización nuevos códigos y destrezas, lenguajes y formas de percibir, de apreciar, clasificar y distinguir.
En un sentido amplio, las culturas juveniles se refieren a la manera en que las experiencias sociales de los jóvenes son expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de vida distintivos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre, o en espacios de la vida institucional. La relación de los jóvenes con la cultura dominante está mediatizada por las diversas instancias en las cuales este poder se transmite y se negocia: escuela, sistema productivo, ejército, medios de comunicación, órganos de control social, etc. Frente a estas instancias, los jóvenes establecen relaciones contradictorias de integración y conflicto, que cambian con el tiempo.
Las culturas parentales pueden considerarse como las grandes redes culturales, definidas fundamentalmente por identidades étnicas y de clase, en el seno de las cuales se desarrollan las culturas juveniles, que constituyen subconjuntos. Refieren las normas de conducta y valores vigentes en el medio pero no se limita a la relación directa entre “padres” e “hijos”, sino a un conjunto más amplio de interacciones cotidianas entre miembros de generaciones diferentes, en el seno de la familia, el vecindario, la escuela local, las redes de amistad, las entidades asociativas, etc. Mediante la socialización primaria, el joven interioriza elementos culturales básicos (uso de la lengua, roles sexuales, formas de sociabilidad, comportamiento no verbal, criterios estéticos, criterios de adscripción étnica, etc.) que luego utiliza en la elaboración de estilos de vida propios.
Las culturas generacionales, finalmente, refieren la experiencia específica que los jóvenes adquieren en el seno de espacios institucionales (la escuela, el trabajo, los medios de comunicación), de espacios parentales (la familia, el vecindario) y sobre todo de espacios de ocio (la calle, el baile, los locales de diversión). En estos ámbitos, el joven se encuentra con otros jóvenes y empieza a identificarse con determinados comportamientos y valores, diferentes a los vigentes en el mundo adulto. Las culturas juveniles no son homogéneas ni estáticas. Los jóvenes no acostumbran a identificarse siempre con un mismo estilo, sino que reciben influencias de varios, y a menudo construyen un estilo propio. Todo ello depende de los gustos estéticos y musicales, pero también de los grupos primarios con los que el joven se relaciona.
A un nivel más operativo, las culturas juveniles pueden analizarse desde dos perspectivas:
a) En el plano de las condiciones sociales, entendidas como el conjunto de derechos y obligaciones que definen la identidad del joven en el seno de una estructura social determinada, las culturas juveniles se construyen con materiales provenientes de las identidades generacionales, de género, clase, etnia y territorio.
b) En el plano de las imágenes culturales, entendidas como el conjunto de atributos ideológicos y simbólicos asignados y/o apropiados por los jóvenes, las culturas juveniles se traducen en estilos más o menos visibles, que integran elementos materiales e inmateriales heterogéneos, provenientes de la moda, la música, el lenguaje, las prácticas culturales y las actividades focales. Estos estilos tienen una existencia histórica concreta, son a menudo etiquetados por los medios de comunicación de masas y pasan a atraer la atención pública durante un período de tiempo, aunque después decaigan y desaparezcan.
Los jóvenes, pese a las diferencias (sociales, de género, económicas, de emblemas aglutinadores) comparten varias características que pueden considerarse definitorias de las culturas juveniles en estos tiempos:
a. Poseen una conciencia planetaria, globalizada, que puede considerarse como una vocación internacionalista. Nada de lo que pasa en el mundo les es ajeno, se mantienen conectados a través de complejas redes de interacción y consumo.
b. Priorizan los pequeños espacios de la vida cotidiana como trincheras para impulsar la transformación global.
c. Existe respeto por el individuo que se convierte en el centro de las prácticas. Puede decirse que la escala es individuo-mundo y que el grupo de pares no es ya un fin en sí mismo, sino una mediación que debe respetar la heterogeneidad.
d. Selección cuidadosa de las causas sociales en las que se involucran.
e. El barrio o el territorio han dejado de ser el epicentro del mundo. Si bien las y los jóvenes comparten universos simbólicos, lo hacen desde la diferencia cultural constituida por el género, desvinculado de las condiciones materiales e históricas que condicionan a su significado.
2-Se entiende por consumo cultural: nivel de participación en tanto apropiación y uso de productos culturales, en los que el valor simbólico prevalece sobre los de uso y de cambio, o donde, al menos, estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica. En esta conceptualización se destaca que no se define según el tipo de productos que se usan, o sea si son bienes materiales o culturales, como habitualmente se hace, sino del valor simbólico que se les atribuye por parte de los sujetos. Público o consumidor de acciones previamente organizados.
Donde Cultura es: conjunto de significaciones, concepciones del mundo, que de algún modo orientan y regulan el comportamiento de las personas. Se expresa en prácticas concretas. Constituye campo del espacio social, donde se producen formas y sentidos, se rige por instituciones y reglas de discurso especializadas, y que se manifiesta a través de obras (el arte, la literatura) y de debates de ideas que giran en torno a las batallas críticas de lo estético y de lo ideológico.
Se concibe además que cultura no es el patrimonio o herencia cultural de un país solamente, sino el complejo proceso de participación en la creación y apropiación de significados y dotación de sentido, que se realiza a través de la comunicación y la interacción activa del hombre con su medio y sus semejantes. No se restringe al campo de las bellas artes y el cultivo del refinamiento intelectual, sino incluye las formas de ser, pensar y actuar.
En el proceso de consumo cultural, la familia, el barrio y las instituciones laborales son mediadores entre los medios y las audiencias(adolescentes y jóvenes), y a su alrededor se encuentran los escenarios de consumo(parques, ciudad abierta, otras instituciones no culturales), la racionalidad económica, la racionalidad sociopolítica interactiva, la racionalidad integrativa comunicacional, la racionalidad consumidora con sus aspectos estéticos y simbólicos, todos en constante interacción que conllevan también a la participación.
La participación es vista como el proceso de implicación activa tendiente al acceso en la toma de decisiones en un proyecto de acción especifico.
Tiene varios niveles:
Movilizativo y de consumo.
Consulta, discusión y/o conciliación.
Delegación y control.
Responsabilidad compartida y codeterminacion.
Formas de participación cultural:
Público o Espectador, Artista Aficionado o Profesional, Estudiante, Investigador, Asesor o Profesor, Organizador o Colaborador.
Tendencias del consumo cultural según estudios realizados:
• Preponderancia de la cultura audiovisual en comparación con las Bellas Artes.
• Dentro del campo artístico cultural el cine, la música y la literatura están en ventaja frente a bibliotecas, teatros y museos.
• Dentro de lo audiovisual se produce un tránsito de los medios estatales hacia los informales (paquete).
• La inclusión de las tecnologías cambió el acceso y disfrute de los productos y bienes culturales.
• Insatisfacción con la oferta cultural existente. Falta de correspondencia de la oferta cultural a las necesidades de los consumidores.
• Incremento de la participación de los sujetos en la elaboración de productos culturales.
• Poco uso de las instituciones culturales clásicas.
• El espacio privado como el lugar por excelencia (propia casa o de amigos y familiares).
• Desinterés marcado por un conjunto de manifestaciones de la denominada cultura clásica (ballet y/o danza).
• Mayor uso de la ciudad que de las instituciones culturales (parques, tiendas y restaurantes).
Las zonas rurales se diferencian de las ciudades en algunos indicadores en cuanto a consumo cultural, sobre todo por el acceso a instituciones o servicios. En los municipios rurales, rodeados de montañas, distante de otras ciudades principales, los que tienen un poblado como cabecera, donde se encuentran la mayoría de las instituciones, también los adolescentes y jóvenes se reúnen en los espacios abiertos (parques y plazas principales) para conversar, escuchar música o establecer intercambios comunicativos vía digital. Los grupos urbanos no se ven representados en grandes cantidades sino en diversos individuos aislados que han entrado en contacto con estos primeros en algún momento o conocen de ellos por terceras personas que visitan la localidad, a veces hay grupos pequeños de adolescentes interesados en la música pop, que se reúnen para compartir los productos relacionados con estos o ensayar coreografías representativas de sus ídolos, el consumo de lo audiovisual por medios informales se hace más fuerte en tanto hay menos espectáculos a los que acudir, el resto de las tendencias también se reproducen en estos escenarios.
3-La Identidad es el conjunto de características, datos o informaciones que son propias de una persona o un grupo y que permiten diferenciarlos del resto.
Identidad nacional es el conjunto de elementos característicos de una nación, con los que sus habitantes se identifican, diferenciándose así de otras naciones, sea esta por haber nacido en tal territorio, por formar parte de una comunidad o por sentir lazos de pertenencia con las costumbres y tradiciones de tal nación.La identidad nacional es un concepto abstracto que se forma y moldea de manera continua a partir de las creencias, aspiraciones e intereses de la minoría intelectual que lo gestiona; cobra cierta forma y existencia, aunque nunca definitiva, una vez que un conjunto de individuos lo acepta como aquello que representa el verdadero reflejo de la realidad y la historia nacional; y, finalmente, encarna valores comunes como representación directa de la nación a la que todos pertenecen.
La identidad nacional es una condición social, cultural y espacial. Se trata de rasgos que tienen una relación con un entorno político ya que, por lo general, las naciones están asociadas a un Estado. Es un proceso continuo, que pasa de generación en generación, y que hace que la identidad sea un elemento vivo, siempre en enriquecimiento. Las influencias internas y externas (sociales, económicas, culturales) pueden actuar de tres maneras sobre la identidad nacional y cultural: desarrollándola o consolidándola, conservándola, debilitándola o haciéndola desaparecer. El interés es desarrollarla, que es la forma creativa de conservarla.
En la actualidad con el aumento de los intercambios culturales y el acortamiento de las distancias fisicas a traves de los avances tecnologicos existentes, se produce la entrada de gran cantidad de informacion, que es asimilada, transformada, rechazada, criticada o adaptada a nuestra realidad, que van a formar parte de la cotidianidad y comienzan a percibirse como naturales. Algunas fortalecen la cubania, al ser evaluadas y comparadas con el sistema con el que vivimos y hace que se de mas valor a todo lo existente en el territorio, pero otras introducen costumbres y patrones conductuales que no fracturan la identidad pero van conformando nuevas formas de participacion que son tan diferentes a lo tradicional que causan resistencia en la mayoria de los cubanos para aceptarlos, y se valoran como negativos o fuera de marco, creando pequeñas crisis. Los grupos urbanos, que se han formado en nuestro pais a raiz del aprendizaje de culturas foraneas, se convierten en nuestros grupos, son parte de nuestra cubanidad y asumen un estilo personalizado, adaptado, a pesar de que copien la mayoria de las caracteristicas de los de afuera. En este momento se amplia, diversifica y transforma la identidad nacional que es una categoria en constante desarrollo. La cultura foranea se convierte en un boomeran, introduce nuevos codigos a traves de las vias digitales o tradicionales, estos se expanden, se transforman con nuestra realidad, nuestra identidad y se hacen nuestros, volviendo a salir al mundo con nuestro sello particular, e insertandonos en todos los cambios desarrolladores o no que suceden en el mundo actual.
1- La juventud desde un punto de vista social se asocia a cierta posición o condición constituida por la cultura, vinculada con la edad. Esta posición alude a factores biológicos como la energía, el estado de salud, y con factores sociales como los códigos, gustos, experiencias, habilidades y lenguajes propios de su generación, relacionados con el momento histórico social en el que les toca vivir y que marcan la diferenciación con otras épocas anteriores. Además se relaciona, también desde un punto de vista social con la posibilidad de postergar exigencias características de la edad adulta como formar una familia, mantener un hogar, vivir del propio trabajo, para dedicarse a profundizar estudios. Aunque estas posibilidades de postergar funciones de la vida adulta no son propias de todos los jóvenes atendiendo a factores culturales, de género y de clase en su interseccionalidad, pues pertenecer a clases sociales de bajo poder adquisitivo suele estar relacionado con la necesidad de proveer económicamente al hogar de manera inmediata, sin tener los privilegios que les son conferidos a este grupo en clases de mayor poder adquisitivo. Al mismo tiempo, el gran valor socialmente asociados a la maternidad, unido a situaciones de pobreza pueden condicionar que las muchachas asuman la maternidad a temprana edad como única forma de lograr su realización personal al estar severamente limitado su acceso a niveles educacionales superiores y trabajos deseables.
De esto deviene que hay muchas maneras de ser jóvenes asociadas a diversos factores que determinan diferenciaciones sociales como el género, la etnia, lugar de residencia, poder adquisitivo, color de la piel, pero todas están dadas en una determinada época, que de alguna manera marcan ciertas tendencias generacionales. En este contexto emergen las culturas juveniles que consisten en estilos juveniles propios, que se objetivan a través de símbolos, atributos, discursos y prácticas culturales disímiles. Aunque hay gran diversidad entre estas culturas entre sí, y además proliferan otras debido a las tendencias y los avances tecnológicos de la época, todas comparten entre sí el hecho de ser grupos juveniles que funcionan sobre todo en espacios de ocio y que satisfacen necesidades de entretenimiento, de pertenencia, de aceptación, que tienen en común la moda con la que se identifican, se gestan en grupos que desarrollan sus propios códigos en los que predominan dinámicas de comunicación horizontal entre sus miembros, que son diferentes a las que se evidencian en el mundo adulto, y se relacionan con el contenido de los ideales materializado en famosos que pertenecen a estos grupos identitarios. Todas estas características en general( las necesidades de entretenimiento, de aceptacion , de reafirmación, el seguimiento de la moda, los ideales constituidos por famosos, la importancia del grupo y las relaciones entre coetáneos) vienen siendo regularidades de estos grupos etarios, fundamentalmente de la adolescencia, independientemente de si pertenecen o no a estas culturas juveniles, lo cual legitimiza el hecho de que las culturas juveniles son en su esencia, una forma de ser joven.
2- Aunque existen espacios destinados para la participación juvenil como las organizaciones estudiantiles, las organizaciones de masa y organizaciones sindicales para aquellos que trabajen, si bien existen jóvenes activos en la participación en la toma de decisiones a través de estas organizaciones, en mi opinión no es despreciable la cifra de aquellos que se involucran en estos espacios con un carácter formal y no con la idea de una participación activa con la confianza que sus opiniones serán tenidas en cuenta en la toma de decisiones. Esto no excluye la existencia de grupos informales conformados por jóvenes donde se crean sus propias dinámicas y generar identidades y sentidos de pertenencias, en donde tengan una participación más activa. La pertenencia a estos grupos puede determinar contenidos específicos de consumo: el tipo de música que escuchan, los audiovisuales que consumen, la forma de vestir, los lugares en donde suelen pasar el tiempo libre, etc.
En lo referente al consumo cultural cada vez se ve más el consumo de alternativas diferentes a las propuestas oficiales, aunque sin abandonarlas del todo. Cada vez es más frecuente el consumo de los materiales del paquete semanal y el uso de las nuevas tecnologías que propician mayor variedad de opciones de consumo y al mismo tiempo proporcionan nuevos espacios de socialización y de participación, pues se crean grupos de personas con intereses y objetivos comunes, que pueden generar nuevos sentidos de pertenencias e identidades o consolidar los ya existentes, pues en estos se puede incluir o no a nuevos miembros atendiendo a sus similitudes y compatibilidades con el grupo. Con las nuevas dinámicas sociales de confinamiento y necesidad de aislamiento social, los grupos creados en plataformas digitales han constituido una alternativa a la socialización en espacios físicos, legitimizando cada vez más su uso. Además, las redes sociales pueden ser espacios de participación en temáticas gubernamentales, que si bien no llegan a la toma de decisiones si pueden ser importantes en el proceso de conciliación y consulta popular. Esto ha quedado demostrado en estos tiempos de grandes cambios en nuestro país producto de la pandemia y el reordenamiento económico. Las críticas, dudas y propuestas planteadas por la población en redes sociales han sido tenidas en cuenta para realizar modificaciones a las políticas determinadas o han mostrado la necesidad de explicarlas más a fondo, de manera que se ha vuelto un medio importante para fomentar la participación popular, en especial la de los jóvenes quienes hacen mayor uso de estos medios que de otras vías establecidas para el debate.
3-Si bien muchas de las grupalidades juveniles parten de exportar patrones culturales y modelos de consumo internacionales, y que estas prácticas han visto mayor auge con el uso de las nuevas tecnologías, las identidades juveniles no tienen que contraponerse necesariamente a la identidad nacional. El hecho de que las personas poseen diversas identidades que se complementan entre sí y que conforman y enriquecen su identidad personal, hace que la pertenencia a estas culturas juveniles pueda complementarse con la identidad nacional, y que las prácticas y códigos que proclaman estas grupalidades puedan adaptarse y modificarse al contexto cubano. Los estudios sobre identidad nacional realizados en población general ponen de manifiestos que los cubanos poseen una autoimagen, estable en el tiempo, positivamente orientada, en la que sobresalen elementos positivos del carácter y elevados valores humanos y sociales, dirigidos a la solidaridad, las buenas relaciones humanas, la capacidad de trabajar y enfrentar los problemas con sacrificio y optimismo.
En los estudios realizados por Daybel pañellas sobre la autopercepción de las culturas juveniles salen a relucir en todas estas grupalidades características similares a las referidas en los estudios sobre la identidad cubana, de esta manera se evidencia como confluyen y dialogan las diferentes identidades que presentan estos jóvenes, sus culturas e identidades juveniles son matizadas por identificaciones como la identidad nacional.
1- Teorías sociológicas recientes definen a las juventudes no por la edad y desde el punto de vista biológico como se venía concibiendo hasta entonces, sino además por diferencias sociales y culturales, dependiendo de un espacio de posibilidades a sectores sociales y limitado a períodos históricos. Sectores sociales como la familia y el trabajo se postergan en la juventud, se prolonga el tiempo de estudio y de dependencia económica de su familia y se retrasa la conformación de su propia familia, permitiéndole gozar durante más tiempo su condición juvenil mientras que la sociedad le da una especial tolerancia. La juventud termina entonces, en el interior de las clases sociales que pueden ofrecer a los mismos madurez física, responsabilidad, tomar el propio hogar, tener hijos, vivir de su trabajo y ganar autonomía. La juventud es un concepto social, histórico cultural, relacional y dinámico que ha venido evolucionando con la sociedad, concebida como categoría etaria (sociodemográfica), etapa de maduración (área sexual, afectiva, social, intelectual y físico motora), y como subcultura. La definición de juventudes está estrechamente ligada a dos conceptos: lo juvenil (proceso psicosocial de construcción de la identidad), y lo cotidiano (contexto de relaciones y prácticas sociales en las cuales dicho proceso se realiza), que traen aparejado dos fenómenos, por un lado, la construcción cultural sobre la juventud como las formas mediante las cuales cada sociedad modela las maneras de ser joven, y en segundo lugar la construcción sobre la cultura asumida por las juventudes que aborda cómo los jóvenes participan en los procesos de creación y circulación culturales. Las prácticas sociales, en especial las culturales, generan identidad, en la medida en que se producen significados socialmente compartidos y modos comunes de hacer, se derivan en procesos de identidad. La cultura juvenil es una expresión de las identidades juveniles, los estilos de vida juveniles propios son objetivados a través de símbolos asociados a rasgos apreciados (estética, moda) que permiten comercializar sus productos (exteriores), con un impacto en los discursos sociales que los identifican y en la construcción que tiene la sociedad sobre las juventudes. Por su parte la construcción de cultura asumida por los jóvenes está relacionada con su participación y consumo cultural, la cual se realiza en el tiempo libre o en intervalos en la vida institucional a través de actividades como oír música, ver el paquete semanal, videojuegos, pertenencia a tribus, etc.
2- El consumo cultural es un conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica. La juventud como condición de vida o etapa significa además un producto debido al valor simbólico que esta alcanza, lo cual está relacionado a los rasgos visibles como la estética que permiten comercializar estos productos externos, aumentando la mercancía (bienes y servicios), teniendo un impacto así en el discurso social que se posee de las juventudes. Los signos sociales de la juventud tienden a estatizarse y constituir un conjunto de características (cuerpo, vestimenta, estética), conformándose así una simbolización de la etapa, que está dada por sus condiciones externas, o sea lo que se puede trasformar en producto u objeto de estética; y lo que puede ser adquirido por los adultos para aumentar el tiempo de capacidad y goce de los signos de juventud, postergándose así responsabilidades típicas de la adultez como formar una familia o el trabajo y la independencia económica que este trae aparejado. La juventud como signo se transforma en mercancía. La participación y consumo cultural de los adolescentes y jóvenes cubanos se caracteriza por preferencia de la cultura audiovisual (fundamentalmente el paquete que viene a sustituir en los jóvenes el consumo audiovisual en medios estatales como el cine), la música y la literatura y en menor medida prácticas sociales en bibliotecas, teatros y museos. La inclusión de las tecnologías cambió el acceso y disfrute de los productos y bienes culturales, y trajo consigo el surgimiento de nuevos grupos como youtubers y gamers. Evidencian insatisfacción con la oferta cultural existente, y falta de correspondencia de la oferta cultural a las necesidades de los consumidores. Incremento de la participación de los sujetos en la elaboración de productos culturales, poco uso de las instituciones culturales clásicas, y preferencia para el consumo y participación cultural del espacio privado, por ejemplo, la propia casa o de amigos y familiares. Desinterés marcado por un conjunto de manifestaciones de la denominada cultura clásica (ballet y/o danza), y un mayor uso de la ciudad que de las instituciones culturales (parques, tiendas y restaurantes).
3- La era tecnológica mediatiza estilos de vida foráneos que trae aparejado que en los jóvenes cubanos aumente el consumo cultural y global y surjan nuevas formas de identidad. Los principales efectos de la globalización cultural se asocian a la exportación de patrones culturales y modelos de consumo occidentales como ideales, a través del empleo de las TICs fundamentalmente. Los jóvenes recrean mediante el uso de las tecnologías prácticas sociales de consumo cultural, que representan los intereses de esta nueva generación mediada por una sociedad que atraviesa una alfabetización digital, y donde los mensajes que generan las TICs aumentan los deseos y expectativas volviendo inestables las identidades nacionales fijadas. Si bien nuevas experiencias enriquecen y median la construcción de la identidad de los jóvenes, la incorporación de lo foráneo y la globalización supone interacción de culturas dispersas, bienes y servicios donde resulta más importante que el producto recorra el mundo entero antes de que sea consumido en la región que surge, provocando así que la cultura nacional deje de ser consumida por sus propios ciudadanos. Los jóvenes son el grupo de mayor vulnerabilidad debido a que son quienes más acceso a las nuevas tecnologías poseen, mediante las cuales se envían mensajes de publicidad y modelos de consumo atrayentes para dicha población. Surgen entonces en Cuba nuevas grupalidades dentro de las identidades juveniles como los Gamers y Youtubers, prácticas sociales en espacios estatales como el cine o el teatro quedan en un segundo plano frente a espacios privados (casas o casas de sus amigos) con el consumo del llamado “paquete” e incluso se observa la presencia de espacios online. Las nuevas grupalidades que están surgiendo dentro de las juventudes rompen con las fórmulas anteriores (aunque defienden su esencia) de ahí la necesidad y el desafío de actualizarse en cuanto a las motivaciones de las juventudes. El consumismo que acompaña a la nueva sociedad junto a esta aceleración del empleo de las TICs ha provocado que muchas costumbres cubanas queden rezagadas en las prácticas culturales de los jóvenes de hoy, por ejemplo el surgimiento de nuevos grupos como los regaetoneros ha ido en ascenso en la conformación de las identidades juveniles quedando atrás el goce asociado a la música y danza tradicional cubana dentro de este grupo etario.
Resp/1. Definir la juventud/joven en términos socioculturales, supone trascender las concepciones biologicistas o demográficas que definen un período etario, donde se alcanza cierto nivel de desarrollo físico con la madurez reproductiva. No niego con ello la significación que posee el conocimiento vinculado a las regularidades propias de cada período del desarrollo. No obstante, añadir a estas reflexiones categorías como el contexto histórico, el rol social, el grupo de pertenencia, el consumo e interiorización cultural, la generación, etc. amplía los fundamentos explicativos potenciando una comprensión que, sino más completa, complementa especialmente la noción un tanto esquematizada de juventud. Con esta premisa, la juventud puede ser analizada como condición transitoria entre la infancia y la adultez, determinada por el contexto, lo que denota su marcado carácter heterogéneo y por lo que muchos autores emplean el término de juventudes e identidades juveniles. De esta forma, resulta interesante rescatar la definición de juventud, tal como propone Dávila (2004) como un constructo social, histórico y cultural, pero también relacional. El joven existe, se comporta y desarrolla en un determinado contexto, en el vínculo con otros grupos y poblaciones. Es en este vínculo, en este contexto de relaciones, en lo cotidiano, donde se construye la identidad, lo juvenil, al decir del propio autor. La sociedad incide y construye así sus maneras particulares de ser joven. Esto no solo es perceptible entre sociedades diferentes, sino que a lo interno de esta también se aprecian diversidades en torno a las maneras de percibirse y ser joven. Ello refleja la amalgama de estilos de vida, valores, juicios, creencias, estética, modos y espacios de interacción, que en estas poblaciones existen. Sin embargo, es precisamente en esta diversidad donde se aprecia que el joven no es un receptor pasivo de la influencia de los medios de comunicación, tendencias globales, y otros actores sociales, sino que el proceso de apropiación e interiorización del complejo simbólico cultural del grupo con que se identifican, pasa por su elaboración subjetiva. De esta forma, considero que entre la definición de juventud con un enfoque sociocultural y la noción sobre cultura asumida por los jóvenes existe una relación dialéctica. Según propuesta de Feixa (1999, como se cita en Dávila, 2004), estas serían dos direcciones fundamentales de estudio en estas poblaciones. Concebir la construcción cultural de la juventud, es decir cómo impacta el mundo y las instituciones adultas en el espacio juvenil, pero también la influencia del joven en la sociedad y su manera de participar en los procesos de circulación culturales. Es así como en las microculturas juveniles que se mencionaban anteriormente, se evidencia la creatividad y no asunción acrítica de las formas esperadas socialmente para el joven.
Resp/2. A partir de la conceptualización de Canclini (1992) trabajada en clases, el consumo cultural puede entenderse como la apropiación y uso de productos, en donde prima el valor simbólico de estos y no su valor de uso y cambio. Con este sustento, la II Encuesta Nacional de Consumo Cultural en Cuba (Linares, et. al., 2009), ofrece resultados muy interesantes en la materia. Por ejemplo, las poblaciones adolescentes más jóvenes estudiadas, evidencian una preferencia notable por actividades como ver televisión, jugar y conversar con amigos, oír música. Con porcentajes inferiores se aprecian las actividades de consumo cultural en espacios institucionalizados como las casas de cultura, las galerías y teatros. Estos, por su parte, se relacionan y ganan en significación con respecto a la adquisición de aprendizajes en materia artística y cultural. Similar situación ocurre en períodos posteriores. Para la población de más de 15 años, la práctica de consumo cultural más frecuente resulta estar vinculada a los medios de comunicación, especialmente los audiovisuales. Mientras que, con una frecuencia menor pero igualmente significativa, resalta el compartir con amigos e ir a fiestas. Los datos expuestos por este estudio, demuestran como el espacio privado suele ser un contexto de especial significación para el adolescente y joven cubano. Se resalta así, la necesidad de adecuar los espacios tradicionales e institucionales de consumo cultural a las motivaciones de las generaciones más jóvenes. Ya que, por ejemplo, este estudio reveló cómo el consumo en salas de teatros suele ser mayor en temáticas no tradicionales del medio. Por otra parte, considero que los datos ofrecidos pueden enriquecerse con información más actualizada. En este sentido, entrarían a jugar un rol de relevancia significativa las nuevas tecnologías. Los más recientes avances en materia de acceso y navegación a internet y el uso de dispositivos inteligentes tiene, desde mi percepción, una aceptación notable en los jóvenes. Considero que este se ha vuelto el medio por excelencia de consumo cultural en los últimos años. Por la diversidad de contenidos y formas de disfrute que ofrece, satisface las motivaciones que aun se mantienen en estas edades, el consumo de audiovisuales, compartir con amigos, oír música, etc. Asimismo, considero que el consumo televisivo no ha decaído, pero si ha variado la fuente principal. El llamado paquete con sus variadas ofertas tanto nacionales como internacionales emerge como un medio con gana aceptación en estas etapas, y que una vez más resalta el espacio privado como contexto de consumo de particular significación para jóvenes y adolescentes cubanos.
Resp/3. El impacto de la globalización se ha vuelto prácticamente inevitable. Su incidencia en todas las esferas sociales se hace cada vez más evidente. En ello juega un papel determinante el desarrollo que han ido ganando las nuevas tecnologías de la comunicación e informatización, que han ido achicando drásticamente las distancias entre los más diversos contextos. En este sentido, y como se analizaba en los comentarios previos, la cultura no queda exenta. Los procesos de homogenización que vienen acompañados, promueven patrones y modelos ideales vinculados a las culturas occidentales y que, se constituyen en importantes factores determinantes en la construcción de las identidades juveniles. Es así, que se hace cada vez más evidente cómo las generaciones jóvenes configuran su percepción de sí mismos, sus sentidos de pertenencia y estilos de vida, en función del consumo de símbolos culturales globales. Sin embargo, considero oportuna la reflexión de Reguillo (2003), cuando sugiere que la globalización, si bien tiende a la homogenización ofrece, potencialmente, maneras y objetos diversos de identificación que trascienden los límites del contexto propio. Son innumerables las alternativas de pertenencia y que van perfilando la identidad propia del joven. A ello añadiría, como se debatía en la primera intervención, que el joven no es un ente pasivo que asume acríticamente las influencias de los medios de comunicación. El proceso de interiorización supone en sí mismo, la elaboración subjetiva del individuo con respecto al contenido apropiado. Esto lo hace único e irrepetible, y justifica la gran diversidad y pluralidades que muchos autores reconocen en las juventudes. Es por ello que considero que, en Cuba, si bien es innegable el efecto de la globalización en cuanto al consumo cultural e identidad juvenil, que se refleja en grupalidades tan diversas como “regaetoneros, mickies, frickys, reparteros (entre las más reconocidas y por solo citar algunas)”, estas no son copias idénticas de los “regaetoneros, mickies, frickys, reparteros” de otras sociedades. La idiosincrasia cubana sigue atravesando la asunción de estas identidades, porque el joven se sigue desarrollando en el contexto cubano, bajo la incidencia del mundo adulto e institucional propia, a la que, además, imprime su propia individualidad, tal como ocurre con las juventudes en cualquier otra sociedad. Por estas razones considero, que la incidencia de lo foráneo en el país no tiene porqué suponer una fractura con la identidad propia.
1 De los temas relacionados con las sexualidades, ¿cuáles priorizarías en acciones de intervención, proyectos o programas dirigidos a infantes, adolescentes y jóvenes? ¿Por qué?
La educación en la sexualidad es un tema imprescindible a lo largo de la vida de los individuos y grupos. El conocimiento sobre estos temas no solo tributa a las relaciones interpersonales y de pareja, sino, sobre todo al autoconocimiento y a la reafirmación de la identidad personal y sexual, garantizando el disfrute en esta esfera. Temas medulares como sexualidad, sexo, género, identidad, deben estar en la agenda de los programas de intervención en estas edades.
De manera específica, en los grupos infantiles ha de hacerse énfasis en la exploración de temas que se presentan “curiosos” antes los ojos de nuestros infantes. La procreación, el nacimiento, las diferencias entre sexos, el descubrimiento de sus cuerpos como sexuados, son temas que siempre surgen como interrogantes en nuestros niños y que deben ser atendidos por los adultos como naturales, evitando explicaciones edulcoradas o marcadas por concepciones patriarcales arcaicas. El fomento de un clima de comunicación asertiva y efectiva desde tempranas edades entre padres (o adultos en general) e hijos (o niños y niñas en general), permite la consolidación de vínculos más estrechos y tributa a su crecimiento personal.
Los adolescentes, por su parte, han sido estigmatizados como “interlocutores difíciles”, por las características propias de la edad. Sin embargo, es imprescindible insistir en tender puentes de diálogo cercano, desinhibido y desprejuiciado con ellos, con vistas a sus inquietudes y desconocimientos. Los temas de identidad sexual, orientación sexoerótica, disfrute pleno de la sexualidad, métodos anticonceptivos, enfermedades de trasmisión sexual, nociones de planificación familiar y riesgos del embarazo temprano, entre otros tantos, son imprescindibles en cualquier intervención dedicada a la sexualidad en estas edades.
La juventud, aunque comparte los puntos necesarios en el análisis, que fueron mencionados para la población adolescente, presenta algunos que son específicamente inherentes a esta edad. La concepción del mundo, y la significación de la sexualidad en ella, es un punto a distinguir, pues tendrá implicaciones diferentes para un joven musulmán o ateo, por citar un ejemplo. El ideal de pareja, los procesos de selección de la misma, los estilos de funcionamiento, las estrategias comunicativas y de resolución de conflictos, la planificación familiar, las formas de atención a la pareja infértil, el tratamiento de las disfunciones de sexuales, la estructuración de los proyectos de vida referentes a la pareja y la reproducción, son algunos de los tópicos que en relación a la sexualidad joven deben recibir especial atención, desde el punto de vista interventivo.
2 ¿Desde la perspectiva de género, cómo caracterizas las relaciones de pareja de adolescentes y jóvenes en la sociedad cubana actual?
Cuba, como el mundo, ha sufrido cambios en la matriz relacional de sus adolescentes y jóvenes, en términos de pareja. Al decir de I. Palma (2006 citado en Arratia, 2009), en la actualidad, la relación sexual ya no se instala dentro del matrimonio, cambiando la noción de “guardar la virginidad”, y donde la mujer gana autonomía e iniciativa, aspecto de gran relevancia en la forma de ser pareja. En el contexto cubano confluyen múltiples denominaciones de la pareja, que además connotan estilos de funcionamiento espaciales y diferentes según el caso: los amigovios, follamigos, amigos con derechos, relaciones virtuales, parejas swinger son algunos de la extensa lista de ejemplos. Sin embargo, en la investigación realizada en 2016, por un grupo de psicólogas en el que me incluyo, sobre los Conflictos y la comunicación en las relaciones de pareja de jóvenes universitarios; se refiere, que, a pesar de la diversidad de denominaciones de la pareja, en la población estudiada la tendencia es definirla como noviazgo y mantener un modelo vincular interdependiente (este último tema contrasta con los modelos vinculares de décadas pasadas en Cuba).
Es importante señalar que, en las parejas adolescentes, está emergiendo un tema a considerar: las relaciones “tóxicas”. Con gran difusión en las redes sociales, se fomenta un estilo de relación en la que se limiten las libertades de los miembros de la pareja y se someta a la voluntad del otro sus vínculos con familiares, amigos o exparejas, especialmente de forma virtual. Este tipo de coerción, expresión de violencia, en tanto limita y crea vínculos codependientes, debe ser atendida especialmente desde la orientación y la intervención psicológica.
3 ¿Qué papel desempeñan las familias cubanas actuales en el proceso de formación y crecimiento de infantes, adolescentes y jóvenes en torno a la sexualidad?
La familia es, como refleja la Constitución, la célula fundamental de la sociedad y representa el primer espacio de socialización del individuo, en el cual se reproducen los patrones relacionales de la sociedad en la que se inserta. El papel que juega la familia, como institución, está estipulado en un marco regulatorio, pero cada una, en particular lo interioriza e implementa de forma peculiar, subjetiva. Algunas pautas de crianza de las familias cubanas que influyen en la formación de la sexualidad durante la infancia, adolescencia y juventud, se mencionan a continuación:
1 Los roles de género, la identidad de género y toda una serie de conductas y comportamientos asociados a esta construcción socio cultural, son aprendidos vicariamente por los más jóvenes.
2 Las patas que rigen en cuba el control de la crianza, giran en torno a la sobreprotección, aspecto que puede generar barreras o represiones en el diálogo sobre temas de sexualidad.
3 Problemas de comunicación y de ejercicio de la autoridad, de establecimiento de límites y normas.
4 La hiperbolización de la función económica de la familia en detrimento de la función educativa constituye una de las principales dificultades que debe enfrentar la familia, donde se incluye entonces la educación de la sexualidad.
1- Problematice en torno a dos ideas trabajadas en clase: la definición del joven/juventud(es) en términos socioculturales y la noción sobre cultura asumida por los jóvenes o las juventudes.
La cultura expresa el conjunto de elementos afectivos, intelectuales y materiales que caracterizan a una sociedad. Resulta un marco de referencia a través del cual los diferentes grupos sociales elaboran sus concepciones del mundo, sus identidades, sentidos y expectativas. Sus elementos se encuentran interrelacionados en forma orgánica y poseen la potencialidad de cohesionar y a la vez delimitar a diferentes colectivos humanos (Linares, Correa, & Moras, s/f).
La juventud y la adolescencia han sido consideradas tradicionalmente como edades de tránsito entre la niñez y la adultez, aun cuando cada una de estas etapas posee sus singularidades como estadios integrantes del desarrollo psicológico humano. En la actualidad existe consenso en considerarlas momentos clave en el proceso de socialización del individuo, pues en su transcurso el sujeto se prepara para enfrentar una tarea principal: autodeterminarse en las diferentes esferas de su vida dentro de los sistemas de actividad y comunicación; es decir, para desempeñar determinados roles sociales propios de la vida adulta, en el ámbito profesional-laboral, en sus relaciones con la familia, la pareja y los amigos (Domínguez, 2017), (Domínguez, 2019).
Diversos paradigmas y enfoques que abordan el tema de la juventud se han ido enfrentando, analizando y modificando en los últimos años. Los enfoques tradicionales destacan la fase juvenil como una transición a la adultez y, por lo tanto, como un período preparatorio para el futuro. Los jóvenes son considerados miembros agregados de la sociedad en una mera etapa biográfica de acceso a la plena pertenencia (individuos en formación para su integración- adaptación a la vida en sociedad). Los enfoques reactivos consideran la juventud como en problemas, una generación perfilada con algunos intereses de fondo comunes (recreación y ocio), o en situación de vulnerabilidad. Por su parte, los más avanzados, reconocen a las personas en la fase juvenil como ciudadanas, productoras de cultura y actores estratégicos del desarrollo (Olj y otros, 2008 citado por (UNESCO, 2014), (Fumero & Rosell, 2018).
Como se puede ver, no se trata de una evolución lineal, sino que tales perspectivas coexisten y compiten en las actuales programaciones para la adolescencia y la juventud; y es que desde cada una de ellas se puede tomar en consideración una dimensión analítica diferente para el estudio de los jóvenes o bien de los fenómenos que les atañen (Fumero & Rosell, 2018), (Olj y otros, 2008 citado por (UNESCO, 2014).
La intervención social con los jóvenes ha sido realizada desde una perspectiva que subraya el ajuste o desajuste de sus formas de ser y actuar en relación con las normas del mundo adulto, utilizado como patrón de referencia para calificar lo juvenil (Viveros & Gil, 2006).
Se aprecia así que la categoría juventud trasciende el orden puramente biológico o cronológico para enmarcar su definición de acuerdo a características de la imagen social asignada a los jóvenes en un contexto sociohistórico particular, generando un conjunto de relaciones, entendidas entonces como juventudes (Gómez, 2006 citado por (Álvarez, y otros, 2018). Las características de cada edad se definen en el marco de relaciones de poder con las otras. Cómo es la juventud en una sociedad no puede definirse independientemente de cómo se configura la adultez en esa misma sociedad (Weller, 2006).
Desde un paradigma inclusivo las juventudes, con sus potencialidades, pueden asumir roles protagónicos o de actores estratégicos del desarrollo “en la renovación permanente de las sociedades, particularmente en el contexto de la reestructuración socioeconómica y la globalización” (Krauskopf, 2003).
Cierto es que adolescentes y jóvenes están en preparación general para la vida laboral, pero con mayor cosmovisión y comprensión del mundo que les rodea. Una aproximación desde la participación ciudadana permite reconocer su valor como sector flexible y abierto a los cambios, expresión clave de la sociedad y la cultura global, con capacidades y derechos para intervenir protagónicamente en su presente, construir democrática y participativamente su calidad de vida y aportar al desarrollo colectivo (Krauskopf, 2003).
¿Cómo se expresa esta cultura para los jóvenes? La cultura se refiere a la manera en que las experiencias sociales de los jóvenes son expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de vida distintos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre, o en espacios intersticiales de la vida institucional. En estos ámbitos, el joven se encuentra con otros jóvenes y empieza a identificarse con determinados comportamientos y valores, diferentes a los vigentes en el mundo adulto (Feixa, s/f).
Así, el primer gran factor estructurador de las culturas juveniles es la generación, que puede considerarse el nexo que une biografías, estructuras e historia. Remite a la identidad de un grupo de edad socializado en un mismo período histórico. Esta cultura se refleja en “acontecimientos generacionales”, lugares comunes, etiquetas y autocalificaciones. Aunque no se trata de agrupaciones homogéneas ni afectan de igual manera a todos los individuos coetáneos, tiene una clara identidad generacional, que sintetiza el contexto histórico que las vio nacer (Feixa, s/f).
En el país, estas culturas juveniles en su integración se han caracterizado por la asunción de prácticas y símbolos que conforman identidades diversas según los grupos a los cuales se pertenezca, y que suelen tener a las preferencias musicales como elemento organizador y de diferenciación. Aparecen así colectividades autodenominadas como punks, mickys, reparteros, rockeros, emos, exponentes del movimiento hip hop, skaters, otakus, frikys, y otras más actuales como los gamers, teams, hipsters, etc. (Pulgarón, 2020).
Estas culturas suelen caracterizarse por su precaria integración en la cultura hegemónica, más que por una voluntad de oposición explícita. Esta no integración o integración parcial en las estructuras productivas y reproductivas es una de las características esenciales de la juventud. Lo que las diferencia de otras culturas subalternas (como las mujeres, las minorías étnicas o sexuales), es el propio carácter transitorio de la juventud, lo que ha contribuido a menospreciar sus discursos culturales. Sin embargo, aunque los jóvenes pasan a ser adultos, nuevas cohortes generacionales los reemplazan (Feixa, s/f).
En la actualidad, los procesos de globalización inciden en la configuración identitaria de adolescentes y jóvenes, mediante el consumo de símbolos culturales globales. Se exportan así patrones culturales y modelos de consumo occidentales (Pulgarón, 2020), que permean la propia noción de cultura que organiza a estas generaciones.
2- Analice cómo se manifiestan los procesos de participación y consumo cultural de jóvenes y adolescentes cubanos. Ejemplifique a partir de los espacios, experiencias e instituciones
Una aproximación al consumo cultural de la población adolescente de varios municipios de Centro Habana (Cayo Hueso, Los Sitios, Dragones, Colón y Pueblo Nuevo) (Moras, Rivero, Piedra, & Reynó, 2019) mostró como comportamientos culturales menos recurrentes el consumo de radio, la asistencia a bibliotecas, casas de cultura y galerías de arte, mientras que las privilegiadas son la escucha de música, espacios propios de sociabilidad con otros adolescentes, el consumo de televisión, ir a fiestas, uso de espacios públicos de la ciudad, navegar por internet, jugar videojuegos e ir de tiendas.
Por otra parte, el 70% de estos adolescentes declara consumos audiovisuales alternativos a la oferta estatal, que se concentran en tipos específicos. Así, para más del 50% de la muestra las preferencias se centran en: películas, series, novelas y musicales. EEUU es el país preferido para películas y series y en segundo lugar Europa. En el caso de las novelas, predomina el gusto por las cubanas y latinoamericanas (Moras, Rivero, Piedra, & Reynó, 2019).
La música continúa erigiéndose como la práctica cultural más realizada por los adolescentes, siendo el reggaetón, seguidos por el pop, y el hip hop los géneros de mayor aceptación (Moras, Rivero, Piedra, & Reynó, 2019).
En estos adolescentes, se identifican usos elevados de los soportes asociados a las nuevas tecnologías. En la muestra estudiada se destaca un consumo habitual o al menos frecuente de este tipo de tecnologías. Escuchar música, ver audiovisuales, jugar videojuegos y navegar en internet son los destinos fundamentales de sus usos. Llama la atención el poco uso destinado para el estudio y la lectura. Las hembras se destacan en estos consumos excepto en la navegación en internet, la lectura y en especial los videojuegos (Moras, Rivero, Piedra, & Reynó, 2019).
El 69,5% manifiesta la asistencia a cines y salas de video. En segundo lugar, se prepondera la asistencia a espacios culturales como son los festivales de artesanía, teatro, ballet, ferias del libro, conciertos en vivo (Moras, Rivero, Piedra, & Reynó, 2019)
La literatura es preferida por un poco más de la mitad de la muestra. Los adolescentes de la muestra prefieren leer libros de Ciencia Ficción y Aventuras. Las hembras (59.55%) leen más que los varones (51.33%) (Moras, Rivero, Piedra, & Reynó, 2019).
Sin embargo, aunque un 40% declara no leer y un 35,7% no ir al teatro, existe un área de oportunidades de aproximadamente 10% para revertir esta práctica en tanto refieren que le gustaría realizarla. Explorar en las causales de estos consumos a estas edades en estos territorios debe ser tarea inminente (Moras, Rivero, Piedra, & Reynó, 2019).
Otra población de interés en cuanto a su participación y consumo cultural resultan los jóvenes estudiantes universitarios (las facultades estudiadas específicamente fueron Psicología, MatCom y Derecho) (Moras, Reynó, & Rivero, 2017).
Los consumos culturales habituales de los estudiantes de las tres facultades seleccionadas están relacionados fundamentalmente con el campo audiovisual. La práctica de Ver películas (un promedio de alrededor del 84% entre las tres facultades) apunta también a la incidencia de consumos alternativos en los que los jóvenes eligen y construyen su propia programación procedente fundamentalmente de fuentes digitales, entre las que se destaca el llamado “Paquete Semanal” (Moras, Reynó, & Rivero, 2017).
La práctica cultural más frecuente en la vida diaria de estos estudiantes es escuchar música, con niveles de significación que oscilan entre 75% y 81%. Los géneros predilectos son el Pop y el Romántico. Las cifras registradas resultan similares en las facultades de Derecho y Psicología en comparación con los de Matcom, que refieren gustos particulares por el Rock y el Jazz. Como dato peculiar aparece el gusto por la Nueva Trova (47.2%) en Derecho y Reggaetón (40.4%) en Psicología. Para ambos grupos la Popular Bailable resulta un género de interés (56.6% y 50% respectivamente) (Moras, Reynó, & Rivero, 2017).
Por otro lado, las prácticas de menor frecuencia en las tres facultades son: jugar juegos de mesa y escuchar radio. El pobre uso de la radio coincide con los reportes de las encuestas nacionales precedentes (Moras, Reynó, & Rivero, 2017).
Al analizar los comportamientos más relevantes realizados con frecuencia mensual, continúan destacándose, como en encuestas anteriores, actividades de sociabilidad e interacción con sus semejantes. Entre ellas se destacan: Compartir con amigos y familiares (48% en derecho y Matcom; 50% en Psicología); Participar en actividades festivas (36%, 37% y 33% en Derecho, Matcom y Psicología respectivamente) e ingestión de bebidas alcohólicas (25%, 24% y 31%en Derecho, Matcom y Psicología respectivamente). Con respecto a estas actividades, cabe destacar que los estudiantes prefieren espacios de socialización que permitan el intercambio que festivos propiamente, especialmente los de Psicología (Moras, Reynó, & Rivero, 2017).
Al considerar el uso mensual de los espacios culturales, se ratifica el protagonismo de aquellos que son públicos en comparación con los institucionales. Parques y espacios al aire libre, así como paseos por las tiendas son los escenarios más frecuentados por los sujetos, tendencias ya registradas en las Encuestas Nacionales. De esta manera, playas, campismos y excursiones son el destino por excelencia para la recreación de estos estudiantes en los registros de frecuencia anual. Es así comprensible que viajar resulte el comportamiento anual más deseado, especialmente a otros países, con cifras entre 34% y 36% para todos los grupos indagados (Moras, Reynó, & Rivero, 2017).
Al analizar frecuencias anuales, la participación en conciertos resulta altamente distintiva para los tres grupos estudiados. Esto demuestra su incidencia como público notable para presentaciones artísticas de esta naturaleza (Moras, Reynó, & Rivero, 2017).
Actividades de corte artístico literario referidas a presentaciones de libros y conciertos de música clásica alcanzan discretas cifras. Lo cual contrasta con el que las presentaciones de libros sean altamente anheladas, comportamiento que no se corresponde con la concreción en las prácticas reales. Situación que puede estar indicando dificultades en el acceso o una producción editorial ajena a sus intereses y expectativas. Asistir a conciertos de música clásica y popular es también de interés para estos jóvenes (Moras, Reynó, & Rivero, 2017).
El acceso a Internet se focaliza en la búsqueda de información e interactuar en Redes Sociales, en más del 80% de los casos, así como el empleo del correo electrónico en alrededor del 70% de estos estudiantes (Moras, Reynó, & Rivero, 2017).
De esta manera, se perciben regularidades en el consumo y la participación culturas de estos adolescentes y jóvenes cubanos. Existe un predominio del consumo mediático, mayor uso de espacios públicos y privados que los institucionales de la cultura, así como el privilegio de la música y del consumo audiovisual sobre otras manifestaciones artísticas y servicios culturales. También se aprecia la preferencia por espacios de socialización que implican el intercambio con los coetáneos.
En ambos grupos se aprecian potencialidades en cuanto a la realización de determinadas prácticas como la lectura, la asistencia a teatros, librerías o casas de culturas. Este es un margen de interés que debe ser explotado por los actores culturales pertinentes. Las posibles causas de este desencuentro entre lo que desearían y lo que hacen puede tener que ver con las propias ofertas de estos espacios, que suelen desconocer o invisibilizar las necesidades de estos grupos en particular, o sus propuestas no llegan a ellos por cuestiones relativas a la divulgación y promoción. También resultan problemáticos los costos, que aunque son llamados módicos por algunos, realmente son muy difíciles de pagar para otros. Ello marca desigualdades en el acceso a la cultura, más notorias para este grupo si consideramos que no perciben remuneración salarial, sino que dependen de los adultos (Moras, Rivero, Piedra, & Reynó, 2019). Estas resultan limitantes en las prácticas de consumo cultural de las nuevas generaciones, y en este sentido, deben generarse estrategias, mecanismos, para su manejo.
3- Discuta sobre la incidencia de lo foráneo presente en muchas de las grupalidades juveniles en el país y sus desafíos en torno a la identidad nacional. ¿Se producen fracturas en torno a la identidad cubana por tales pertenencias? Problematice sobre esto y mencione ejemplos de ser posible
Actualmente las identidades se definen al ubicarse en un contexto histórico determinado, configuradas por el consumo, marcadas por lo que se posee o de lo que es capaz de llegar a apropiarse. Las transformaciones constantes en las tecnologías, y en lo que esto genera en la ampliación de deseos y expectativas, vuelven inestables las identidades fijadas en los repertorios de una comunidad étnica o nacional (García, s/f).
Ahora lo que se produce en cualquier lugar el mundo está al alcance de nuestra mano y es difícil saber qué es lo propio. La globalización supone una interacción funcional de actividades económicas y culturales dispersas. La internacionalización fue una apertura de las fronteras geográficas de cada sociedad para incorporar bienes materiales y simbólicos de las demás (García, s/f).
Resulta importante profundizar en todo aquello que en materia juvenil se está re-produciendo en la nueva sociedad cubana. Los crecientes procesos de globalización que impulsan los actores globales y la revolución social que ha acompañado el desarrollo cada vez mayor de las llamadas nuevas tecnologías, implica también un redimensionamiento en la manera como se configuran las identidades y diferencias. En este contexto, los adolescentes y jóvenes construyen cada vez más sus experiencias de vida, a partir del consumo de símbolos culturales globales provenientes de diversos lugares y sometidos a una fugaz permanencia (Bermúdez, 2001 citado por (Pulgarón, 2020).
Los procesos vinculados a la globalización y su papel en la homogeneización de prácticas sociales y simbólicas en el mundo, han mediado muchos de los nuevos procesos de identificación juvenil. Los mecanismos de este modelo de dominación, tienen sus principales efectos en el área de la cultura. Se asocian a la exportación de patrones culturales y modelos de consumo occidentales como ideales para las sociedades, particularmente a través del avance tecnológico y la informatización, visiblemente expresado en los medios de comunicación masiva y la comunicación en red (Zebadúa, 2008 citado por (Pulgarón, 2020).
Actualmente, en el país se estructuran nuevos procesos de integración juvenil, vinculados con tendencias culturales globales. Tal integración se ha caracterizado por la asunción de prácticas y símbolos que conforman identidades diversas según los grupos a los cuales se pertenezca, y a los cuales se hizo alusión anteriormente (mickys, reparteros, rockeros, emos, skaters, otakus, frikys, gamers, teams, etc.) (Pulgarón, 2020).
La presencia en el panorama social cubano de procesos de hibridación cultural, a través de los cuales lo foráneo se readecua y contextualiza en nuestras realidades, conlleva a que sea cada vez más necesario el estudio de los mecanismos que se colocan detrás de estos nuevos modos de identificación de adolescentes y jóvenes (Pulgarón, 2020).
En la caracterización del consumo cultural de adolescentes y jóvenes, realizado en la pregunta anterior, se apreció su preferencia por determinados productos extranjeros. Así mismo, uno de los elementos que funge como organizador de las denominadas culturas juveniles suele ser la música, con géneros de alto vuelo internacional, no así representados en el país. ¿Significa esto que desaparece la cultura cubana?
En este sentido, recuerdo un Festival de artistas aficionados de la facultad de Psicología de hace algunos años ya, que fue criticado por el jurado debido a la presentación de canciones extranjeras, “¡teniendo nosotros tanta buena música!”. Las palabras del profesor Jorge Enrique Torralbas Oslé se me hacen ahora presentes en el marco de esta reflexión. Suponer que el consumo por los jóvenes de productos foráneos es igual a su reproducción acrítica significa anular toda la capacidad de mediatización que distingue a la condición humana. Así mismo, la cultura cubana, la identidad cubana, se hacen presentes en tanto fue un espacio pensado por jóvenes cubanos y representado por jóvenes cubanos. La subjetividad e identidad cubanas transversalizaron evidentemente toda obra de los jóvenes cubanos.
Por otra parte, los jóvenes identificados con la cultura de los reguetoneros fueron mayoría (42%) en la investigación realizada con jóvenes de tres provincias del país (La Habana, Villa Clara y Holguín) (Pulgarón, 2020). El reguetón sí constituye un género con mucha presencia en la producción y preferencia nacional. Sin embargo, es un género que ha sido muy repudiado por la banalidad y vulgaridad de sus letras. Que los jóvenes prefieran este producto, cubano sí, pero con tales características, ¿pone en riesgo la cultura cubana, la identidad cubana?
Un elemento esencial aquí resulta cómo se produce por los jóvenes esta apropiación, y en este sentido, se vuelve necesario un acompañamiento, una orientación. También otra pregunta se impone: ¿por qué los jóvenes prefieren consumir otra música que no es la cubana, que tantos buenos exponentes tiene?, ¿los conocen los jóvenes cubanos?, ¿cómo volver atractivo para ellos este producto?
La identidad cubana existe como marco de referencia, como sustrato, esencia, pero como identidad social está marcada inevitablemente por los fenómenos sociales de orden, con los que interactúa constantemente y se enriquece a través de la apropiación. Desde esta perspectiva, la identidad cubana no desaparece sino que se resignifica.
Referencias bibliográficas
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Feixa, C. (s/f). De culturas, subculturas y estilos. Obtenido de Biblioteca Virtual de Ciencias Sociales : www.cholonautas.edu.pe
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García, N. (s/f). Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización. s/c: Grijalbo.
Linares, C., Correa, S., & Moras, P. E. (s/f). La participación: ¿solución o problema? La Habana: Centro de Investigación y Desarrollo de la Cultura Cubana "Juan Marinello".
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Pulgarón, Y. (2020). Identificaciones y pertenencias. Revisitando las culturas juveniles en Cuba. La Habana: Centro de Estudios Sobre la Juventud.
UNESCO. (2014). Educación Integral de la Sexualidad: Conceptos, Enfoques y Competencias. Santiago de Chile: UNESCO.
Viveros, M., & Gil, F. (2006). ¿Educadores, orientadores, terapeutas? Juventud, sexualidad e intervención social. Cad. Sáude Pública, 201-208.
6. Foro debate
Elena María Benítez Guzmán. G2
Pregunta 1
La juventud no se refiere solamente a un estado o una etapa de la vida, significa un producto con un valor simbólico, asociado a rasgos estéticos que impactan directa o indirectamente sobre los discursos sociales que lo identifican. Cuando Carles Feixa (1998) definió las culturas juveniles, entre los aspectos fundamentales señaló que estas obedecen a los contextos históricos sociales donde se desarrollan, por consiguiente, su definición no era un dogma, sino que debía de ser redefinida según los mismos. Al hablar de simbolismo o signos nos referimos a la construcción de un conjunto de características vinculadas con el cuerpo, la vestimenta, que ante la sociedad se vuelven paradigma de todo lo deseable, por tanto, una cultura. Pero no solo desde el aspecto simbólico, sus estudios se deben centrar en categorías como edad, sexo, la generación, papel dentro de la estructura social, marco institucional y género, por tanto, es una categoría sociocultural, histórica, enmarcada en un contexto social.
Pregunta 2
En Cuba y de modo general, subyacen insuficiencias en torno a los estudios y procesos de participación cultural y de consumos que se sintetizan en:
Diagnósticos de hábitos de consumo cultural, emparentada con la visión de la participación como consumo de bienes culturales, a efecto de mostrar la situación de las industrias culturales en la región y la inclinación de los jóvenes, por los distintos tipos de contenidos: modas, música, marcas etc.
El desconocimiento de la cultura juvenil por las instituciones educativas, que trae consigo, la reducción del potencial participativo de los jóvenes en los procesos de gestión de la cultura, obstaculizando el enlace intergeneracional del mundo adulto que los debe acompañar con todos sus conocimientos, asesoría que los jóvenes valoran y esperan, en la búsqueda de soluciones apropiadas.
Escaso tratamiento del espacio universitario como expresión de las distintas formas y niveles de la participación cultural enmarcados en una amplia exposición de propuestas culturales a nivel de la localidad y territorios, constituyendo fuertes retos al contenido de la educación y la cultura.
Pregunta 3
Nuevos patrones de consumo cultural de la juventud, sobre todo en relación a la industria audiovisual, provee de íconos y referentes que permiten a gran parte de este grupo etario generar identidades colectivas y participar de universos simbólicos. Si bien estos referentes de identidad pueden ser cada vez más efímeros, diversos y cambiantes, hacen de la juventud un actor de gran creatividad cultural, por otro lado, se trata de identidades poco consolidadas, fragmentarias, a veces bastante cerradas, que contrastan con las crecientes dificultades para armonizarse con el resto de la sociedad, sobre todo con la población adulta y las figuras de autoridad. Ejemplo de ello son las distancias que separan la cultura juvenil de la cultura académica, escolar y respecto a otros grupos generacionales, sectores sociales y estratos.
La pertinencia de estudiar las denominadas culturas juveniles, y la participación en los ámbitos educativos, encuentra su viabilidad política en la designación de la cultura, como vehículo para la implementación de los objetivos de desarrollo sostenibles plasmados en la Agenda 2030, al ser declarada por la Organización de Naciones Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura (UNESCO,2018) una importante vía de contribución al alcance de otras diversas metas dentro de la misma, en los propósitos de garantizar una educación de calidad, que promueve estrategias y políticas inclusivas. Es aquí, en las instituciones educativas, donde se contrarrestan los impactos mediáticos globalizadores, en los universos simbólicos de los jóvenes y en las fracturas en torno a la identidad, es por eso que las mismas deben estar preparadas para dar respuestas a estas fracturas que se producen en torno a estas pertenencias.
1.Luego de una revisión de la literatura sobre los aspectos esenciales que deben tenerse en cuenta para definir a los jóvenes desde una perspectiva sociocultural, queda claro que la formulación de este concepto, se construye a partir del accionar de múltiples factores sociales.
Ser joven rebasa los límites biológicos establecidos en muchas definiciones. La consideración de pertenencia a este grupo, aunque determina periodos etarios flexibles, no basta para explicar lo que en realidad a lo interno del grupo acontece, y el rol como agente movilizador que ha desempeñado en las diferentes épocas, en torno a temas de alta sensibilidad como la cultura, la política o el orden socio-económico de un país.
La juventud de hoy está influenciada por un contexto social marcado por la migración constante, el mundo globalizado y las tecnologías de la comunicación. Esta realidad evidencia la dependencia de esa categoría a una condición socio-histórica, cultural y relacional en las sociedades contemporáneas.
Si bien en cierto que la juventud se considera una categoría de tránsito con una elevada proyección hacia el futuro, esto no puede convertirse en un elemento peyorativo en relación a sus posibilidades reales dentro de una estructura social. Hablar de juventudes significa considerar la diversidad dentro de la homogeneidad que tipifica a los individuos que integran esta definición.
Sociodemográficamente, este sector poblacional se diferencia internamente a partir del sistema de actividad y comunicación que caracteriza esta etapa, que unido a las neoformaciones que tienen lugar, también inciden en los comportamientos y actitudes que asumen ante la realidad circundante. Así, el proceso de construcción de identidad se configura como uno de los elementos característicos y nucleares del período juvenil, el cual está vinculado a condicionantes individuales, familiares, sociales, culturales e históricas determinadas. Durante el mismo tiene lugar un autoreconocimiento, observándose e identificando características propias (identidad individual), y además se busca una identificación con los otros que se ubican en la misma etapa vital, lo cual constituye la identidad generacional.
De esta manera, coincido con el postulado de que ser joven constituye un
abanico de modalidades culturales que se despliegan con la interacción de variables como: la clase, el género, la edad, la memoria incorporada, las instituciones. Cada generación se distingue por una manera particular de ser joven, y esto tiene su expresión en las nociones de cultura por ellos asumida.
Cultura para este grupo significa las diversas formas que prefieren de estar juntos, o de constituirse como grupos, a partir de un proceso que tiene que ver en primera instancia, a mi juicio, con el autodescubrimiento desde la intersubjetividad, que trae como resultado el sentimiento de pertenencia e identificación a determinadas identidades grupales, asumiendo entonces las pautas que rigen los comportamientos e interacciones de estos grupos.
Destaca en nuestra sociedad la tendencia a identificar la cultura esencialmente con los momentos de ocio o esparcimiento, con el empleo del tiempo libre, así como con los denominados “estilos” que caracterizan a las diferentes identidades juveniles.
2 Las culturas hegemónicas, parentales y generacionales, influyen en la determinación de la cultura juvenil individual y colectiva. El proceso de consumo cultural la mayoría de las ocasiones se presenta como una elección realizada acríticamente, cuyo objetivo fundamental está asociado a la posibilidad de integración y pertenencia a un grupo.
Pienso que lo más importante en el análisis de estas realidades, no tiene que ver con el hecho de por qué un joven se adscribe a un determinado tipo de consumo, cómo llega a él, sino cuáles son las razones que lo impulsan a permanecer y desarrollarse en este ámbito cultural, representado por una identidad juvenil, en la cual se satisfacen múltiples necesidades, que no tienen que ver solamente con un gusto compartido por la música o el modo de vestir.
Creo que esencialmente los jóvenes y adolescentes cubanos han protagonizado su participación cultural desde un rol de público o espectador, aunque por supuesto desde otros roles también se ha logrado la inserción social y la decisión en los diferentes espacios, como es el caso de los estudiantes y los artistas aficionados, que han encontrado a través de sus organizaciones e instituciones representativas formales o no, una vía de hecho para su participación cultural.
En investigaciones realizadas y socializadas en este curso, se muestra cómo las preferencias de los jóvenes tienen más que ver con los audiovisuales que con la apreciación de las bellas artes, destacándose la música, la lectura y el cine a la visita a museos y teatros. Por tanto, este consumo cultural se despliega esencialmente en espacios no institucionalizados, donde el ejemplo más conocido y representativo de este fenómeno es el de la calle G en la capital, pero estoy segura de que cada provincia tiene su propia experiencia en este sentido, mucho más en la actualidad con la afluencia de personal joven a los diferentes puntos wifi, que ha marcado la emergencia de nuevas identidades, formas de consumo y participación social y cultural.
3Creo que lo que está sucediendo en la juventud cubana con respecto a la incorporación de lo foráneo en los diferentes ámbitos de la vida (preferencias culturales, modos de vestir, costumbres, etc) no es más que una reproducción de lo que sucede también en “el mundo adulto”. Este es un fenómeno perfectamente entendible, lógico, a partir de que Cuba hace ya algunos años ha abierto sus horizontes y nuestra cultura nacional se redimensiona, se multiplica y diversifica (sin perder su esencia, considero) como un proceso natural de las múltiples influencias recibidas.
Una muestra de ellos lo constituye las continuas apariciones de diferentes identidades juveniles que responden a nuevas sensibilidades estéticas y culturales, que dan cuenta de la complejidad contemporánea y de lo borrosas que pueden ser las fronteras nacionales en un mundo en constante interacción y diálogo cultural desde las diferentes alternativas existentes.
Sin dudas creo que el reto consiste en no intentar rivalizar lo tradicional y autóctono con las nuevas tendencias, se trata más bien de contemplar lo diferente desde su aspecto enriquecedor a la cultura nacional. En aras de conservar la cubanía en nuestros consumos culturales y formas de participación, deben aprovecharse aquellos espacios de convergencia con lo foráneo, e identificar en qué medida las necesidades colectivas encuentran satisfacción en estas “nuevas formas”, para así protagonizar desde la identidad nacional, nuevas miradas integradoras y menos hegemónicas de nuestra cultura.
1- La juventud o Juventudes es una categoría histórico-concreta que designa un grupo sociodemográfico internamente definido según su pertenencia a la estructura social, constituye su segmento más dinámico y móvil. (Domínguez 2000),no está biológicamente determinada sino definida socialmente por la naturaleza de la actividad que se desarrolla en la etapa, condicionando un conjunto de relaciones sociales específicas que conforman el status juvenil. Se puede articular en función de dos conceptos lo juvenil que nos remite al proceso psicosocial de construcción de la identidad y lo cotidiano al contexto de relaciones y prácticas sociales, en los cuales se realiza en el anclaje en factores ecológicos, culturales y socioeconómicos. (Dávila 2004). Los jóvenes se desenvuelven en colectividades, en los que desarrollan prácticas comunes que hacen que se identifiquen como miembros de una sociedad específica convirtiéndose en ocasiones de manera simbólica en propietarios de espacios públicos en los que se realizaron actividades sociales, culturales y recreativas a los que les atribuyen un determinado significado. En todas las sociedades y en todos los medios sociales la juventud es una de las etapas del ciclo vital conformada por un grupo de procesos de desarrollo fisiológico y gradual asunción de roles. Es a través de la cultura que se podrá determinar cuan largo será el periodo de adaptación a los cambios de la adolescencia, determinando el cambio de transición entre una etapa y otra. Los jóvenes asumen está cultura como una búsqueda de su propia identidad, en sus grupos de referencia se empoderan de los elementos brindados por la industria cultural, adaptando aquellos que lo definen, adaptándolos a sus espacios definidos, de esta manera podemos ejemplificar que los grupos a fines a las prácticas definidas como hip hop no solo se identifican con un estilo de vestimenta sino con estilos expresivo a través de la música, son capaces de tomar sus decisiones y elecciones de las prácticas sociales,acorde a su realidad y los estilos que lo identifican.
2- La participación es un proceso activo encaminado a transformar las relaciones de poder y tiene como intención estratégica incrementar y redistribuir las oportunidades de los actores sociales de tomar parte en los procesos de toma de decisiones expresándose en niveles y formas diferentes, a su vez el consumo cultural es el conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos éstas últimas se configuran subordinadas a la dimensión simbólica. Estos procesos se manifiestan en los jóvenes de diversas formas identitaria pues están determinadas por diferentes factores ya que se pueden observar su diferencia en cuanto a género, zonas de residencia, nivel cultural, el uso de las nuevas tecnologías,sobre todo el uso de las redes sociales, los consumos culturales como ir al cine,escuchar música,leer libros o revistas. Los jóvenes encabezan la realización de algunas prácticas culturales fuera del hogar que implican ir al cine, espectáculos culturales etc. En la II Encuesta Nacional del 2009 los resultados obtenidos en Cuba resultan interesantes en ésta etapa, por ejemplo apuntan que gran parte del devenir cultural ocurre a través del contacto con medios televisivos y la radio, escuchar música, la lectura de periódicos y revistas y el juego. En las Tunas estudios realizados pudieron demostrar que existe un predominio en el jóven en cuanto al uso de redes sociales el 90% de ellos tienen cuentas en Facebook y el 70% en Instagram, dedicando gran parte de su tiempo libre en las distintas redes. Seguido del uso de los videojuegos con el 56.1% mostrando menor interés en actividades sociales como la visita a museos, centros culturales y a la lectura. Se hace énfasis en la preferencia audiovisual prefiriendo los programas que se obtienen en los diferentes bancos de copia obtenidos por el paquete y actualización semanal. El consumo de redes sociales y los audiovisuales cada vez se reiteran más en el quehacer diario de los jóvenes existiendo la necesidad de buscar alternativas de buscar otros espacios y formas de recreación así como la socialización sana entre coetáneos.
3- En las condiciones actuales el estudio de las identidades juveniles toma un espacio de extraordinario valor, los jóvenes se nivelean y recrean en nuevos espacios de socialización muchas veces constituidos desde la alternatividad rompiendo con los paradigmas tradicionales de inserción social, asumiendo como opción viable el poder interactuar en espacios físicos como calles,plazas, parques o de manera virtual mediante el acceso a tecnologías, estructurando nuevos procesos de integración juvenil vinculados con tendencias culturales globales, tal integración se ha caracterizado por la asunción de prácticas y símbolos que conforman identidades diversas según los grupos a los cuales se pertenezca, aprendiendo colectividades autodeterminadas como punks, Mickys, repartieron, rockeros,emos, exponentes del movimiento hip hop,skaters,Otakus,frikys y otros más actuales como los gamers,teams ,hipsters entre otros. La presencia en el panorama social cubano de procesos de hibridación cultural a través de los cuales lo forma,se reeduca y contextualiza en nuestras realidades conllevan a la necesidad de poder de sus mecanismos colocados detrás de los nuevos modos de identificación de adolescentes y jóvenes. Los crecientes procesos de globalización que impulsan los actores globales y la revolución social que ha acompañado cada vez mayor de las llamadas nuevas tecnologías , implican un redimensionamiento en las maneras como se configuran la identidades y diferencias. Éstos procesos vinculados a la globalización y su papel de homogeneización de prácticas sociales y símbolos en el mundo han mediado mucho de los nuevos procesos de identificación juvenil, teniendo sus principales efectos en el área de la cultura, asociándose a la exportación de patrones culturales y modos de consumo occidentales como ideales para las sociedades particularmente a través del avance tecnológico y la informatización expresado en los medios de comunicación masiva y en red. La inserción en Cuba en ésta realidad globalizadora en la que constantemente se promueve el consumo, dónde el poder de la imagen y la moda resultan temas significativos, ha incidido en el panorama ideológico y cultural de la juventud, originando el incremento del uso de medios electrónicos, la computación, Internet, videojuegos, telefonía celular, dispositivos electrónicos de última generación influenciando poderosamente en las subjetividades juveniles generando expectativas e identidades, provocando a su vez una fractura en torno a la identidad cubana donde anteriormente en épocas pasadas no todos tenían acceso a redes sociales, pocos tenían teléfonos celulares, tablets, no se consumía programas extranjeros (no existía el paquete semanal) por lo que no incidía directamente en los jóvenes.
1 Problematice en torno a dos ideas trabajadas en clase: la definición del joven/juventudes en términos socioculturales y la noción sobre cultura asumida por los jóvenes o las juventudes.
La juventud, es una edad psicológica que presenta características identitarias, marcada por ganancias de carácter psicodinámico, más que biológico. Se consolidan en esta etapa la concepción del mundo, la proyección futura y los intereses, lo que dota al individuo de mayor autonomía y mayor poder de decisión sobre sí mismo. Se define como un grupo sociodemográfico internamente diferenciado según su pertenencia a la estructura social, constituyen un segmento más dinámico y móvil, al decir de (Domínguez, 2000). Distinguir a la juventud como un grupo social, implica reconocer la ocurrencia de procesos identitarios a su interno, que connotan culturas propias de sus integrantes. La realización tecnológica y sus repercusiones en la organización productiva y simbólica de la sociedad, la oferta y el consumo cultural, y el discurso jurídico, se constituyen en tres elementos que le dan sentido y especificidad al mundo juvenil, más allá de la fijación de unos límites biológicos de edad, plantea (Reguillo, 2000). En resumen, las culturas juveniles son una forma especial de introyección y representación colectiva de las experiencias sociales de los individuos que componen el grupo. Esto promueve la construcción de estilos de vida distintivos, tanto en la utilización del tiempo libre, como en las tareas formales en la institución de estudio o trabajo.
2 Analice cómo se manifiestan los procesos de participación y consumo cultural de jóvenes y adolescentes cubanos. Ejemplifique a partir de los espacios, experiencias e instituciones.
La participación es un proceso que a nivel psicológico supone un acto de decisión, de toma de partido, se expresa en prácticas concretas que se presentan en varios niveles: movilizativa y de consumo, consulta, discusión y/o conciliación (proyectos de acción elaborados en los que se solicita opinión o contribución), delegación y control (transferencia de poder para aplicar y controlar un proyecto preexistente), responsabilidad compartida y codeterminación (intervención en la toma de decisiones). Los jóvenes cubanos son participantes proactivos del presente de la nación, esta es una realidad histórica que se ha visto patentizada en los actuales momentos de pandemia por Covid 19. El trabajo en centros de aislamiento, el apoyo en tareas de impacto comunitario, la asistencia durante el ensayo clínico de los candidatos vacunales, la visibilización en redes sociales de su labor altruista y comprometida, son ejemplos de la participación proactiva y transformadora de nuestra juventud. El consumo cultural, por su parte, es otra forma de participación, con un carácter reactivo, pues se acude a proyectos y programas promovidos e implementados por otros. Los patrones de consumo en Cuba, en términos culturales están marcados por varios indicadores, a mi juicio: las posibilidades de acceso, tanto socioeconómicas, de infraestructura y geográficas; el conocimiento sobre la oferta cultural y los intereses individuales. Actualmente, la pauta de consumo se orienta a la producción audiovisual, situación que se ve favorecida por las disposiciones sanitarias que limitan el contacto físico. El renombrado paquete es la oferta que gana espacios y adeptos, superando las propuestas de los medios tradicionales y proponiendo alternativas globalizadas de consumo. Sin embargo, cabe apuntar que en estos temas deben orientarse programas de educación ciudadana, para generar criticidad y selectividad, evitando consumos “estériles”, a nivel cultural.
3 Discuta sobre la influencia de lo global presente en muchas grupalidades juveniles en todo el país y sus desafíos en torno a la identidad nacional. ¿Se producen fracturas en tono a la identidad cubana por tales pertenencias? Problematice sobre esto y mencione ejemplos de ser posible.
Los procesos identitarios son inherentes a la grupalidad. Los colectivos generan características que exceden la individualidad y reportan unicidad y distinción. En la práctica, la identidad, aunque cuasi estable, se transforma y atempera, pues está influenciada por los cambios contextuales y las nuevas formas de hacer que incorporan los miembros del grupo. La juventud se incluye en esta realidad. La pertenencia a “las juventudes” implica una serie de criterios que connotan comportamientos, concepciones y creencias. La consolidación de los intereses, que conlleva a la preparación profesional y laboral, sobre la que se estructuran proyectos futuros, la variedad de ámbitos de desarrollo y la selectividad respecto a su participación y forma de interacción, son características que tipifican a los colectivos juveniles. La identidad nacional, sigue los derroteros de los procesos identitarios grupales, con la particularidad de que sus miembros son mucho más heterogéneos, así como sus realidades. La globalización es un proceso que limita la validez de las fronteras y “unifica” las propuestas a la colectividad, maximizando su alcance a un nivel único en términos históricos. Personalmente considero que es un proceso que, aunque coquetea con la supresión de lo típico e identitario, puede suponer un mayor arraigo a lo propio. La posibilidad de incorporar valores, formas de hacer y pensar foráneas, no representa una renuncia a lo auténtico, por el contrario, lo nutre, lo enriquece, contextualiza. Ser cubano, significó mezcla desde siempre, de culturas extranjeras se cristalizó lo propio, lo auténtico. El proceso continúa, pero la esencia perdura.
Yusleydi López Leyva. G1
1-Cada sociedad tiene determinadas costumbres, normas, valores, etc. que intervienen en la manera que se concibe el hecho de ser joven y en la expresión de sus necesidades. Las juventudes como categoría histórico-concreta designa un grupo sociodemográfico, internamente diferenciado, según su pertenencia a la estructura social, constituyen su segmento más dinámico y móvil (Domínguez, 2000).
La juventud no está biológicamente determinada, sino definida socialmente por la naturaleza de la actividad que se desarrolla en la etapa, la que condiciona un conjunto de relaciones sociales específicas que conforman el status juvenil (condición juvenil) a partir del significado propio de dicho período.
La definición de la categoría juventud se puede enunciar en función de dos conceptos: lo juvenil y lo cotidiano. Lo juvenil nos remite al proceso psicosocial de construcción de la identidad y lo cotidiano al contexto de relaciones y prácticas sociales en las cuales dicho proceso se realiza, con anclaje en factores ecológicos, culturales y socioeconómicos (Dávila, 2004)
La juventud se asocia a cierta posición o condición constituida por la cultura, que alude a factores biológicos por ejemplo: la energía y el estado de salud y a factores sociales como los códigos, gustos, experiencias, habilidades y lenguajes propios de su generación, siempre contextualizados y atemperados con el momento histórico social que les toca vivir, pues las influencias que estos reciben son disímiles, por lo que también varía la manera de satisfacer sus necesidades. Cada generación puede ser considerada, desde un punto de vista, como perteneciente a una cultura diferente, en la medida en que incorpora en su socialización nuevos códigos y destrezas, lenguajes y formas de percibir, de apreciar, clasificar y distinguir.
La relación de los jóvenes con la cultura dominante está mediatizada por las diversas instancias en las cuales este poder se transmite y se negocia. Mediante la socialización el joven interioriza elementos culturales básicos (uso de la lengua, roles sexuales, formas de sociabilidad, comportamiento no verbal, criterios estéticos, etc.) que introyectan y utilizan en la elaboración de estilos de vida propios.
Lo anterior está relacionado con la apropiación de la cultura por parte de adolescentes y jóvenes. Ellos participan en los procesos de creación y circulación culturales a través de las llamadas culturas juveniles referidas a la manera en que sus experiencias son expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de vida distintivos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre o en espacios de la vida institucional.
La apropiación de la cultura por los jóvenes a través de las culturas juveniles son las formas que tienen de asociarse e identificarse como jóvenes, de buscar autoconocimiento, autoafirmación y reconocimiento social, así como de divertirse y compartir con coetáneos que tengan intereses comunes.
Aunque existe gran diversidad, de estas culturas juveniles, todas comparten el hecho de ser grupos juveniles que funcionan sobre todo en espacios de ocio y que satisfacen necesidades de entretenimiento, de pertenencia, de aceptación, que tienen en común la moda con la que se identifican, se gestan en grupos que desarrollan sus propios códigos en los que predominan dinámicas de comunicación horizontal entre sus miembros, diferentes a las que se evidencian en el mundo adulto, y se relacionan con el contenido de los ideales materializado en famosos que pertenecen a estos grupos identitarios. Estas características vienen siendo regularidades de estos grupos etarios lo cual legitimiza el hecho de que las culturas juveniles son en su esencia, una forma de ser joven.
2-La Participación es un proceso activo encaminado a transformar las relaciones de poder, tiene como intención estratégica incrementar y redistribuir las oportunidades de los actores sociales de tomar parte en los procesos de toma de decisiones. Se expresa en disímiles niveles y formas. Como proceso de apropiación, en el que prepondera su valor simbólico, se trascribe en prácticas concretas con niveles de participación (grado en que los actores sociales acceden a la toma de decisiones en un proyecto de acción específico) diferentes: movilizativo y de consumo; consulta, discusión y/o conciliación; delegación y control; responsabilidad compartida y codeterminación.
El consumo cultural es el conjunto de procesos de apropiación y uso de productos, en los que el valor simbólico prevalece sobre los de uso y de cambio, o donde, al menos, estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica. (García Canclini, 1992)
Realizando un análisis más detallado podemos decir que el consumo cultural como proceso incluye oferta, distribución, factores contextuales (marco jurídico, precios, transporte, etc.), factores individuales (motivaciones, competencias, intereses, etc.) que permiten la apropiación (tomando en consideración qué hacen nuestros adolescentes y jóvenes, cuáles son sus lecturas, cómo lo conciben y piensan, qué satisfacciones les da) y el uso de bienes y servicios culturales a los que le confieren cierta significación o valor simbólico.
Las juventudes tienen formas particulares de expresiones y de inserción en este proceso, creando sus propios espacios donde encuentra y dan satisfacción a sus necesidades, intereses, expectativas. En Cuba los procesos de participación y consumo cultural están plurideterminados, es por eso que existe una gama variada en las formas identitarias.
Cada barrio, cada localidad, de acuerdo a la diversidad de instituciones culturales que posea, influirá de alguna manera en el desarrollo cultural de las poblaciones juveniles. Lo anterior conlleva a que no exista un desarrollo equilibrado en los jóvenes, acorde a la carencia en muchos escenarios del país, de instituciones que promuevan, diversas manifestaciones culturales, a pesar de los esfuerzos de las autoridades gubernamentales, para llevar la cultura a todos los barrios.
Nuestro territorio es un municipio rural del Plan Turquino, enclavado en una zona montañosa donde se evidencian diferencias en cuanto al consumo cultural de los adolescentes y jóvenes, incluso dentro del mismo municipio, en cada uno de los nueve Consejos Populares.
En el poblado cabecera se encuentran la mayoría de las instituciones, en las cuales los adolescentes y jóvenes se reúnen para conversar, escuchar música o establecer intercambios comunicativos vía digital. No existe tendencia a formar grupos urbanos, como los revisados en la literatura, estos solo se ven representados aisladamente y conocen de ellos por terceras personas que visitan la localidad o porque han entrado en contacto con estos en otros lugares. El consumo de lo audiovisual por medios informales se hace más fuerte en tanto hay menos espectáculos a los que acudir. Cada vez es más frecuente el consumo de los materiales del paquete semanal y el uso de las nuevas tecnologías que propician mayor variedad de opciones de consumo y al mismo tiempo proporcionan nuevos espacios de socialización y de participación incremento que ha estado mediatizado por las nuevas dinámicas sociales, de confinamiento y necesidad de aislamiento social, en la que los grupos creados en plataformas digitales han constituido una alternativa a la socialización, legitimizando cada vez más su uso.
Se visita escasamente la biblioteca municipal y la librería, siendo más visible su uso cuando se hacen ferias en el parque central. También se subutilizan otras infraestructuras como el mausoleo a los Mártires del Segundo Frente aunque con la instalación de una sala 3 D hubo incremento en las visitas; el cine y salas de video han cedido sus instalaciones para otras funciones no consignadas en su objeto social por ejemplo reuniones, ensayos de la banda de música municipal, etc.
Por otro lado existen insatisfacciones vinculadas con la oferta cultural existente y la falta de correspondencia de esta con las necesidades y gustos de la población joven. En ciertos momentos estos han creado sus propios espacios para participar en la elaboración de productos culturales, por ejemplo creando grupos musicales, pero no han sido apoyados por los organismos locales y en su mayoría han desaparecido sin dar espacio a la originalidad y creatividad de los sujetos.
En el resto de los Consejos Populares del municipio la población participa, como público, en la cruzada cultural “Entre Ríos” que organiza cada año la Casa de Cultura Municipal en conjunto con los instructores de arte pero la participación de los comunitarios en la concepción y organización del trabajo cultural es prácticamente nula existiendo falta de motivación y de habilidades de participación de los sujetos.
El Gobierno Municipal tiene una página web donde los pobladores pueden expresar sus juicios, opiniones, dudas, propuestas, etc y así estas puedan ser tenidas en cuenta para realizar modificaciones a determinadas acciones y estrategias fomentando la participación popular, en especial la de los jóvenes quienes hacen mayor uso de estos medios que de otras vías establecidas para el debate.
3- Durante los últimos años han surgido en Cuba nuevas culturas juveniles, en las cuales existe una fuerte influencia de lo foráneo, el uso de las tecnologías y de las redes sociales. Cabe preguntar entonces si la influencia de lo foráneo constituye una fractura de la identidad cubana.
Cuando aludimos al concepto de identidad lo relacionamos con el conjunto de características, datos o informaciones que son propias de una persona o un grupo y que permiten diferenciarlos del resto. Cuba es la mezcla resultante de varias culturas (la africana, la española, la haitiana), nuestras raíces resultan de esta fusión y hoy conforman con sus influencias nuestra identidad nacional definida esta como el conjunto de elementos característicos de una nación, con los que sus habitantes se identifican, diferenciándose así de otras naciones, sea esta por haber nacido en tal territorio, por formar parte de una comunidad o por sentir lazos de pertenencia con las costumbres y tradiciones de tal nación.
La identidad nacional es una condición social, cultural y espacial. Es un continuo, que pasa de generación en generación, y que hace que la identidad sea un elemento vivo, siempre en aumento. Las influencias internas y externas (sociales, económicas, culturales) pueden actuar de tres maneras sobre la identidad nacional y cultural: desarrollándola o consolidándola, conservándola, debilitándola o haciéndola desaparecer. El interés es desarrollarla que es la forma creativa de conservarla.
Con el incremento de los intercambios culturales y el acortamiento de las distancias físicas mediante el empleo de la tecnología y las redes sociales, se produce la entrada de gran cantidad de información, que es recepcionada, transformada, refutada, criticada, adaptada o acomodada a nuestra realidad, pasando a integrar la cotidianidad. Algunas de estas informaciones fortalecen la cubanía pero otras introducen costumbres y modos de actuar que no fracturan la identidad pero van conformando formas de participación diferentes a las tradicionales tal como los grupos urbanos, que se han constituido en nuestro país a raíz del aprendizaje de culturas foráneas.
La cultura foránea introduce nuevos códigos, a través de las vías digitales o tradicionales, estos se expanden, se fusionan y transforman con nuestra realidad, se hacen nuestros, les imprimimos nuestro sello particular insertándonos en todos los cambios que suceden en el mundo actual.
Por tanto, la identidad nacional se rediseña a partir de la influencia de lo foráneo, de las discrepancias o concordancias de lo nacional y lo extranjero. Es un desafío defender nuestras tradiciones, costumbres y valores, resistir a la imposición de culturas e intentos homogenizadores aunque, desde mi punto de vista, opino que no se fracturan nuestros patrones identitarios por estas transformaciones.
Los estudios sobre identidad nacional realizados en población general ponen de manifiestos que los cubanos poseen una autoimagen, estable en el tiempo, positivamente orientada, en la que sobresalen elementos positivos del carácter y elevados valores humanos y sociales, dirigidos a la solidaridad, las buenas relaciones humanas, la capacidad de trabajar y enfrentar los problemas con sacrificio y optimismo.
1-Desde el punto de vista sociocultural se asocia la juventud a cierta posición o condición constituida por la cultura, vinculada con la edad. Esta posición tiene en cuenta factores biológicos y factores sociales como los códigos, gustos, experiencias, habilidades y lenguajes propios de su generación, relacionados con el momento histórico social en el que les toca vivir y que marcan la diferenciación con otras épocas anteriores. Además se relaciona con la posibilidad de postergar exigencias características de la edad adulta ya sea formar una familia, mantener un hogar, vivir del propio trabajo, para dedicarse a profundizar estudios. Las posibilidades de postergar funciones de la vida adulta no son propias de todos los jóvenes. Estas dependen de los factores culturales, del género y de la clase en su interseccionalidad, pues pertenecer a clases sociales de bajo poder adquisitivo suele estar relacionado con la necesidad de proveer económicamente al hogar de manera inmediata, sin tener los privilegios que les son conferidos a este grupo en clases de mayor poder adquisitivo. Al mismo tiempo, el valor social que se le confiere a la maternidad, unido a determinadas situaciones de pobreza que pudieran estar atravesando las féminas condicionan que estas asuman la maternidad a temprana edad como única forma de lograr su realización personal pues tienen limitaciones en el acceso a niveles educacionales superiores y trabajos deseables.
De ahi que ser jóvenes está asociado a diversos factores que determinan diferencias sociales como el género, la etnia, lugar de residencia, poder adquisitivo, color de la piel, pero todas enmarcadas en una determinada época que portadora de ciertas tendencias generacionales. Es en este contexto donde se desarrollan las culturas juveniles que consisten en estilos juveniles propios, que se objetivan a través de símbolos, atributos, discursos y prácticas culturales disímiles. Debemos decir que existe una gran diversidad entre estas culturas y además que también surgen otras debido a las tendencias y los avances tecnológicos de la época , pero todas son grupos juveniles que funcionan en espacios de ocio fundamentalmente y satisfacen necesidades de entretenimiento, de pertenencia, de aceptación, que tienen en común la moda con la que se identifican, desarrollan sus propios códigos en los que predominan patrones de comunicación entre sus miembros diferentes a los que se evidencian en los adultos, etc . Estas características se erigen en regularidades de estos grupos etáreos lo que patentiza el hecho de que las culturas juveniles son una manera de ser joven.
2-La participación y consumo cultural de los adolescentes y jóvenes cubanos se caracterizan a por la preferencia de la cultura audiovisual (fundamentalmente el llamado paquete semanal), la música y la literatura y en menor medida las prácticas sociales en bibliotecas, teatros y museos. Otra característica es el incremento de la participación de los jóvenes en la elaboración de productos culturales, el poco uso de las instituciones culturales clásicas, la preferencia para el consumo y participación cultural del espacio privado, el desintrés por algunas manifestaciones de la denominada cultura clásica (ballet y/o danza), y un mayor uso de la ciudad que de las instituciones culturales. Aunque existen espacios más formales,díganse organizaciones estudiantiles , organizaciones de masas , etc. , destinados para la participación juvenil , se aprecia una cifra elevada de jóvenes que participan en estos espacios por cumplir con las formalidades. Por otro lado existen grupos informales donde tienen una participación más activa. La pertenencia a estos grupos está determinada por el tipo de música que escuchan, los audiovisuales que consumen, la forma de vestir, los lugares en donde suelen pasar el tiempo libre, etc.
Respecto al consumo cultural este está orientado hacia el consumo de alternativas diferentes a las propuestas oficiales, aunque sin abandonarlas del todo. El uso de las nuevas tecnologías marcan una mayor variedad de opciones de consumo y al mismo tiempo condicionan nuevos espacios de socialización y de participación, ya que se crean grupos de personas con intereses comunes, que pueden generar nuevos sentidos de pertenencias e identidades o consolidar los ya existentes. Actualmente vemos como el aislamiento social impuesto por la covid 19, ha propiciado la creación de grupos en plataformas digitales como respuesta a la imposibilidad de socialización en espacios físicos.
3-Muchas de las grupalidades juveniles muestran una tendencia a manifestar patrones culturales y modelos de consumo internacionales lo cual ha ganado auge con el uso de las nuevas tecnologías, sin embargo, las identidades juveniles no tienen que contraponerse necesariamente a la identidad nacional. Los jóvenes poseen diversas identidades que se complementan unas con otras y que conforman y enriquecen su identidad personal, por lo que la pertenencia a estas culturas juveniles también se complementa con la identidad nacional, por lo que las prácticas y códigos que proclaman estas grupalidades pueden adaptarse y modificarse a nuestro contexto. La coincidencia entre los estudios sobre identidad nacional realizados en la población general ,donde se evidencia que los cubanos poseen una autoimagen, estable en la que sobresalen elementos positivos del carácter y elevados valores humanos y sociales, dirigidos a la solidaridad, las buenas relaciones humanas, la capacidad de trabajar y enfrentar los problemas con sacrificio y optimismo; y
los estudios realizados sobre la autopercepción de las culturas juveniles , donde salen a relucir en todas estas grupalidades características similares a las referidas en los estudios sobre la identidad cubana, así lo demuestran. No obstante existe el peligro de que, a partir de la globalización cultural, la incorporación de lo foráneo pueda provocar que la cultura nacional deje de ser consumida por sus propios ciudadanos ya que la misma implica la interacción de culturas dispersas, bienes y servicios, donde resulta más importante que el producto recorra el mundo entero antes de que sea consumido en la región que surge.
Problematice en torno a dos ideas trabajadas en clase: la definición del joven/juventudes en términos socioculturales y la noción sobre cultura asumida por los jóvenes o las juventudes.
A diferencia de otras etapas del desarrollo la juventud no está biológicamente determinada, sino definida socialmente por la naturaleza de la actividad que se desarrolla en la etapa, la que condiciona un conjunto de relaciones sociales específicas que conforman el status juvenil (condición juvenil) a partir del significado propio de dicho período. La definición de la categoría juventud se puede articular en función de dos conceptos: lo juvenil y lo cotidiano. Lo juvenil nos remite al proceso psicosocial de construcción de la identidad y lo cotidiano al contexto de relaciones y prácticas sociales en las cuales dicho proceso se realiza, con anclaje en factores ecológicos, culturales y socioeconómicos (Dávila, 2004).
Las culturas juveniles se refieren a la manera en que las experiencias sociales de los jóvenes son expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de vida distintivos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre, o en espacios intersticiales de la vida institucional. En un sentido más restringido, definen la aparición de “microsociedades juveniles”,
El primer gran factor estructurador de las culturas juveniles es la generación. La generación puede considerarse el nexo que une biografías, estructuras e historia. La noción remite a la identidad de un grupo de edad socializado en un mismo período histórico. Al ser la juventud un momento clave en el proceso de socialización, las experiencias compartidas perduran en el tiempo, y se traducen en la biografía de los actores. En palabras de Bourdieu (1979: 530), “es la transformación del modo de generación social de los agentes lo que determina la aparición de generaciones diferentes y de conflictos de generaciones”.
La juventud es una etapa en la que existe una mayor autonomía para decidir y actuar, por lo que es una etapa de construcción y creación autóctona. Son los jóvenes los que crean nuevas maneras de visualizar la cultura, los que las renuevan y hacen más acorde a los tiempos. La juventud es una etapa constante de renovación de generaciones y de conflictos entre estas que dan lugar a nuevas constructos culturales y sociales.
Analice como se manifiestan los procesos de participación y consumo cultural de jóvenes y adolescentes cubanos. Ejemplifique a partir de los espacios, experiencias e instituciones.
El consumo cultural no es más que el conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica. (García Canclini, 1992:12). Como se da a lo interno de nuestro país este proceso. La mayor accesibilidad a internet ha facilitado el acercamiento de estas poblaciones, las cuales son las que tienen mayor acceso a las nuevas tecnologías, a un mayor cúmulo de información y productos culturales. Según resultado de la segunda encuesta nacional sobre consumo cultural, se muestra con mayor frecuencia en jóvenes y adolescentes el acercamiento a productos culturales en un medio privado por encima del público, se refiere a que es mucho más frecuente en los jóvenes y adolescentes realizar actividades como escuchar música, leer y compartir con amigos a otras actividades como asistir a un teatro o concierto; es cierto que estas actividades son de mayor accesibilidad que las ultimas mencionadas. Estigmas que son atribuidos a determinados productos culturales limitan la participación de los jóvenes en determinadas actividades. Por ejemplo, asistir a un concierto de música de cámara puede adjudicarse como una actividad para personas mayores y no ser identificado como un producto cultural para cualquier edad. Esta también la disyuntiva que en muchas ocasiones es mucho más accesible y viable acceder a determinado producto que puede catalogarse como cultural, aunque no sea el más adecuado.
Es de destacar que el proceso de consumo cultural esta mediado por condiciones socioculturales como la ubicación geográfica, o la disponibilidad de instituciones culturales. Le es mucho más fácil a un joven en la ciudad asistir a un concierto o una sala de cine que aun joven que viva en zona rural. Es conocido que no en todas las ciudades se cuenta con las instituciones necesarias para la promoción cultural.
Qué papel juegan los jóvenes y adolescentes en la construcción de la cultura, hasta qué punto se implican en ello, que tanto de nuestro proyecto cultural refleja los intereses de estas poblaciones. A de entenderse que participación no solo implica el estar, se requiere de ser un receptor y productor de cultura. Basándonos en los niveles de participación pudiéramos ubicar a la mayoría de los jóvenes y adolescentes cubanos en la línea de lo movilizativo y de consumo, en el cual no se hace más que tomar proyectos de acción ya elaborados en sus aspectos esenciales, a los cuales sólo resta ejecutar o consumir. Por otra parte desde las instituciones culturales los jóvenes afiliados a las mismas suelen mostrar una participación más activa desde la renovación de productos culturales ya existentes (como suele suceder con los ritmos musicales que actualmente se presentan con mucha frecuencia fusionados), con frecuencia se proyectan en la búsqueda del rescate de la identidad nacional desde aires más renovadores, más acercados a las necesidades de los grupos etarios más jóvenes.
¿Discuta sobre lo foráneo presente en muchas de las grupalidades juveniles en el país y sus desafíos en torno a la identidad nacional? ¿Se producen fracturas en torno a la identidad cubana por tales pertenencias? Problematice sobre esto y mencione ejemplos de ser posible.
Cada época está marcada por determinantes sociales e históricas que transversalizan nuestra cultura. Si bien en las primeras décadas, luego del triunfo revolucionario, los jóvenes se caracterizaban por las ganas de superación, sentimientos internacionalistas de cooperación, marcada identidad nacional y amor patrio. Al entrar en la década de los 90 se vinieron grandes cambios económicos políticos y sociales que indiscutiblemente repercutieron en nuestra cultura y nacionalidad.
El propósito de preservar un modelo socioeconómico alternativo al capitalismo, después de la pérdida del referente del campo socialista, lleva a una búsqueda más profunda en sus raíces históricas nacionales y a la actualización de un pensamiento social propio. La agudización de las contradicciones con los Estados Unidos ante el incremento de las presiones para obligar a un cambio al capitalismo. La afectación en las condiciones económicas, de vida y de trabajo de la población. La situación económica, la estrategia de reestructuración en el ámbito social y algunas de las estrategias individuales utilizadas, han dado lugar a la aparición de desigualdades sociales no presentes en décadas anteriores, que provocan cierta heterogeneidad en los rasgos del cubano y en sus percepciones, que deben impactar la identidad nacional.
Las generaciones jóvenes actuales se caracteriza por una mayor heterogeneidad estructural que las precedentes, a partir de cierta recomposición de la estructura socioclasista de la sociedad y del fortalecimiento de algunas diferencias territoriales asociadas al ritmo de recuperación económica y la presencia del sector emergente. De ello también se deriva el crecimiento de la heterogeneidad en el área subjetiva, en particular en cuanto a expectativas, valores y cultura política, lo que se expresa en un amplio abanico de intereses y en una diversidad mayor que tiene sus efectos en la conformación de identidades.
No es posible tampoco desconocer las influencias más universales de la época, signada por la creciente interacción tecnológica y directamente humana, que imponen cambios y marcan la fisonomía de la actual generación joven con rasgos comunes más allá de fronteras nacionales. Estos procesos provocan efectos contrapuestos pues tienden, simultáneamente, a acentuar la fragmentación y a potenciar la integración al interior de la generación, lo que a su vez tiene impactos interesantes en la dinámica de relaciones intergeneracionales.
Todos estos factores han provocado que estemos en presencia de una generación con una identidad generacional poco compartida. La concentración de un segmento de la juventud en la búsqueda de salidas individuales que los aleja de la participación en soluciones colectivas, crean distancias al interior del grupo juvenil. Esta es una generación en la que emerge la preocupación acerca de cuáles son las metas posibles, individuales y sociales, a las que pueden aspirar con posibilidades reales de satisfacerlas y que permitan un ajuste entre sus expectativas de realización personal y las necesidades sociales, lo que a su vez pasa por una mayor clarificación de las vías para lograrlo. Este segmento juvenil está en un proceso de búsqueda y adaptación a un escenario relativamente distinto del de las anteriores generaciones, aun no completamente delineado y precisado, portador de tendencias contradictorias, para el cual las instituciones socializadoras tampoco tienen todas las respuestas y para los cuales los valores permanentes de la identidad nacional cubana son un valioso referente orientador. Queda como tarea por parte de las instituciones formales como informales ayudar en la consolidación de esa identidad nacional.
1-La juventud no está biológicamente determinada, sino definida socialmente por la naturaleza de la actividad que se desarrolla en la etapa, la que condiciona un conjunto de relaciones sociales específicas que conforman el status juvenil (condición juvenil) a partir del significado propio de dicho período. La definición de la categoría juventud se puede articular en función de dos conceptos: lo juvenil y lo cotidiano. Lo juvenil nos remite al proceso psicosocial de construcción de la identidad y lo cotidiano al contexto de relaciones y prácticas sociales en las cuales dicho proceso se realiza, con anclaje en factores ecológicos, culturales y socioeconómicos (Dávila, 2004). La cultura se ha asumido como un elemento vital de la calidad de vida, y es evaluada con una visión abarcadora, no sólo para la preservación de la identidad, sino también para la gobernabilidad, la ciudadanía, la cohesión social y la creatividad .A lo largo de los años han existido variantes en cuanto a lo que condicionan a los jóvenes en los momentos que transitan , las juventudes han evolucionado para algunos e involucionados para otros dependen de la forma en que se miren ,tiene que ver mucho con el medio social ,la parte geográfica ,digamos que son varios los nutrientes ;son las formas mediante las cuales cada sociedad modela las maneras de ser joven y cómo los jóvenes participan en los procesos de creación y circulación culturales creando en cada época ,cada situación vivida sus propias culturas siendo la expresión de identidades juveniles. Estas culturas juveniles consisten en estilos juveniles propios, objetivados a través de símbolos, atributos, discursos y prácticas culturales. Mediadas por condicionantes: como el género, la clase social, las etnias y la pertenencia a una generación. Son formas de asociarse e identificarse como jóvenes. En los últimos años ha habido un aumento de estas culturas gracias al desarrollo tecnológico y el amplio mercado musical. Son apropiados por las juventudes porque son espacios simbólicos alternativos, lógicas horizontales y flexibles, tiene fronteras con el mundo adulto, espacios institucionales), sociabilizar con pares, articulación con el consumo y formas globales de reproducir sus identidades y por supuesto son necesidades de la etapa generalmente los adolescentes. Ejemplo de algunas de estas culturas en Cuba son: regaetoneros, mickies, frikys, reparteros,rockeros ,bboys,skaters,raperos,punks,emos,hipster,otakus,rastafaris,trap,algunas mas nuevas gracias a la informatización del mundo :gamers,youtubers,teams.
La pluralidad de experiencias identitarias juveniles es el resultado de las dinámicas sociales que les favorecen y estructuran. Ellas siempre dialogan con el contexto social que les imprime una huella y define, y por tanto así deben ser estudiadas, en función de definir las lógicas a las que responden. Continúa siendo clave el desarrollo de prácticas simbólicas y distintivas para las pertenencias y continuidades identitarias de los sujetos. Las prácticas culturales tienen estrechos vínculos con los procesos de consumo cultural de los jóvenes, a partir de que se realizan sobre todo en momentos de ocio y esparcimiento, interactuando constantemente con productos culturales.
2- 3 La tendencia entre jóvenes y adolescentes a reunirse y delimitar su espacio e identidad atraviesa toda la Isla caribeña. Esta integración propicia un acercamiento cultural enfocado en lo que ellos quieren y disfrutan, en la mayoría de las ocasiones son ellos mismos los autores de los productos que consumen en la red digital o en los llamados ¨ paquetes¨, pues no tienen espacios apropiados donde buscar esta recreación o los que hay no tienen el atractivo ni las cualidades necesarias para que se sientan a gusto. Holguín es la tercera ciudad más grande y con más habitantes de Cuba, la llamada cuidad de los parques actualmente carece de estos espacios pues los que existían han ido desapareciendo, lo más cercano son los bancos de los parque que tienen nombres y apellidos (mickies, frikys, reparteros, rockeros bboys, skaters, raperos,punks,emos,hipster,otakus,youtubers) donde se posicionaron y dejaron sus huellas. Es muy común por las noches escuchar! No te sientes ahí que ese es el banco de los emos ¡.A pesar de que el movimiento Hermanos Saiz ejerce influencia y brinda muchos productos y espacios todavía no son suficientes y por eso existen las insatisfacciones. No existe tampoco la creatividad en cuanto a mesclar de alguna forma su manera de ver la cultura y lo que estamos acostumbrados a recibir. La participación cultural, a través de las formas, niveles y espacios donde se manifiesta, debe convertirse en un proceso formativo de respeto a la pluralidad, sin discriminación de culturas. Esto implica reconocer diversas identidades culturales a partir de rasgos, prácticas y cosmovisiones comunes de grupos en contextos de democracia cultural; donde los sujetos implicados, desde su diversidad, deben asumir roles protagónicos en procesos de creación, gestión y consumo de los bienes culturales que se producen en la sociedad. Otras de las situaciones que existen en esos momentos en el país es la inclusión de ciertas formas o maneras de actuar de otras regiones del mundo dentro de estos grupos como los son las festividades de Halloween, los torneos de gamers, las reuniones de los youtubers con su afición o simplemente celebrar la Navidad .Estas ¨nuevas actividades ¨ (que logra ser del agrado de muchos aunque no pertenezcan a ninguna tribu) pienso que fractura a nuestra identidad cubana ,pero es por nosotros mismos, que no hacemos atractivas nuestras opciones ,no se trata de olvidarnos de las tradiciones y costumbres sino de darle un toque moderno ; el mundo avanza muy rápido y debemos hacerlo con él. Enfocarnos en enseñarle a las nuevas generaciones el porqué de las tradiciones, podemos celebrar la noche de brujas pero también festejamos por todo lo alto el Día de la Cultura Cubana, por mencionar alguna .Somos nosotros mismos en conjunto con las organizaciones, desde las escuelas, casas de culturas, los centros de trabajo, hospitales etc.; los que tenemos que hacer sentir la identidad cubana.
1. Si bien es cierto que la juventud ha sido concebida como un período o etapa etaria, asociada a factores fundamentalmente biológicos; concebida aproximadamente entro los 15 y los 29 años de edad; pensar en ella implica, necesariamente, entenderla como una construcción social, histórica y cultural, que responde a condiciones sociales específicas. Es así que es considerada una condición social con cualidades particulares que se manifiestan de diferentes maneras según las características históricas sociales de cada individuo.
Muy lejos de concebir este grupo social como un continuo temporal y ahistórico, debe tenerse en cuenta que cada lugar reúne características económicas, políticas y sociales diferentes, ejerciendo una influencia directa en las formas de ser de los jóvenes. O sea, que cada Sociedad, de acuerdo a sus normas, valores, idiosincrasias y culturas, va a modelar las maneras de ser joven.
Algunos autores consideran que la definición de la categoría juventud se puede articular en función de dos conceptos: lo juvenil y lo cotidiano, asociándose el primero al proceso de construcción de la identidad, y el segundo asociado al contexto de relaciones y prácticas sociales en las cuales dicho proceso se realiza. Esto supone la posibilidad de visualizar a la juventud como una etapa de la vida que tiene sus propias oportunidades y limitaciones, entendiéndola no sólo como un período de moratoria y preparación para la vida adulta y el desempeño de roles predeterminados.
Es así que la juventud queda definida socialmente por la naturaleza de la actividad que se desarrolla en la etapa, que condiciona un grupo específico de relaciones sociales, que condicionan precisamente cómo ser joven, quienes centran su ser y su hacer en el presente.
Por otra parte, la cultura como campo de autonomía relativa de la sociedad, está condicionada y condiciona diversos procesos sociales como la identidad, diversidad, desigualdad, entre otros. Así, el consumo cultural no es más que la apropiación y el uso de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y cambio.
Pensar en las juventudes, como parte de su proceso de apropiación de la cultura, conlleva a la existencia de diversas formas de asumir tendencias y culturas juveniles, existiendo en la actualidad nuevas formas de expresión de esa apropiación, que implica la búsqueda de espacios diferentes. O sea, que los jóvenes participan en los procesos de creación y circulación cultural, a través de estas culturas juveniles, que asumen estilos, formas, símbolos y prácticas culturales propias.
De esta forma, elementos como las prendas de vestir, las preferencias musicales o determinados objetos representan una de las formas de expresión identitaria de los jóvenes; lo que los iguala o asemeja a algunos y los diferencia de otros. Estos códigos y prácticas van siendo diferentes, en tanto son mediatizados por factores de diversa índole (económicos, sociales, comunitarios, familiares, etc.). Las culturas juveniles son, entonces, una forma de expresión colectiva de experiencias sociales, a través de formas particulares y distintivas, manifestadas en espacios de ocio, fundamentalmente y como vía de satisfacción de necesidades de esparcimiento, aceptación y pertenencia. O sea que, la cultura juvenil va a ser una expresión de estas identidades juveniles
2. El consumo cultural, a partir de la definición de García Canclini, no es más que el conjunto de procesos de apropiación y uso de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica. De esta forma se destaca el valor simbólico que le atribuye el sujeto.
Las prácticas culturales son las conductas y formas de proceder de las personas que expresan cierta relación con los objetos culturales. Se refiere a la acción directa y conscientemente practicada por los individuos (escribir una novela, asistir a una función teatral, ver televisión, asistir a conciertos, peñas musicales, ferias, escuchar música, leer, visitar tiendas, bibliotecas, librerías, galerías de arte, museos, iglesias, casa de amigos o familiares, participar en carnavales, parrandas, actividades deportivas, etc.).
Debe entenderse que los procesos de participación y consumo cultural están determinados de manera multifactorial, que a su vez genera diversas identidades juveniles, que marcan diferencias entre estos grupos. Estas prácticas culturales están mediatizadas por factores sociodemográficos, socioculturales, sociopsicológicos y comunitarios; lo que se traduce en desproporciones ya que no todas las regiones tienen los mismos espacios de divulgación, creación, así como espacios de consumo cultural. De igual forma, la idiosincrasia asociada a diferentes regiones tiene un impacto en las formas de pensar, ser y actuar de las personas y eso, también se revierte hacia el consumo cultural.
La realidad cubana conlleva tener en cuenta también la misma diversidad de factores, que también incluyen el complejo contexto internacional, así como las condiciones en las que nuestro país ha tenido que diseñar sus programas de desarrollo cultural hasta aquellos que aportan la individualidad de los sujetos. Estas individualidades pasan por los sistemas de necesidades, particularidades de estilos de vida, los recursos subjetivos que despliegan para apropiarse de la realidad; que generan modos de pensamiento y acción que condicionan su interacción con los bienes y servicios culturales.
Los estudios realizados sobre el consumo cultural reflejan altos niveles de interacción con los medios de comunicación masiva y la forma en la que estos se convierten en los organizadores de la vida cultural de la población. Ahora bien, considero que existen otros medios que se han posicionado en la preferencia de las poblaciones jóvenes, que son alternativos a los oficiales, como el consumo del llamado “paquete”, así como la influencia tecnológica, el internet, entre otros.
Otra actividad a la que se vinculan los grupos jóvenes, son las de carácter artístico. También se describe una disminución en el uso de instituciones culturales, siendo muchas veces sustituidos estos espacios por alternativas audiovisuales y obtenidas a través de las redes sociales.
Se hace evidente entonces que, independientemente de que existen diversos (cre que cada vez más) espacios que desde lo institucional promueven y fomentan espacios de participación cultural, existen muchos grupos que desde lo informal crean dinámicas propias, alternativas; que a su vez generan identidades y sentidos de pertenencia, que determinan contendidos particulares de consumos, como estilos de música, vestuarios, etc. Considero que a nivel institucional se hace un esfuerzo poco despreciable en la búsqueda de espacios diversos, orientados a las poblaciones jóvenes; sin embargo, a pesar de estos logros, se está muy lejos de alcanzar el impacto masivo deseado, lo que traza un camino de seguir trabajando en lograr una mayor participación y consumo cultural, sobre todo orientado hacia la identidad nacional.
3. Es importante en primer lugar comprender, que la globalización imperante en el mundo genera que estemos cada vez más influenciados unos a otros; elemento que explota una fábrica de mercado que contribuye a expandir estas influencias de la manera más abarcadora posible, siendo un blanco permanente los jóvenes, por los altos niveles de consumo cultural que poseen.
Cuba no es un país exento de esta influencia cultural, de hecho, las raíces cubanas también son resultado de una mezcla de diversas culturas foráneas. El acceso, cada vez más masivo a las tecnologías, las redes sociales y otras variantes tecnológicas, contribuye de manera significativa con los procesos de exportación de patrones culturales y modelos de consumo internacionales. La llegada de una era marcada por la tecnología y la digitalidad ha generado el aumento (a veces desmedido) del consumo cultural y ha dado al traste con nuevas formas de identidad.
El acceso a estas culturas diversas se ha convertido, para muchos jóvenes, en un medio para satisfacer las necesidades de ocio, que generan determinadas agrupaciones sociales y que contribuye al proceso de creación de su identidad. Estos jóvenes buscan un espacio para socializar con iguales, elemento que se ha mantenido estable en el tiempo (haya existido mayor o menor influencia foránea), solo que en la actualidad los medios para satisfacer esas necesidades cambian, así como los espacios, en donde pareciera tener un predominio marcado el espacio virtual.
Si bien antes predominaban las tribus urbanas y se hablaba de los emos, los frickis y otras agrupaciones; hoy existen otras, que tienen una mayor influencia de culturas occidentales como los youtubers (personas que emplean la plataforma digital YouTube para producir contenidos audiovisuales), gamers (personas con un alto consumo de videojuegos) o los otaku (altos consumidores de manga y anime). En el caso de estos últimos, parecieran definirse como una propuesta identitaria alejada o distinta a la idiosincrasia cubana, ya que en sus prácticas culturales reproducen elementos de la cultura japonesa.
Creo que sí, que, de alguna manera, se puede correr algún riesgo en ver perdida o fracturada la identidad nacional, pudiera ocurrir un proceso en donde las prácticas que establezcan esa identidad se despersonalicen. Ahora bien, creo que el pensamiento debe ser más amplio y debe entender que precisamente, hablar de identidad nacional, implica entender que está determinada por la cohesión de un grupo de elementos que la conforman y la hacen única; por lo tanto, desconocer la influencia de los elementos foráneos en ella, sería absurdo.
Las juventudes tienen una clara tendencia a la incorporación de nuevos referentes sociales, que los hacen reproducir prácticas foráneas, lo cual no significa que se deje de ser cubano o de poseer una identidad nacional cubana; ya que hay esencias que no se pierden por el hecho de preferir un tipo de música o realizar otra práctica que no sea la habitual (cubana). Se destaca entonces que lo importante es adentrarse y reconocer las otras maneras de reproducir sus identidades como jóvenes cubanos, haciéndolas coincidir con otras preferencias y estilos de vida.
Considero que los principales retos están orientados a hacer más visible aquellos elementos de nuestra identidad considerados más clásicos o alejados de los espacios jóvenes, pero hacerlo de manera atemperada a las circunstancias actuales. Sería absurdo pretender que un joven disfrute de un baile cubano tradicional, como lo haría su abuelo; sin embargo, hay muchas propuestas musicales cubanas, que buscan la fusión de estos ritmos tradicionales con otros más modernos y llamativos para estas poblaciones.
1. El estudio sobre las poblaciones juveniles ha tenido un desarrollo notable en las últimas décadas, tanto desde el punto de vista analítico, como desde la perspectiva práctica, al desplegarse diversas acciones encaminadas al fomento, desarrollo, protección y promoción de las diversas condiciones sociales en las cuales se insertan los jóvenes.
La multitud de conceptualizaciones sobre la juventud constituyen ejemplo del énfasis investigativo hacia este sector poblacional en la actualidad. No obstante a ello, dicha categoría debe ser definida en términos socioculturales, pues más que una edad es una construcción social, una categoría histórico-concreta que designa un grupo sociodemográfico internamente diferenciado según su pertenencia a la estructura social. No está biológicamente determinada, sino definida socialmente por la naturaleza de la actividad que se desarrolla en la etapa, la que condiciona un conjunto de relaciones sociales específicas que conforman el status juvenil (condición juvenil) a partir del significado propio de dicho período.
De esta manera, definir al joven en términos socioculturales implica, en primer lugar, no conformarse con delimitaciones biológicas, como la de la edad, pues a la par de las
transformaciones biológicas que caracterizan esa fase de la vida, participan de ese concepto elementos culturales (por ejemplo: los significados sociales de los procesos que tienen lugar durante la misma) que varían a lo largo del tiempo, de una sociedad a otra y, dentro de una misma sociedad, de un grupo a otro. Es a partir de las representaciones que cada sociedad construye sobre la juventud que se definen las responsabilidades y los derechos que deben ser atribuidos a los individuos que atraviesan ese período de desarrollo y el modo como tales derechos deben ser protegidos.
Las diferencias sobre la noción de juventud dentro de una misma sociedad, a través de sus divisiones internas, se vinculan a la construcción sobre la cultura asumida por los jóvenes, quienes participan en los procesos de creación y circulación culturales a través de las denominadas culturas juveniles. La noción de cultura de los jóvenes se deriva de la participación y consumo cultural de estos, de sus manifestaciones en los ámbitos culturales. Los hobbies, la vestimenta y el intercambio grupal forman parte de la identidad juvenil.
2. La participación es un proceso activo encaminado a transformar las relaciones de poder y que tiene como intención estratégica el incremento y la redistribución de las oportunidades de los actores sociales de tomar parte en los procesos de decisiones. Dentro de la participación social, un tema clave es el del consumo cultural (su forma de manifestación por excelencia), debido a su significación como proceso de apropiación cultural, para explicar identidades y diferencias, que marcan y configuran la sociedad. De esta manera, el consumo cultural es el conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica.
Investigaciones de profesionales cubanos vinculadas a la temática constatan que los jóvenes son quienes tienden a ser potencialmente más activos en sus consumos culturales, debido a sus capacidades físicas, cognitivas y al menor grado de responsabilidades familiares, lo cual repercute en una mayor disponibilidad de tiempo libre. Asimismo, reflejan algunas tendencias en sus procesos de participación y consumo cultural, a pesar de caracterizarse estos por la diversidad, debido la singularidad e individualidad que distingue a los seres humanos.
La preferencia por la cultura audiovisual puede ser destacada como una de dichas tendencias en los individuos de estas edades. En tal sentido, es pertinente referirse al “paquete semanal” como alternativa que ha sustituido el consumo audiovisual a partir de medios nacionales (T.V nacional) y centros estatales (cines y salas de video), es decir se ha producido un tránsito de los medios estatales hacia los informales.
Al igual que los cines y salas de video, otras instituciones artístico-literarias como las galerías, museos, librerías, bibliotecas, teatros y casas de culturas, han quedado relegadas, por no lograr satisfacer los intereses culturales de esto grupos poblacionales con las ofertas que presentan. Estas instituciones culturales, continúan reproduciéndose, con esquemas de trabajo repetidos, sin tomar en cuenta las verdaderas necesidades y demandas de sus destinatarios y concentran sus esfuerzos en promover los valores más arraigados de la cultura, reconocidos y legitimados históricamente, sin dar suficiente espacio a la originalidad y creatividad de los sujetos.
Lo antepuesto sitúa al espacio privado como el lugar por excelencia de adolescentes y jóvenes (propia casa o de amigos y familiares) y demuestra un mayor uso de la ciudad que de las instituciones culturales.
En relación a esto último, sobresalen las playas, piscinas, campismos, bares y discotecas como espacios más significativos para estos sectores de la población, lo cual se asocia al carácter festivo, de relajación y recreación de dichos lugares y a la oportunidad que brindan para la sociabilidad, el encuentro y la compañía de amigos y para rebasar las fronteras físicas que imponen el hogar y la presencia de los adultos. No obstante, los conciertos y actividades de naturaleza popular-tradicional, como es el caso de carnavales y parrandas también constituyen escenarios de esparcimiento privilegiados.
3. El tránsito de un individuo de la adolescencia a la juventud se deriva del logro de su identidad personal (neoformación central de los adolescentes que les permite tener un concepto de su persona, relativamente preciso y generalizado). Esta formación motivacional, que contribuye a la adecuada regulación del comportamiento, tiene en su base las principales necesidades y motivos de la personalidad, por lo que ostenta un sentido personal y no una elaboración intelectual pasiva del sujeto en relación con su persona.
La identidad personal comprende entre otros muchos contenidos la identidad nacional de los individuos, la cual a grandes rasgos hace alusión a un sentimiento identitario o de pertenencia a una nación. La misma posee gran importancia debido a que se vincula a nuestra procedencia, a los orígenes, a la historia y esencia de nuestra patria y pueblo.
Esta temática resulta de interés para numerosos estudiosos. Al respecto, el filósofo, investigador y profesor universitario cubano, Rigoberto Pupo, autor del libro “Identidad, emancipación y nación cubana (2005)”, se refiere a como, en los últimos tiempos, la noción de identidad nacional constituye una constante en diversos estudios, “con el fin de afianzar creativamente nuestro ser esencial, en aras de la garantía del desarrollo futuro de nuestros pueblos”; desarrollo que más que económico, es cultural y humano, y debe conducir a la libertad, la independencia y el progreso social, sobre la base de la preservación de la identidad nacional.
En el caso de los grupos juveniles cubanos, la incidencia sobre ellos de lo foráneo, ha conducido a un cuestionamiento sobre la fractura de su identidad nacional, debido a la marcada influencia de patrones de comportamiento, vestuario, vocabulario y consumo audiovisual y musical extranjero que reciben, por ejemplo, el grupo juvenil otakus reproduce elementos de la cultura japonesa (a través del consumo de animes, mangas, filosofía de vida, etc.). No obstante, esta reproducción y resignificación de las prácticas culturales foráneas no debe concebirse como una ruptura con las tradiciones más autóctonas o con su identidad nacional, sino lo contrario debe considerarse como una alternativa para reinterpretar y resignificar la cultura cubana actual desde nuevas miradas y códigos.
En tal sentido, es válido referir que los individuos poseen multiplicidad de identidades que se expresan y dialogan en función de las circunstancias sociales, es decir estos jóvenes no pierden su identidad nacional cubana, por reproducir prácticas foráneas o globales, e incluso no tienen por qué existir contradicción porque estas dialoguen.
Además, hay que entender el carácter dinámico de las identidades colectivas, como lo es la identidad cultural cubana. Esta se atempera a las particularidades individuales. Hay esencias que no se pierden por el hecho de preferir un tipo de música o realizar otra práctica que no “sea tan cubana”. Lo importante es adentrarse y reconocer las otras maneras de reproducir sus identidades como jóvenes cubanos, haciéndolas coincidir con otras preferencias y estilos de vida. No es incorrecto o está mal poseer gustos y aficiones internacionales, pues la cultura tiene carácter universal; solo no deben olvidarse los valores espirituales y culturales propios de la nación cubana y debe saber reconocerse cuando los mensajes transmitidos por figuras o materiales extranjeros son opuestos u hostiles a la idiosincrasia nacional.
La diversidad cultural se ha ampliado en la misma medida en que la sociedad se ha hecho más compleja. Los jóvenes pueden ser guiados hacia el encuentro con sus orígenes, con lo auténtico de su pueblo, pero sin forzar u obligar, ni limitando la diversidad, la originalidad y la creatividad.
Teniendo en cuenta que la juventud(es) está definida socialmente por la naturaleza de la actividad que se desarrolla en la etapa podemos decir que la noción sobre cultura asumida por los jóvenes es muy pobre, esquematizada o superficial ya que en estos tiempos vemos que la práctica de la misma está centralizada de forma general entre la música y el deporte y sea olvidado que la cultura lo es todo que se expresa en prácticas concretas tales como desde escribir una novela, asistir a una función teatral, ver televisión, asistir a conciertos, peñas musicales, ferias, escuchar música, leer, visitar tiendas, bibliotecas, librerías, galerías de arte, museos, iglesias, casa de amigos o familiares, participar en carnavales, parrandas, actividades deportivas, etc. A lo mejor se dice: pero los jóvenes hacen estas cosas, si hacen algunas de ellas pero en ocasiones lo hacen no para que estas influyan en su formación sino por salir simplemente con el amigo y divertirse y a veces estas actividades que realizan surgen el efecto contrario les brindan malos ejemplos simplemente porque con la persona que decidió andar carece de la formación adecuada o el producto que decidió consumir carece de calidad, además se hace en ocasiones no está en sus costumbres. Que sucede con la noción de cultura por parte de los jóvenes que esta varía ya que no es lo mismo un joven que vive en La Habana que tiene mucho más opciones que uno que vive en Guantánamo provincia donde vivo ya que el nivel de desarrollo socioeconómico a mi juicio influye mucho. Por ejemplo en el municipio donde vivo hay un solo teatro y eso que es la cabecera de la provincia, lo que quiero decir que la carencia de instalaciones culturales contribuye definitivamente en la formación de la personalidad.
2-Cuando analizamos cómo se manifiestan los procesos de participación y consumo cultural de jóvenes y adolescentes cubanos podemos ver que el consumo cultural, constituye hoy la manifestación por excelencia de la participación cultural una gran parte de la población no se siente del todo interesada en implicarse en su realidad sociocultural y ayudar a su transformación. La mayoría se percibe básicamente como beneficiaria de una acción, que debe ser estructurada, y es responsabilidad del Estado. Para ellos su rol principal es el de consumidor o público ya que la participación se entiende como asistir o consumir. La población participa como público y muy poco en la concepción y organización del trabajo cultural.
Cuando vemos varias instituciones por ejemplo los museos los cuales son pocos visitados por la juventud se enmarcan en prestar un servicio de información cuando muy bien pueden involucrar a estos jóvenes en proyectos donde se busque y se ofrezca esta información logrando que no sean consumidores sino participantes activos en las actividades que se realicen en la institución. Me desempeño laboralmente en una escuela primaria en Guantánamo visitamos con nuestros educandos el museo Pedro A Pérez de la ciudad donde los mismos se nutren de toda la información que allí se presta pero a su vez en un momento determinado estos mismos escolares deben involucrarse en los espacios fijos que se realizan en dicha institución con iniciativas no así en las casas de la cultura que últimamente solo se centran en presentar grupos de creación que involucran a un número reducido de participantes y muy alto de consumidores. Otro ejemplo no muy positivo son las bibliotecas públicas que se han acomodado en un espacio dentro de una vivienda y no involucran en actividades a sus consumidores que solo participan dentro cuando van hacia las instituciones es solo a la venta de libros y hasta ahí queda el trabajo para incentivar la lectura.
La juventud cubana al no tener arraigados los valores identitarios culturales de la música y el teatro contemporáneos de Cuba consume mucha música y teleseries foráneas. Música que en muchas ocasiones carecen de sentido, contenido y cargada de obscenidades. He escuchado a jóvenes referirse a cantantes de la música urbana como que sus canciones no dicen nada pero el nivel de aceptación radica en que ellos le cantan a jóvenes que no interiorizan el contenido de dichas canciones y simplemente cantan los que estos jóvenes quieren escuchar. Ejemplo de ello es el cantante puertorriqueño Bad Buni el que sus canciones están plagadas de malas palabras y para muchos jóvenes es el mejor exponente del género. Pero el centro del problema es aún más profundo ya que en estos tiempos cualquier joven puede grabar un disco, hacer sus canciones en casa sin que medie una disquera o entidad que regule el contenido audiovisual que él quiere exponer y al tener fácil acceso a las redes sociales tampoco necesita quien produzca y venda este contenido. Por otro lado están los consumidores que con la misma facilidad lo obtienen en las redes sociales. Antes, este fenómeno no ocurría pues los discos habían que comprarlos en las tiendas y las disqueras estudiaban y regulaban el contenido de las canciones.
Hoy día, los jóvenes y adolescentes cubanos se sienten pocos identificados con la música tradicional como el bolero y el son y para que hagan un poco de consumo de estos géneros musicales tienen muchas veces que fusionarse con el reguetón fracturando la cultura identitaria del cubano. En los últimos años en Cuba ha surgido un movimiento urbano denominado repartero muy seguido por los adolescentes y jóvenes cargado de incitación hacia la violencia, el sexo y en ocasiones colocan contenido político para trastornar y dislocar las mentes de las juventudes. Ejemplo de ello la canción Patria y Vida de los cantantes Gente de Zona y December Bueno. En la escuela donde dirijo donde los niños de edades comprendidas entre 5 y 12 años, por indicación de nuestro ministerio se deben reproducir audiovisuales de música cubana que establezcan valores y patrones identitarios cubanos como la canción Me dicen Cuba del cantante cubano Alexander Abreu pero se hace muy difícil controlar a los niños que solo piden música urbana sobre todo los que se están escuchando en el momento. Otra de las indicaciones recibidas para estos actos es que la música a reproducir sea de carácter infantil, donde los niños manifiestan que eso ya pasó de moda y que ellos no tienen nada que ver con ese tipo de música que eso es para los párvulos del círculo infantil observándose fracturas en el consumo cultural de los adolescentes de hoy con los de antes pues estos cantaban y jugaban al ritmo de la música infantil y a los niños de hoy tú le dices que te canten una canción y muchos ni la conocen. Para sorpresa mía los otros días de camino hacia mi casa una vecina de mi escuela quien traía en su bicicleta a su niña de 3 años que apenas sabía hablar y fue asombroso como aquella niña cantó completa y a viva voz emocionada la canción Te quiero pa mí del dúo reguetonero cubano Kímico y Yordis ejemplo de estas influencias foráneas a tan corta edad.
3-La música urbana puertorriqueña ha influido mucho sobre los grupos juveniles en Cuba, este fenómeno es tan así que ya son muchos los grupos reguetoneros o reparteros (como suelen denominarse en Puerto Rico) y los que llegan a ser profesionales, han logrado más éxito que los mismos grupos puertorriqueños pero también ocurre que lo único que saben cantar es reguetón porque si los pones a cantar una balada, un son, un bolero no pueden porque la mayoría de su música es digital y cuando cantan en vivo lo que hacen es doblar. Refiriéndome a estas últimas palabras a los que no son profesionales y esto fractura la identidad cultural cubana, menos mal que el Ministerio de Cultura ha retomado la celebración del festival Adolfo Guzmán para rescatar tradiciones y captar cantantes que de otra manera se irían hacia el mundo del consumismo de la música urbana, otra de las iniciativas es el gustado programa Sonando en Cuba este dedicado a captar e incentivar a los jóvenes a escuchar e interpretar el son y de esta manera tratar de cultivar en los mismos los géneros que por siglos nos han identificado que de lo contrario solo la juventud o su inmensa mayoría escucharía música urbana( a mi juicio muy pocas acciones aún). Otros de los entes que fomentan estas fracturas son las discotecas ya que en estos centros el 90% del contenido audiovisual es de música urbana y en muchas ocasiones con obscenidades e incitación al consumo de droga fenómeno que lacera la identidad del cubano de una recreación sana y diversión sin estupefacientes situación esta que destruye los valores enseñados, inculcados y fomentados por las escuelas y familias. Ejemplo de esto es la canción de Biki J Sin pijama que incita a la juventud a fumar mariguana.
1- La juventud es una construcción sociocultural que incluye la etapa donde se deja de ser un niño, pero aun no somos adultos. Esta etapa está plagada de cambios físicos, psicológicos y sensoriales. Durante este período culmina la conformación de la identidad, por lo que los gustos adquiridos en este período, no harán más que consolidarse en la etapa adulta. En esta fase de la vida, los jóvenes son susceptibles de guiarse por los demás y tener en cuenta las opiniones del grupo de pertenencias, por encima incluso de sus propios gustos. Este periodo consiste en experimentar, probar y apreciar diferentes estilos. La cultura para los jóvenes se limita al cine, la música y la literatura frente a bibliotecas, teatros y museos; incidiendo en este fenómeno la inclusión de las TIC, que universalizaron el acceso y disfrute de los productos y bienes culturales (incluso en esta etapa de pandemia los museos y bibliotecas se han volcado al espacio virtual). Y es que los jóvenes se parecen a los tiempos y en este mundo cada vez más interconectado, resulta muy fácil el acceso a la información y a los contenidos culturales.
2- La participación juvenil es un proceso que, como tantos otros, se ha volcado hacia los espacios virtuales, por no existir instituciones y organismos que sean capaces de contener realmente las opiniones, aspiraciones y deseos de este grupo etario. Con la participación en las edades infanto-juveniles sucede que está muy vinculada a los juicios de los padres, y es por ello que las redes sociales virtuales son las encargadas a satisfacer las demandas de participación de los jóvenes. En Cuba los canales oficiales para formalizar la participación de adolescentes y jóvenes se centra en los procesos educacionales y formativos, no incluyen la recreación y la cultura juveniles. En este sentido, al no existir demandas claras que impliquen a los jóvenes, no existen entonces instituciones artísticas y culturales capaces de satisfacer los deseos de los mismos. Existen instituciones como la Fábrica de Arte Cubano, en La Habana y El Mejunje, en Santa Clara, que intentan abarcar diversas modalidades artísticas que puedan atraer a un gran número de público, pero no son suficientes. En este punto se insertan las variantes foráneas, que poco o nada tienen que ver con la identidad nacional cubana, pero como tienen una fuerte presencia en las redes sociales virtuales, se insertan en el imaginario de nuestros jóvenes, que acaban prefiriéndolas sobre las nacionales.
3- La amplia presencia de prácticas culturales foráneas en el consumo cultural de nuestros jóvenes fractura un poco la identidad cubana, en cuanto a aspectos tradicionales, pero no creo que sea algo radical, pues en cada manifestación artística actual e percibe una fusión de lo foráneo con lo nacional (música, artes visuales, ballet, entre otras). En este sentido considero que no necesariamente lo negativo se antepone a lo positivo, es un proceso dialéctico.
Los jóvenes constituyen un grupo poblacional de gran valor, que se encuentra en proceso de desarrollo, construcción y configuración de identidades culturales. (Moras ( Reyno ( Rivero, 2017) Desde el punto de vista sociocultural al hablar de la juventud hay que hacerlo desde la pluralidad, ya que no existe una única juventud. Cada sociedad tiene su idiosincrasia, cultura, costumbres, normas de comportamiento y valores que influyen en la personalidad de sus jóvenes, en sus expectativas, necesidades y en la satisfacción de estas. Cada joven vive en un momento histórico con determinadas características económicas, políticas y sociales; por lo que en términos socioculturales debe hablarse de juventudes.
La cultura es asumida como la experiencia sociohistórica acumulada por la humanidad. Es un ámbito de producción, circulación y consumo de significación, que se expresa en prácticas concretas, acciones directas y conscientemente actuadas, condicionadas por estructuras mentales determinadas, que también organizan el lenguaje, el juicio y los gustos. Hace referencia a acontecimientos sociales y acciones no solo de espacios institucionales, también de otros asociados al uso de la ciudad, la cultura popular, la práctica del entretenimiento, el mundo audiovisual y otros bienes y servicios de significación social para los sujetos.
Las prácticas de consumo de adolescentes y jóvenes están centradas en espacios de sociabilidad de diversa naturaleza, el uso de los medios de comunicación masiva y las nuevas tecnologías de la informática y las comunicaciones. Entre sus preferencias se encuentran conversar con amigos, escuchar música, ver TV, conectarse en internet e intranet, jugar o ver jugar videojuegos, pasear e ir a eventos culturales, practicar deportes y hacer ejercicios. Existe predominio del consumo de productos audiovisuales diferentes de la programación televisiva: películas norteamericanas y cubanas, series norteamericanas y europeas y novelas cubanas y latinoamericanas. El uso de celulares, computadoras, tabletas y laptops está asociado al consumo de audiovisuales, música y el acceso a internet e intranet que a actividades cognitivas relacionadas con el estudio y la lectura. Utilizan espacios como parques, plazas, escenarios comunitarios y el ámbito doméstico. Asisten a cafeterías, centros nocturnos, cines y centros turísticos.
La identidad nacional es entendida como el conjunto de características que tipifican una nación, que permite identificar a sus habitantes y que a la vez, la diferencia de otras naciones. La identidad nacional se redefine mediante la incorporación de nuevos referentes sociales. Es por ello que la autora considera no se fracturan los patrones identitarios de la nación cubana. A pesar del surgimiento de tribus urbanas y del predominio de un consumo cultural de carácter foráneo la nación cubana continúa caracterizándose por su patriotismo, su solidaridad, su humanismo, su independencia y por la capacidad de sobreponerse a las dificultades a las que se enfrenta.
(R1) Lo apropiado sería hablar no ya de juventud, sino de juventudes porque en una misma sociedad (contexto socio histórico), cohabitan varios grupos de jóvenes y adolescentes, unidos por intereses de consumo socioculturales similares, tales, como: música, forma de vestir, estilo de vida y otros signos distintivos (propios de un grupo o tribu específicos), que los identifican como parte de ese y no de otro grupo; aunque los procesos identitarios se estructuran de forma equivalente por todos los grupos, se construyen desde valores socioculturales asimilados, creados y desarrollados dentro y por cada grupo (ej: Emos, Miki, Repa). Sus miembros muestran compromisos, lealtades a esos valores culturales, de los que se apropian y expresan con orgullo.
Aunque todos estos grupos confluyan y se encuentren ubicados en el mismo contexto socio histórico, su noción de cultura varía de un grupo a otro, ya que poseen influencia de factores diferentes, entiéndase libros, revistas, ídolos que le hacen crear, seguir y desarrollar valores consustancialmente diferente de un grupo a otro (comparándolo entre sí).
(R2) El origen de las personas (adolescentes y jóvenes), hace posible que conserven elementos socioculturales afines, propios del contexto socio histórico en que nacen y viven (territorio, localidad o país), que disfruten de lo mismo en algunos espacios específicos, por ejemplo los jóvenes cubanos (Mikis y Repa), pueden disfrutar e intercambiar por igual del enfrentamiento de los clubes de futbol, Barcelona y Madrid, a pesar de que en otros espacios se muestran de forma diferente, entre sí. Sin embargo estos mismos grupos heterogéneos, son muy similares entre sí, si se les compara con otros grupos más lejanos geográficamente hablando, es decir serían muy diferentes de otros latinos y más aún de los jóvenes europeos cuyos contextos históricos y realidades distan de ser siquiera parecidas.
La participación entre adolescentes y jóvenes que tienen el mismo origen es similar, como si compartieran algún patrón o anatomía cultural, intervienen y se expresan de forma análoga, al tiempo que el consumo cultural les hace diferentes entre sí y semejantes a los jóvenes de otros países por el sólo hecho de compartir gustos musicales e intereses afines; esto indica (en el caso de los jóvenes cubanos), que han sido permeados por valores culturales externos, importados de otras culturas (Ej: forma de vestir importada de los cantantes de Hip-Hop o de Rock), mostrando vestimentas como los jóvenes norteamericanos, boricuas o de otros países..
(R3) Durante los procesos identitarios adolescentes y jóvenes cubanos, transforman sus hábitos y adoptan estilos de vida importados de otras sociedades (culturalmente diferentes), sin que el consumo cultural haga que desaparezcan los elementos que en esencia trasmiten su cubanidad. Creo que, como en otras sociedades seguimos siendo diferentes, los jóvenes siguen siendo diferentes aunque hayan importado algunos o muchos elementos del exterior, porque nos expresamos y sentimos de forma diferente, porque nuestros espacios socioculturales son de un barrio a otro disparejos, pero no lo son tanto, si lo comparamos con los de otras sociedades. No considero que se producen fracturas, sólo necesitamos mayor preocupación de las instituciones por ofrecer propuestas culturales más atractivas, con menos sujeción a lo tradicional, que a veces muestra una rigidez que no permite ser asimilada por los adolescente y jóvenes, cuya características es romper con lo que les parece viejo e imponer lo nuevo. Las instituciones tienen entonces, la responsabilidad de hallar la forma en que pueden mantener los elementos socioculturales que nos hacen distintos, sin que sea rechazado por sus receptores. Tenemos la ventaja de que los productos culturales externos son elaborados de forma general para cualquier sociedad (para ser consumidos indistintamente por cualquiera), en tanto los nuestros serán siempre más específicos con todos los elementos de cubanidad que los jóvenes cubanos saben reconocer como propios, con los que se identifican y que solo necesitan ser rejuvenecidos (adaptados a los nuevos tiempos) para evitar el rechazo. Sería cómo ver un video musical de música tradicional propuesto en conjunto con los músicos más populares y seguidos por las juventudes cubanas (Ej.: Buena Fe, El Chacal y otros exponentes del reggaetón cubano).
(R1) Lo apropiado sería hablar no ya de juventud, sino de juventudes porque en una misma sociedad (contexto socio histórico), cohabitan varios grupos de jóvenes y adolescentes, unidos por intereses de consumo socioculturales similares, tales, como: música, forma de vestir, estilo de vida y otros signos distintivos (propios de un grupo o tribu específicos), que los identifican como parte de ese y no de otro grupo; aunque los procesos identitarios se estructuran de forma equivalente por todos los grupos, se construyen desde valores socioculturales asimilados, creados y desarrollados dentro y por cada grupo (ej: Emos, Miki, Repa). Sus miembros muestran compromisos, lealtades a esos valores culturales, de los que se apropian y expresan con orgullo.
Aunque todos estos grupos confluyan y se encuentren ubicados en el mismo contexto socio histórico, su noción de cultura varía de un grupo a otro, ya que poseen influencia de factores diferentes, entiéndase libros, revistas, ídolos que le hacen crear, seguir y desarrollar valores consustancialmente diferente de un grupo a otro (comparándolo entre sí).
(R2) El origen de las personas (adolescentes y jóvenes), hace posible que conserven elementos socioculturales afines, propios del contexto socio histórico en que nacen y viven (territorio, localidad o país), que disfruten de lo mismo en algunos espacios específicos, por ejemplo los jóvenes cubanos (Mikis y Repa), pueden disfrutar e intercambiar por igual del enfrentamiento de los clubes de futbol, Barcelona y Madrid, a pesar de que en otros espacios se muestran de forma diferente, entre sí. Sin embargo estos mismos grupos heterogéneos, son muy similares entre sí, si se les compara con otros grupos más lejanos geográficamente hablando, es decir serían muy diferentes de otros latinos y más aún de los jóvenes europeos cuyos contextos históricos y realidades distan de ser siquiera parecidas.
La participación entre adolescentes y jóvenes que tienen el mismo origen es similar, como si compartieran algún patrón o anatomía cultural, intervienen y se expresan de forma análoga, al tiempo que el consumo cultural les hace diferentes entre sí y semejantes a los jóvenes de otros países por el sólo hecho de compartir gustos musicales e intereses afines; esto indica (en el caso de los jóvenes cubanos), que han sido permeados por valores culturales externos, importados de otras culturas (Ej: forma de vestir importada de los cantantes de Hip-Hop o de Rock), mostrando vestimentas como los jóvenes norteamericanos, boricuas o de otros países..
(R3) Durante los procesos identitarios adolescentes y jóvenes cubanos, transforman sus hábitos y adoptan estilos de vida importados de otras sociedades (culturalmente diferentes), sin que el consumo cultural haga que desaparezcan los elementos que en esencia trasmiten su cubanidad. Creo que, como en otras sociedades seguimos siendo diferentes, los jóvenes siguen siendo diferentes aunque hayan importado algunos o muchos elementos del exterior, porque nos expresamos y sentimos de forma diferente, porque nuestros espacios socioculturales son de un barrio a otro disparejos, pero no lo son tanto, si lo comparamos con los de otras sociedades. No considero que se producen fracturas, sólo necesitamos mayor preocupación de las instituciones por ofrecer propuestas culturales más atractivas, con menos sujeción a lo tradicional, que a veces muestra una rigidez que no permite ser asimilada por los adolescente y jóvenes, cuya características es romper con lo que les parece viejo e imponer lo nuevo. Las instituciones tienen entonces, la responsabilidad de hallar la forma en que pueden mantener los elementos socioculturales que nos hacen distintos, sin que sea rechazado por sus receptores. Tenemos la ventaja de que los productos culturales externos son elaborados de forma general para cualquier sociedad (para ser consumidos indistintamente por cualquiera), en tanto los nuestros serán siempre más específicos con todos los elementos de cubanidad que los jóvenes cubanos saben reconocer como propios, con los que se identifican y que solo necesitan ser rejuvenecidos (adaptados a los nuevos tiempos) para evitar el rechazo. Sería cómo ver un video musical de música tradicional propuesto en conjunto con los músicos más populares y seguidos por las juventudes cubanas (Ej.: Buena Fe, El Chacal y otros exponentes del reggaetón cubano).
(R1) Lo apropiado sería hablar no ya de juventud, sino de juventudes porque en una misma sociedad (contexto socio histórico), cohabitan varios grupos de jóvenes y adolescentes, unidos por intereses de consumo socioculturales similares, tales, como: música, forma de vestir, estilo de vida y otros signos distintivos (propios de un grupo o tribu específicos), que los identifican como parte de ese y no de otro grupo; aunque los procesos identitarios se estructuran de forma equivalente por todos los grupos, se construyen desde valores socioculturales asimilados, creados y desarrollados dentro y por cada grupo (ej: Emos, Miki, Repa). Sus miembros muestran compromisos, lealtades a esos valores culturales, de los que se apropian y expresan con orgullo.
Aunque todos estos grupos confluyan y se encuentren ubicados en el mismo contexto socio histórico, su noción de cultura varía de un grupo a otro, ya que poseen influencia de factores diferentes, entiéndase libros, revistas, ídolos que le hacen crear, seguir y desarrollar valores consustancialmente diferente de un grupo a otro (comparándolo entre sí).
(R2) El origen de las personas (adolescentes y jóvenes), hace posible que conserven elementos socioculturales afines, propios del contexto socio histórico en que nacen y viven (territorio, localidad o país), que disfruten de lo mismo en algunos espacios específicos, por ejemplo los jóvenes cubanos (Mikis y Repa), pueden disfrutar e intercambiar por igual del enfrentamiento de los clubes de futbol, Barcelona y Madrid, a pesar de que en otros espacios se muestran de forma diferente, entre sí. Sin embargo estos mismos grupos heterogéneos, son muy similares entre sí, si se les compara con otros grupos más lejanos geográficamente hablando, es decir serían muy diferentes de otros latinos y más aún de los jóvenes europeos cuyos contextos históricos y realidades distan de ser siquiera parecidas.
La participación entre adolescentes y jóvenes que tienen el mismo origen es similar, como si compartieran algún patrón o anatomía cultural, intervienen y se expresan de forma análoga, al tiempo que el consumo cultural les hace diferentes entre sí y semejantes a los jóvenes de otros países por el sólo hecho de compartir gustos musicales e intereses afines; esto indica (en el caso de los jóvenes cubanos), que han sido permeados por valores culturales externos, importados de otras culturas (Ej: forma de vestir importada de los cantantes de Hip-Hop o de Rock), mostrando vestimentas como los jóvenes norteamericanos, boricuas o de otros países..
(R3) Durante los procesos identitarios adolescentes y jóvenes cubanos, transforman sus hábitos y adoptan estilos de vida importados de otras sociedades (culturalmente diferentes), sin que el consumo cultural haga que desaparezcan los elementos que en esencia trasmiten su cubanidad. Creo que, como en otras sociedades seguimos siendo diferentes, los jóvenes siguen siendo diferentes aunque hayan importado algunos o muchos elementos del exterior, porque nos expresamos y sentimos de forma diferente, porque nuestros espacios socioculturales son de un barrio a otro disparejos, pero no lo son tanto, si lo comparamos con los de otras sociedades. No considero que se producen fracturas, sólo necesitamos mayor preocupación de las instituciones por ofrecer propuestas culturales más atractivas, con menos sujeción a lo tradicional, que a veces muestra una rigidez que no permite ser asimilada por los adolescente y jóvenes, cuya características es romper con lo que les parece viejo e imponer lo nuevo. Las instituciones tienen entonces, la responsabilidad de hallar la forma en que pueden mantener los elementos socioculturales que nos hacen distintos, sin que sea rechazado por sus receptores. Tenemos la ventaja de que los productos culturales externos son elaborados de forma general para cualquier sociedad (para ser consumidos indistintamente por cualquiera), en tanto los nuestros serán siempre más específicos con todos los elementos de cubanidad que los jóvenes cubanos saben reconocer como propios, con los que se identifican y que solo necesitan ser rejuvenecidos (adaptados a los nuevos tiempos) para evitar el rechazo. Sería cómo ver un video musical de música tradicional propuesto en conjunto con los músicos más populares y seguidos por las juventudes cubanas (Ej.: Buena Fe, El Chacal y otros exponentes del reggaetón cubano).
Pregunta 1:
La categoría joven/juventudes es un constructo que más allá de contener elementos asociados a la edad y determinaciones biológicas, comprende su evolución en el tiempo y las características del contexto en que se desarrolla. Por lo que podemos entender que se trata de una categoría determinada socio-culturalmente y por tanto cada cultura modela las maneras de ser joven. Es por ello, que aun cuando existen regularidades del desarrollo, no todos los jóvenes son idénticos, sino que existen diferencias entre ellos marcados, por ejemplo, por el lugar en que viven o sus gustos de consumo. De esta forma, no son iguales los jóvenes de La Habana a los de Cienfuegos o Santiago de Cuba o los de Centro Habana a los de Playa, ni los considerados rockeros o reparteros a los otaku o gamers.
Es notable que entre ellos también la noción de cultura es diferente, pues se va conformando en ellos una identidad colectiva que implica vivir una definición compartida en relación a lo que como grupo los moviliza (necesidades, intereses). Es por ello que las agrupaciones juveniles tienen estilos propios, objetivados a través de símbolos, atributos y prácticas que les resulta más atractivo para socializar, que realizar las actividades en un ambiente más formal o institucionalizado como puede ser un teatro o museo. La noción de cultura asumida por los jóvenes en la actualidad responde definitivamente a sus propias necesidades e intereses y a partir de ello se configura su identidad tanto individual como colectiva en la posibilidad de socializar con pares y alejarse un poco de los adultos. Ello no implica que se alejen totalmente de lo entendido socioculturalmente por juventud, sino que es necesaria una mirada más cercana a sus procesos identitarios y sus necesidades para comprender la cultura de consumo de los mismos.
Pregunta 2:
Los niveles de participación de nuestros adolescentes y jóvenes, son fundamentalmente de movilización y consumo si lo analizamos desde los macrosocial. Desde lo microsocial pueden llegar a alcanzar niveles de consulta, discusión y/o conciliación, lo que ocurre solo en algunas instituciones en las se pide el parecer, opinión y contribución a los actores en cuestión. Sin embargo, es generalizado que existen ya productos elaborados, pocos espacios para el intercambio con las poblaciones meta y sus agrupaciones, pocas posibilidades de adaptación y rediseño de las propuestas y poco interés de los jóvenes por involucrarse en el proceso creativo, lo que da al traste con que se vean invisibilizadas las necesidades, intereses y motivaciones de los grupos en cuestión, por lo que estos terminan siendo solo espectadores de los productos.
En mi experiencia la Escuela de Formación Integral "José Martí", en la que se encuentran también adolescentes del Centro de Evaluación, Análisis y Orientación a Menores de La Habana las actividades que se realizan, se encuentran planeadas y diseñadas con anterioridad y en muchas ocasiones no se consulta con los estudiantes lo que se va a realizar, lo que implica niveles elevados de insatisfacción. No obstante, existen ocasiones en las que se dialoga con ellos las ideas a ejecutar y se enriquecen las actividades a partir de sus intereses, lo que provoca mayores niveles de satisfacción y participación. Sin embargo, falta aún implicarlos en las actividades, consultar sus ideas y motivaciones, por lo que es necesario trabajar desde todas las instituciones posibles para desarrollar estrategias de participación que incluyan a estas poblaciones desde otros niveles de participación y consumo.
Pregunta 3:
Existen en la actualidad como resultado del acceso a las nuevas tecnologías como nunca antes, nuevos referentes identitarios que resultan preferidos por nuestros jóvenes. Es el caso por ejemplo de los gamers, youtubers, teams, otakus, por mencionar ejemplos, quienes han marcado su identidad a partir de su adhesión colectiva en la realización de actividades desde las redes sociales, en las que socializan, juegan en red, comparten videos o películas, etc. Ello ha resultado más atractivo para aquellos jóvenes introvertidos, tímidos y poco socializados, sobreprotegidos en muchos casos, quienes no comparten en parques u otros centros colectivos con coetáneos. Probablemente estos elementos les haga sentirse más identificados con culturas foráneas que las nacionales, pero no implica necesariamente una fractura con la identidad nacional, pues en última instancia no todos son puramente otakus o gamers, sino que comparten sus espacios con otros adolescentes y jóvenes que consumen otros productos, a los que también se sienten atraídos. Por supuesto, es necesario, prestar atención a estas modalidades de consumo para lograr productos que respondan a las necesidades e intereses de estas agrupaciones y así potenciar la elección de los productos nacionales.
Es significativo que existen otros jóvenes que consumen otros productos tanto foráneos como nacionales, ya sea en mayor o menor medida. Tal es el caso de los adolescentes con los que he trabajado, quienes aun cuando consumen productos internacionales, prefieren los nacionales, aunque estos están marcados por géneros foráneos. Estos adolescentes consumen fundamentalmente reguetón, pop, hip hop; por lo que Karol G, Chris Brown, Maluma, J. Balvin, por mencionar algunos son los preferidos. Sin embargo, los artistas nacionales como el Kimiko y Yordi, Yomil y el Dany, Chocolate, son también preferidos por ellos. Este fenómeno ocurre pues responde más a sus condiciones de vida, son artistas que provienen de sus mismas zonas de residencia, poseen características personológicas similares, han tenido dificultades para alcanzar logros personales y sociales, entre otros, lo que les hace sentirse identificados con ellos. Finalmente, son estos los elementos que en relación a la identidad nacional se ven rescatados, ya que aun cuando lo foráneo tiene impacto, existen aún productos nacionales que pueden marcar la formación de la identidad de estos grupos y asociados a sus necesidades e intereses será más probable que los defina como grupos lo nacional.
1. Definir a la juventud en términos socioculturales implica no conformarse con las delimitaciones biológicas, como la de la edad, sino tener en cuenta la influencia de lo social y lo cultural en su desarrollo. Cada sociedad tiene sus características y determina de manera distinta en cada joven, la juventud en Estados Unidos no es igual a la de México ni a la de Cuba; al igual que en los territorios, no tienen las mismas características los de Artemisa que los de La Habana. La juventud en el año 2015 no es la misma que la actual, en este contexto se encuentra la pandemia COVID 19 que ha influido notablemente en este grupo poblacional, se han adquirido otras experiencias que no tuvieron los jóvenes de la década del noventa. Por lo tanto, no se debe hablar de una sola juventud,cada contexto es distinto al igual que las características personológicas de cada ser humano.
Las culturas juveniles generalmente surgen a partir de la adolescencia; en esta etapa del desarrollo la neoformación fundamental es la identidad personal, es cuando buscan su estilo juvenil propio, objetivados a través de símbolos, atributos, discursos y prácticas culturales que son expresiones de su identidad. Reguillo (2003) considera que son un conjunto heterogéneo de expresiones y prácticas socioculturales juveniles.
Ejemplos de estas culturas son: rockeros (con todas sus denominaciones y variantes: punks, skinheads, góticos, etc), los emos, los representantes del hip hop, los ravers, los okupas, taggers. También los rastafaris, los pijos o fresas, los skaters, y otros más actuales como gamers, hipster u otakus.
Cada uno tiene sus particularidades, como por ejemplo, en el consumo musical que es una actividad rectora para cada uno de los miembros ya que muchas de las culturas se han fundado a partir de los géneros musicales convirtiéndose en símbolos de identidad como es el caso del movimiento hip hop (raperos) y rastafaris (reggae), entre otros.
En nuestro país a través de investigaciones que se han realizado se ha llegado a la conclusión de que esto es un fenómeno que ocurre de manera mayoritaria en los jóvenes. Predominan las preferencias hacia los reggaetoneros, los mickys, los frikys y los reparteros, con más de la quinta parte de estos. La pluralidad de experiencias identitarias juveniles que existen, son resultado de las dinámicas sociales que favorecen y estructuran. Ellas siempre dialogan con el contexto social que les imprime una huella y define, por tanto, así deben ser estudiadas, en función de definir las lógicas a las que responden.
Las prácticas culturales tienen estrechos vínculos con los procesos de consumo cultural de los jóvenes, a partir de que se realizan sobre todo en momentos de ocio y esparcimiento, interactuando constantemente con productos culturales.
2. Cuando estaba estudiando en la universidad tuve la oportunidad de realizar un trabajo comunitario en un grupo de adolescentes de 9no grado de la ESBU “Fulgencio Oroz” situada en la comunidad de Luyanó. Los objetivos de ese estudio era identificar las principales necesidades y problemas del grupo, sus niveles de participación social y las prácticas de consumo cultural. Con respecto a la participación social comunitaria, se pudo constatar que se ubican en la posición de beneficiarios, que no existe un nivel de participación real para la búsqueda de soluciones a los problemas que identificaron, no se perciben como necesarios para lograr los cambios en su comunidad, se encuentran en una posición de pasividad e indiferencia. No visualizan posibles vías que permitan espacios alternativos a los ya existentes en la comunidad que son prácticamente ninguno. Por otra parte, dentro de las soluciones en las cuales muestran una participación más activa, no se observa la intención de llevarlas a cabo realmente, sino que colocan esta tarea en manos de otros, obviando su papel en el asunto, o bien se involucran, pero dando soluciones elaboradas a medias, llegando solo a la dimensión de Participación Potencial.
En cuanto a las prácticas de consumo cultural la cual está mediatizada y permeada por la influencia directa de los medios y productos del exterior, dígase de los Estados Unidos y de algunos países de Europa de modo general. Las prácticas más comunes dentro del grupo son consumir el “paquete semanal” el cual oferta series, películas, shows televisivos, novelas, música, etc., todos productos del exterior en su mayoría, aunque algunas veces contiene películas, novelas, cortos y música de producción nacional.
Una vez graduada, desde mi labor clínica profesional, he atendido adolescentes y jóvenes que evidencian que la solución de los problemas de su comunidad no está en sus manos, no tienen un papel activo en ella ya que no plantean las posibles soluciones a los problemas que tienen. Es cierto que en muchas ocasiones ellos no tienen las herramientas para erradicar las dificultades pero si pueden contribuir sobre la base del razonamiento, lo que se necesita para resolver los conflictos por los que están transitando. Las prácticas de consumo se dirigen hacia el acceso a las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) , como principal tarea para ocupar el tiempo libre; el uso de las redes sociales (Facebook, Instagram, Messenger, WhatsApp y Telegram), en muchas ocasiones prefieren acudir a google para aclarar sus dudas que comunicarse con sus padres. Considero que es importante las TIC pero se debe ser cauteloso con el material que se consume y el tiempo que se le dedica a esta actividad. No se debe perder el contacto físico, este también es muy necesario para el desarrollo. Siempre alerto a los padres sobre esta temática y su labor preventiva.
3. Dentro de las nuevas prácticas culturales que han emergido en el país se encuentran los gamers y otakus. En el caso de los otakus, su práctica cultural es asociada a los animes/mangas y los gamers tienen un alto consumo de los videojuegos como Call of Duty y Dota 2 que les brinda la posibilidad de jugar en línea y estar en contacto con sus amistades. También surgen los gamers, youtubers y teams; los primeros se centran en los juegos de computadora y las tecnologías son sus ámbitos de expresión, los youtubers son generalmente jóvenes que publican videos personales en la plataforma Youtube, constituye un desafío para el país debido al alto costo del internet y la pobre infraestructura tecnológica que tenemos comparada con la de otros países más desarrollados. Los teams utilizan Facebook para compartir imágenes y videos, se reúnen para socializar con amigos y seguidores de manera online y offline. Todas estas prácticas tienen elementos que las hacen semejantes; la principal vía para la satisfacción de esta práctica es la utilización de las TIC y la alta presencia del internet, son el principal método para establecer relaciones con amistades y fomentar la comunicación, buscan el reconocimiento social y tienen una gran influencia en la formación y desarrollo de la identidad.
En estos tiempos de COVID existe una mayor utilización de estos productos digitales ya que se deben disminuir la interacción presencial. Se han tenido que retomar las teleclases como principal forma para que los estudiantes adquieran los contenidos y las redes sociales para que se mantenga la comunicación con familiares y amigos que tan necesaria es para el desarrollo personal.
Considero que no se fracture la identidad cubana por las pertenencias culturales que se practican en la actualidad siempre y cuando no se realicen campañas mediáticas que perjudiquen los principios del Estado. Creo que las prácticas culturales son una vía para el desarrollo de la identidad del país, las principales instituciones deben tenerlo en cuenta para la creación de productos juveniles más accesibles hacia estas muestras.
1. La definición de joven/juventud(es) en términos socioculturales implica concebirlas como una construcción sociohistórica, cultural y relacional. Esto quiere decir que en dependencia de la sociedad y del momento histórico sus significaciones y contenidos cambian; así como es una categoría que, a pesar de los esfuerzos de enmarcarla en determinado rango etario, para determinada sociedad puede o no existir. En tal sentido, la juventud como hoy la conocemos surge a partir de la posguerra como una forma de los vencedores de acceder a inéditos estándares de vida e imponer sus estilos y valores, a la vez reivindicando su existencia como sujetos de derecho y de consumo. Antes de esto se emplearon otras palabras a través de la historia de lo que actualmente conocemos como joven. Entre estas se hallan “efebos”, “mozos” y “muchachos”. Tienen en común la condición de responder a demandas y necesidades del contexto, en gran medida impuestas por el Estado y a modo de hacer una diferenciación entre las clases sociales. Sin embargo, el joven es un agente de cambio de su realidad individual, grupal, institucional y social. Con esto pasaré a introducir la noción de cultura asumida por los jóvenes o las juventudes. Los jóvenes construyen identidades grupales, relacionadas con tendencias culturales globales, que se caracterizan por la asunción de prácticas y símbolos que le confieren la singularidad de su cultura. En tal sentido se distinguen los emos, punks, repas, rockeros, otakus, gamers, memeros, etc. Cada una de estas culturas le dan al joven un sentido de pertenencia y permiten la satisfacción de necesidades; al mismo tiempo que pueden establecer relaciones de integración o de conflicto con las culturas hegemónicas y parentales.
2. La participación en adolescentes se encuentra en un nivel más pasivo en comparación con los jóvenes. Es más común ubicar a los adolescentes cubanos en los niveles movilizativo y de consumo o de consulta, discusión y/o conciliación, lo cual puede estar condicionado por la cultura paternalista de nuestra nación para con estas edades. No obstante, existen proyectos y experiencias interesantes que buscan una mayor participación e inclusión social de los adolescentes como lo es el Centro a+ Espacios Adolescentes, el cual mediante talleres temáticos y espacios de estudio apoya el desarrollo de las potencialidades de este período etario con un enfoque de derechos, género y equidad. Por otro lado, en la juventud si bien los niveles anteriores de participación no desaparecen también es posible encontrar los niveles de delegación y control, así como responsabilidad compartida y codeterminación. Un ejemplo del nivel de delegación y control es, actualmente, el rol de coordinador de punto de vacunación como parte de la fase III de ensayos clínicos del candidato vacunal Soberana 02. Como parte de este unos cuantos jóvenes universitarios (profesores, estudiantes y trabajadores de la Universidad de La Habana) tenemos el honor de conducir determinados procesos en los puntos de vacunación de la capital, siguiendo las orientaciones del Instituto Finlay en cuestiones básicas, pero con la posibilidad de hacer variaciones, acorde a las particularidades del contexto. En cuanto al nivel de responsabilidad compartida y codeterminación, también es común hallar espacios de este tipo en la etapa de la juventud. En la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, en la cual trabajo, los jóvenes estudiantes y profesores tenemos la posibilidad de organizar proyectos desde cero, en pos de la transformación social o del desarrollo de la ciencia psicológica. Un ejemplo de este tipo es el Encuentro Internacional de Estudiantes de Psicología, el cual lo organizan cada 2 años jóvenes estudiantes de la carrera. Aunque doy estos ejemplos desde mi experiencia personal, la tesis doctoral “Identidad nacional en jóvenes cubanos residentes en La Habana: Conexiones con la participación social” (Díaz, 2020), hace poco defendida, ofrece el resultado de que predominan en su muestra los niveles de consulta, discusión y/o movilización, así como movilizativo y de consumo en la participación de los jóvenes.
En cuanto al consumo cultural es más común en jóvenes y adolescentes el consumo de productos audiovisuales extranjeros como por ejemplo series y películas provenientes de Netflix, animes japoneses o videojuegos foráneos, en parte porque las consideran más atractivas que la oferta nacional, pero también porque es algo que está naturalizado ante la ausencia de regulaciones que prohíban la piratería de los mismos en el territorio nacional. Asimismo, la cultura audiovisual predomina en comparación con otras como bibliotecas, teatros y museos, con un desinterés marcado por manifestaciones de la cultura clásica y la preponderancia del espacio privado en lugar del público. Esto último a raíz de la pandemia se convierte en una necesidad producto de las medidas de contención implementadas. Por otro lado, ante la informatización de la sociedad cubana, con un mayor acceso a la red mediante datos móviles las redes sociales se convierten en un producto de consumo por excelencia y dentro de estas juegan un papel fundamental los memes, habiendo jóvenes cubanos que se dedican a crear muchos de estos al día y hasta decenas de miles de seguidores de los mismos a consumirlos.
3. Lo global está cada vez más presente en las grupalidades juveniles en Cuba y se expresa en accesorios, estilos de vestir, expresiones al comunicarse, prácticas en el tiempo libre, etc. Un reto fundamental es que no pase a ocupar el lugar cimero de la identidad nacional a modo de infiltración, producto de las prácticas promovidas por el neoliberalismo y la sociedad de consumo. Últimamente, quizás por los cambios a raíz de la pandemia de la COVID-19, el ámbito digital, en particular el de las redes sociales es un espacio en el que se expresa por excelencia la incidencia de lo foráneo en las grupalidades juveniles. Este adquiere su materialización a través de frases y de memes producidos en el exterior e impacta significativamente en la subjetividad de los jóvenes. También, debido a que el consumo de los jóvenes es de productos fundamentalmente extranjeros, como los que vienen en el “paquete semanal” es más fácil para estos influir en la conformación de las identidades que los productos nacionales. El desafío fundamental desde mi punto de vista está en lograr incorporar estos elementos que constituyen tendencias globales en la identidad nacional del cubano sin llegar a consumirla o a que pasen las cuestiones más tradicionales de la cubanía a un segundo plano.
1-Según Martín (2009) la juventud se define como un grupo social diferenciado: se supone una homogeneidad de base entre todos los incluidos en el abanico de edades establecido administrativamente que se defina como juventud, ya sea por una presunta naturaleza psicológica del joven, o por una presunta identidad de condiciones de existencia. En otras palabras: se niega la existencia de clases sociales, todos los sujetos tendrían unas condiciones de existencia y psicología similares. Esto es cuestionable puesto que no se puede negar que los jóvenes poseen características que los identifican pero no todos son iguales, su interés cultural estará mediado por la edad, género, color de la piel, la clase social, condiciones socioeconómicas, las etnias, etc.
Los cambios sociales actuales como la revolución tecnológica implican un mundo lleno de ofertas y recursos para consumir continuamente que atraen mayormente a la población juvenil, identificándose con el resto de grupos que consumen los mismos materiales o similares, generándose significados compartidos, sentidos de pertenencia, incluso los grupos con los que se identifiquen pueden funcionar como grupos de referencia. La apropiación de determinados elementos identitarios consisten en una forma de comunicación, de expresión personal y propia a partir de símbolos, atributos, discursos y prácticas culturales.
2-Los adolescentes y jóvenes prefieren consumir actividades culturales creativas y relacionadas con sus intereses, lo que provoca que mayormente no se involucren en actividades políticas, no se sientan motivados a participar en actividades culturales organizadas por instituciones educativas o consumir productos culturales con los que no sienten identificación ninguna como el ballet u obras teatrales prefiriendo relacionarse con sus coetáneos en sus casas, en espacios públicos (parques, malecón) e incluso disfrutar de buena música, bailar y compartir en bares y conciertos. Además, es necesario considerar la situación socioeconómica en la que se encuentren los adolescentes y jóvenes, pues esto puede dificultar el acceso a esos espacios que son de su preferencia.
La situación epidemiológica actual ha dificultado el acceso a diferentes espacios de consumo, se han realizado alternativas online para que las personas accedan a exposiciones, conciertos u obras teatrales, sin embargo, la población juvenil accede en mayor magnitud a los productos de entretenimiento que vienen “en el paquete”. Este constituye uno de los medios más consumidos por la población adolescente y juvenil, generando de alguna manera frustración e insatisfacción con la imposibilidad de disfrutar de las mismas posibilidades de recreación que aquellas personas con las que se identifica en los medios audiovisuales que consume continuamente.
Recuerdo que en mi etapa de estudiante queríamos realizar una excursión por varias provincias del país, adentrarnos en la cultura de cada provincia, pero el proyecto nunca se pudo llevar a cabo por las dificultades económicas. Igualmente, una vez realizando un taller con adolescentes encontramos insatisfacción con las oportunidades que ofrecía la comunidad, no tenían a donde ir, el parque estaba destruido, los lugares a los que les gustaría acceder poseían precios elevados, etc. No es solo crear oportunidades para atraer a los adolescentes y los jóvenes, sino amoldarlas a las posibilidades reales que posean para participar.
3-Vivimos en una época en la que la juventud se mantiene conectada con los otros, lo que hace que la cultura nacional se amplíe a los elementos que se puedan ir incorporando (consumo musical, moda, cultura culinaria, etc.) en la medida que se vaya consumiendo información desde diferentes plataformas digitales que generan satisfacción en la persona. Esta introducción de experiencias culturales asociadas a la globalización, homogenizan la práctica del consumo.
No considero que se produzcan fisuras en la cultura nacional, simplemente pienso que apropiarse de otros elementos culturales enriquecen la perspectiva del ser humano, pero sin duda es necesario continuar educando y reforzando la cultura del país para no perder los orígenes y hacer que los jóvenes de hoy se sientan parte de Cuba, así como comprometidos con su cultura.
1. En términos socioculturales la juventud se puede definir como una condición constituida por la cultura, pero posee una base material vinculada a la edad. Siendo importante destacar que esta condición no solo alude a factores biológicos, sino también a factores culturales relacionados con la edad. Es decir, se evidencia una interrelación entre la salud, las condiciones del cuerpo y el momento histórico que vive el sujeto, marcado por códigos y lenguajes que le facilita la diferenciación de periodos posteriores.
Por tanto, como plantea Mario Margulis y Marcelo Urresti ‘’Ser joven, no depende sólo de la edad como característica biológica. Tampoco depende solamente del sector social a que se pertenece. Hay que considerar también el hecho generacional: la circunstancia cultural que emana de ser socializado con códigos diferentes, de incorporar nuevos modos de percibir y de apreciar, de ser competente en nuevos hábitos y destrezas, elementos que distancian a los recién llegados del mundo de las generaciones más antiguas’’.
Destacándose, la posibilidad que brinda la sociedad de aplazar intereses, motivaciones, aspiraciones y características propias de estas etapas del desarrollo como la formación de la familia y del trabajo, para afianzar conocimientos y lograr una mayor capacitación educativa. Sin embargo, resulta importante destacar, que no se manifiesta lo anteriormente mencionado con la misma connotación en todos los jóvenes, principalmente por las condiciones histórico-cultural y la prevalencia de factores que influyen en desigualdades sociales (exclusión social por factores sociodemográficos, genéricos y raciales), marcadas por tendencias generacionales.
Surgiendo, las culturas juveniles las cuales constituyen según Fleixa (1999) la manera en que las experiencias sociales de los jóvenes son expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de vida propios (atributos, símbolos), localizados fundamentalmente en el tiempo libre, o en espacios intersticiales de la vida institucional. Donde satisfacen necesidades de esparcimiento, recreación, aceptación, de autoreafirmación, así como de consolidación de las relaciones con los grupos de iguales y el desarrollo de códigos de comunicación.
2.La Participación es un proceso activo dirigido a transformar las relaciones de poder, cuyo propósito es incrementar y redistribuir las oportunidades de los actores sociales de tomar parte en los procesos de toma de decisiones, expresándose en diversos niveles y formas. La juventud y los adolescentes cubanos forman parte de diversos organismos (en sus diferentes formas de participación (espectador, estudiante, colaborador, investigador)), donde participan activamente no solo en proyectos ya elaborados donde deben ejecutar, sino también en otros proyectos donde se los solicita su opinión y contribución, así como la toma de decisiones basándose en la identificación de necesidades, elaboración de propuestas, ejecución y evaluación de acciones. Otro ejemplo donde se observa la participación activa de la juventud es en cuanto a la decisión de dar el paso al frente ante la necesidad del país (con respecto a la realidad cubana actual con la pandemia) donde no solo jóvenes vinculados al ámbito laboral, sino también la FEU y FEEM apoyaron en la realización de diversas tareas y actividades, que tienen una repercusión e impacto social.
Con respecto al consumo cultural, este es el conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica. (García Canclini, 1992:12)
En la actualidad los adolescentes y los jóvenes tienen una mayor variedad de consumo principalmente por el consumo semanal del denominado cargue (siendo cada vez más frecuente el consumo de estos programas, respondiendo no solo a los intereses de los sujetos, sino que además les proporciona una gran variedad de opciones) y el uso de las nuevas tecnologías (las redes sociales y los espacios digitales actualmente establecidos, constituye otra alternativa de consumo utilizada frecuentemente y que favorece la participación de la población, al ser escuchados los planteamientos e inquietudes, los cuales han sido tomados en consideración). Posibilitando la creación de grupos informales donde comparten intereses, motivaciones, así como una mayor socialización y participación.
3.Considero que la existencia en nuestro país de patrones culturales internacionales, dados principalmente por los modelos de consumo y las nuevas tecnologías, no constituyen necesariamente un desafío para la identidad nacional. Pue como refiere Juliao (2012) el hecho de que siempre están apareciendo diferentes grupos que responden a nuevas sensibilidades estéticas y culturales y revelan algunas ideas que nos invitan a pensar en estas emergencias grupales, no solo como hechos o identificaciones aisladas, sino muchas veces como necesidades sentidas o expresiones sociales que tienen un correlato directo con la sociedad macro donde se expresan.
Por tanto, la existencia de una pluralidad de experiencias identitarias juveniles que existen, son resultado de las dinámicas sociales que les favorecen y estructuran, posibilitando no solo el enriquecimiento de su identidad personal sino también la complementación con su identidad nacional, a través de una adaptación al contexto cubano.
Por lo cual, considero que no existen fracturas en cuanto a la identidad cubana por la pertenencia a diversas grupalidades. Principalmente porque las características, los valores de humanidad, así como el esfuerzo día a día para solucionar los diversos problemas que puedan surgir, forman parte de la identidad cubana, la cual se mantiene estable y en interrelación con las indentidades juveniles de dichas grupalidades. Pues reproducen prácticas culturales y espacios de sociabilidad que, lejos de crear fronteras simbólicas entre unos y otros, se complementan en una unidad que posibilita entender estos procesos identitarios de manera integradora.
Para el logro de una mirada y análisis integral de la categoría identidad, no se puede perder de vista el condicionamiento socio-histórico y económico de las formaciones psíquicas y culturales, las cuales son producto de esa interpenetración entre las potencialidades biológicas, la influencia social y la interiorización que hacen surgir una subjetividad contextualizada. Tener en cuenta la relación dialéctica individuo-grupo-sociedad invita a comprender al grupo como un intermediario/propulsor de valores, normas, percepciones y representaciones de la sociedad y el individuo con su subjetividad, producto de su historia y pertenencia a los diferentes espacios de socialización y, por ende, la asunción de roles y autopercepción de identidades derivadas de tales grupos y clases sociales.
Tal como rescató Pulgarón (2020), la construcción identitaria se configura como proceso típico y nuclear del período juvenil (Dávila, 2004). La concepción psicológica de la categoría identidad ha sido enriquecida con los aportes de varios autores clásicos y contemporáneos (Erikson, 1971, 1973; Tajfel, 1984; Giménez, 1997; Montero, 2000; De la Torre, 2001; etc.); como ha sido también abordada por autores desde la sociología (Berger y Luckmann, 1969). La identidad puede ser definida desde lo personal, la colectividad, la grupalidad, la nacionalidad, el grupo etario y otros rasgos tipificadores de las poblaciones; lo que permite estudiar el fenómeno desde varios niveles de alcance psicosocialmente hablando y da origen, por supuesto, a distintos tipos de identidad.
La teoría de Tajfel sobre la categorización social señala que la autocategorización deviene sistema de orientación que contribuye a definir el lugar de un sujeto en la sociedad (identidad social, como forma de identidad colectiva) y además les permite a los otros clasificar las pertenencias grupales; a partir de aquí se dan los fenómenos de comparación social, estereotipos y la formación de prejuicios. La identidad social es el resultado de la autopercepción como miembros de determinada categoría social que incluye implicaciones emocionales al respecto, el consenso social de la evaluación del grupo propio (endogrupo) y la pertenencia a él. Las identidades colectivas se estructuran sobre orientaciones grupales compartidas que se viven como valor y devienen modelo cultural (Melucci, 1982), porque siempre son culturales. Y es que, la cultura, funciona como contenido y expresión tanto de elementos intelectuales y materiales, como de los afectivos y estéticos de un contexto social determinado, que los seres humanos y los grupos sociales que conforman emplean como marcos de referencia para la elaboración de identidades, la concesión del mundo, expectativas… (Linares, Correa y Moras, s.f).
Las identidades juveniles, según lo planteado, responden a un tipo de identidad social, colectiva, que si bien tiene como indicador la variable edad, no se agota en ella. No es suficiente la comprensión de la identidad como elemento de la contradicción, en el estadío quinto de la periodización del ciclo vital de Erikson (1971, 1993) respecto al desarrollo psicológico, en el cual planteó que el individuo debe resolver la dicotomía identidad v.s. difusión del “yo”: el período se enmarca entre los 12 y 18 años (adolescencia) y exige el logro y consolidación de la identidad “yoica” a partir de una autoimagen unificada y susceptible a la valoración social, pues debe ser significativa ante la comunidad.
La transitoriedad de la adolescencia y la juventud se asimila como una preparación de los sujetos para solucionar una tarea vital concerniente a los procesos de socialización; se trata de la autodeterminación en todas las esferas de los sistemas de comunicación y actividad (característicos las condiciones externas de su situación social del desarrollo) para el desempeño de roles sociales inherentes a la adultez (Domínguez; 2017, 2019). Por tanto, ni la identidad ni la juventud están determinadas biológicamente desde la variable etaria.
La definición y semejanza de todas las identidades juveniles es que son identidades colectivas cuyos marcos de referencia se centran en la condición de ser jóvenes y el tránsito por la etapa correspondiente: la juventud. Dávila (2004) articuló el sentido de lo juvenil y lo cotidiano desdoblado en la construcción identitaria como proceso psicosocial y las prácticas y relaciones sociales diarias; pero esta condicionante de lo juvenil resulta ser transitoria y flexible a la vez que integradora de la diversidad de los universos culturales (Feixa, 1999; Bermúdez, 2000). Este último aspecto se debe a la globalización y homogenización resultante de la primera, viabilizada por los medios de comunicación que inciden en la difusión de los límites locales, si bien no los desestima en totalidad (Reguillo, 2003), pues las identidades no pueden ser extirpadas del medio sociohistórico y cultural en el que se forman. Entonces, las tecnologías han complementado la interacción a manera de alternativa, por lo que la interacción puede darse online o cara a cara.
La juventud se comprende también como el tránsito entre la adolescencia y la adultez; puede caracterizarse por la procrastinación y aplazamiento de los proyectos futuros, la creación de una familia y hogar con la selección de una pareja estable, responsabilidades y libertades asociadas a la independencia; pero por otro lado muchos jóvenes sí emplean este tiempo en la planificación del porvenir, explorando oportunidades de desarrollo y realización tanto en los ámbitos profesional y económico como en el orden de lo afectivo. El condicionamiento multifactorial de un joven y la cultura juvenil de la que se reconoce miembro produce heterogeneidad en este estrato social tal y como sucede en otras colectividades.
Las culturas juveniles, como expresión material y espiritual de estas identidades, no escapan a otras condicionantes como el género, la racialidad, el factor generacional y el nivel socioeconómico. Estas culturas/grupos están principalmente sostenidos sobre y orientados a satisfacer necesidades de recreación, esparcimiento, autoafirmación y afiliación. A tono con ello se reafirma el vínculo entre las razones de pertenencia y los consumos culturales, ya que el consumo cultural puede ser asumido como “forma de manifestación de la participación social en la cultura… un proceso de apropiación de cultura, donde también tienen lugar procesos de diferenciación y distinción social, teniendo en su base comparaciones intergrupales” (Puig & Rivero Baxter, 2014).
En Cuba, en los últimos quince años, se han registrado como identidades juveniles a las tribus urbanas (punks, mickys, reparteros, rockeros, emos, exponentes del movimiento hip hop, skaters, otakus, frikys), y los más actuales: “teams”, “gamers” y “youtubers” (Pulgarón, 2020), cuyas prácticas de consumo están encabezadas por la música, determinados audiovisuales y el uso de las nuevas tecnologías. El papel de la tecnología ha aumentado el poder movilizativo de participación y ha expandido la ocupación de espacios públicos, no limitando la territorialidad al espacio privado e incluso, han posibilitado el contacto sin coexistencia espacial (comunicación vía intranet o internet).
Moras, Reynó y Rivero (2017) y Moras, Rivero, Piedra, & Reynó (2019) son autores que abordaron el consumo cultural en los últimos años. El primer estudio se llevó a cabo con estudiantes universitarios de las facultades de Psicología, Matemáticas y Comunicación (MatCom) y Derecho de la Universidad de La Habana y el segundo, con la población adolescente de los cinco consejos populares del municipio capitalino Centro Habana.
En la investigación de Moras et.al. (2017), los jóvenes resultaron estar más motivados por productos audiovisuales y el consumo del “paquete” semanal. La escucha de música, como práctica más frecuente en el diario, se matizó por la preferencia del género pop y romántico; mientras que pocos eligieron la radio aunque declararon interés por conciertos de música clásica y popular. Solían visitar más los espacios públicos (playas, parques, campismos, tiendas u otros lugares al aire libre) que los institucionales, en consideración a las prácticas mensuales.
Como parte de los resultados hallados en la población de adolescentes habaneros (Moras et.al., 2019), los autores señalaron poco recurrente o nulo el consumo de radio o la asistencia a espacios públicos institucionalizados como bibliotecas, casas de cultura y galerías de arte; en contraste con la popularidad de los espacios privados, espacios institucionales como cines o salas de video; escuchar música, navegar por internet, consumir videojuegos. La lectura fue una práctica preferida por aproximadamente la mitad de los adolescentes del territorio, quienes optabann por los géneros de ciencia ficción y aventura. Más del 50% de la muestra declaró su inclinación por las series, películas, novelas y musicales mayoritariamente extranjeros por su origen, a excepción de la preferencia referente a las novelas: predomina el gusto por las cubanas y latinoamericanas. En cuanto a la música como práctica cultural más reportada entre la muestra, los géneros de mayor aceptación fueron, en orden descendente, el reggaetón, pop y hip hop.
Las propuestas culturales de índole institucional, así como los espacios participativos, son limitados en cuanto a nivel (generalmente movilizativo y de consumo). Si bien existe la disponibilidad de oportunidades de desarrollo del currículum oculto y actividades de recreación, no son suficientes en cupo o del todo atractivas y económicas para la población juvenil (Pañellas, 2009; en Pulgarón, 2020). No puede aseverarse que los contenidos de las ofertas estén del todo desligadas de las necesidades de estas poblaciones o que, en su defecto, todo recaiga sobre deficiencias en la promoción y divulgación de los eventos culturales. Cualquiera que fuera el motivo principal, es innegable que debe diversificarse la oferta cultural, televisiva, musical, la disponibilidad de locales y el vínculo institucional comprometido para atender estas necesidades sentidas. Lo normativo no debe ser lo único que cuente con respaldo de recursos, ni la desconfianza en las instituciones tiene que seguir tipificando a un porcentaje poco despreciable de los jóvenes cubanos. La búsqueda activa de medios informales, aunque eficaces para la gratificación de las necesidades, como el uso del “paquete”, la navegación en internet y la condición de usuarios en varias redes sociales facilitadas por las nuevas oportunidades de conectividad, han propiciado la emergencia de estas nuevas culturas juveniles más actuales y la modificación de las dinámicas grupales que les atañen. Esto es, que surgen nuevas identidades, nuevos espacios de participación, nuevos sentidos de pertenencia e indicadores de desigualad social.
La homogenización de las prácticas socioculturales y simbólicas derivada de la globalización producen nuevas identificaciones juveniles, a causa de la exportación e idealización de patrones culturales y modelos de consumo predominantemente occidentales (Zebadúa, 2008; citado por Pulgarón, 2020) Concomitantemente, el flujo dialéctico ocasiona modificaciones en el contexto cubano y a la vez, también impacta en el constructo de la identidad nacional sin significar esto una negación o contraposición a la misma. En este punto, hay que tomar en cuenta una dimensión relacional que defiende el carácter activo del sujeto como transformador del medio social en que se halla insertado y constructor de su identidad (Berger y Luckman, 1969) y radica en el carácter intersubjetivo de la identidad (no propiedad intrínseca de cada individuo); pues es la autopercepción en comparación con los otros y la valoración de estos y solamente en la confrontación con otras identidades durante la interacción, es que puede emerger y consolidarse la identidad de un actor social (Giménez, 1997). Por tanto, asumir que las poblaciones juveniles se apropian automáticamente de los productos extranjeros, sin ejercicio crítico, niega los principios de interiorización y mediatización que definen al desarrollo psicológico de todo ser humano que vive en sociedad.
La identidad personal se conforma a partir de las distintas pertenencias a grupos sociales diferentes (identidades colectivas) y a pesar de que exista el fenómeno conocido como conflicto de rol a causa de las implicaciones de tales pertenencias, la identidad nacional no se manifiesta de forma única y tampoco se diluye enteramente por la influencia de modelos extranjeros y el consumo de símbolos culturales globales: el condicionamiento sociocultural y el intercambio cotidiano con la idiosincrasia de lo que se entiende como “cubano/a” no se agota al traspasar los límites locales. La identidad nacional, por el alcance social y colectividad que representa, tiene como propiedades una autoimagen estable en el tiempo y orientación positiva por la asociación de valores sociales y humanos reconocidos internacionalmente.
Pregunta 1:
Si se tiene en cuenta que el contexto histórico-social influye en el desarrollo humano, pues está claro que también influye en los grupos que las personas conforman. En este sentido, la categoría joven/jóvenes supone trascender las delimitaciones biológicas como la edad y tener en cuenta su evolución en el tiempo y la historia del contexto donde se desarrolla, por lo que se encuentra determinada socioculturalmemte. Ha de pensarse entonces, que aunque estén identificadas las regularidades para cada etapa del desarrollo humano, no son idénticos los jóvenes de La Habana a los de Camagüey, ni los de Playa a los de San Miguel, ni los cubanos a los extranjeros, ni siquiera los jóvenes del mismo territorio entre ellos. Por tanto la noción de cultura que estos tienen también suele diverger en algunos puntos (ya sea entre ellos mismos como con la cultura tradicional del lugar en que se desenvuelven). En mi opinión se trata más de un proceso de redescubrimiento de los patrones culturales inculcados y la confrontación con las propias necesidades e intereses. Es así que para las agrupaciones jóvenes podría ser mucho más atractivo socializar entre ellos en un lugar privado en el que puedan realizar sus actividades sin ser juzgados y sintiéndose libres que ir a ver un espectáculo en un teatro lleno de historia. Creo que sí se hacen converger la noción de cultura e identidad del territorio en cuestión, con las necesidades e intereses de las agrupaciones juveniles existentes, se lograría la influencia o al menos la inclusión de lo que la sociedad comprende como cultura en el consumo de esta agrupaciones. Entender la expresión y el consumo de otros productos "foráneos" como ruptura con la identidad cubana, en este caso, es alejar la posibilidad de diálogo con estas agrupaciones.
Pregunta 2:
Teniendo en cuenta que los productos que consumen los adolescentes y jóvenes cubanos se encuentran elaborados, que existen pocos espacios para el intercambio con estas poblaciones y sus agrupaciones (con lo cual sus perspectivas, necesidades, intereses, etc., no son visualizadas), que son pocas las posibilidades de adaptación y/o rediseño de las propuestas y que es poco el interés por involucrarse en el proceso de creativo por parte de los jóvenes, podemos decir que generalmente el nivel de participación de estos es de movilización y consumo. Esto los ubica como espectadores de los que se les propone tanto nacional como internacionalmente No obstante a esto, si se crean los espacios pueden llegar a un nivel de consulta, discusión y/o conciliación aunque no llegan a involucrarse en la toma de decisiones ni en la creación del producto, por lo que no es frecuente que se trascienda a los niveles de participación de delegación y control o responsabilidad compartida y codeterminación. Por ejemplo, en la Escuela de Formación Integral "José Martí" las actividades (culturales, deportivas, políticas) son diseñadas la mayoría de las ocasiones sin contar con los adolescentes internos o con el resto de los jóvenes que allí trabajan, esto hace que existan niveles de inconformidad elevados. Sin embargo, cuando se consulta la idea que se pretende tener de base para la realización de alguna de estas actividades se pueden obtener criterios que se relacionan más con el resultado que se desea( queremos bailar Reguetón, jugar dominó, que estén juntos las y los adolescentes) pero no con el modo de llevar eso a cabo( donde lo harías, que hace falta para lograr eso). Cuando se discute sobre las responsabilidades compartidas para lograr satisfacer sus necesidades o para intervenir en el proceso creativo, existen muy pocos voluntarios y estos no presentan una idea clara de lo que proponen, llegando a retirarse y volviendo a un nivel de participación movilizativo y de consumo o de consulta. Es necesario trabajar en esto desde todas las instituciones posibles, de manera que se desarrollen habilidades para la participación ,que les permita a estas poblaciones/agrupaciones poder participar desde otros niveles de manera asertiva.
Pregunta 3:
El consumo y la expresión cultural de las grupalidades juveniles está mediado por la satisfacción de sus necesidades e intereses. En mi experiencia profesional con adolescentes transgresores y jóvenes educadores de menores, los gustos/preferencias y consumo de lo foráneo no dista mucho respeto al consumo del contenido nacional. Esto se basa principalmente en marcar la diferencia con lo tradicional, en la búsqueda de nuevos elementos en la conformación de la autoimagen y para la formación de la concepción del mundo. También está relacionado con que los productos nacionales no resultan lo sufientemente atractivos como para ser elegidos por encima de los extranjeros. Es así, que prefieren escuchar trap, reggaeton o fusión antes que trova, prefieren bailar otros ritmos antes que son, rumba o casino, imitan la vestimenta de Chris Brown antes que la de Israel Rojas o Cándido Fabré y prefieren series en donde se represente la vida soñada(principalmente en lo referido a lo económico) antes que aquellas que representan su propias realidades ( con todas sus carencias y conflictos). En estos últimos tiempos se observa, en alguna medida, la diversificación en las propuestas cubanas y aunque aún no llegan a ser más escogidas que las extranjeras, me parece que son más elegidas que antes. Es el caso de productos audios como "Conducta", "Pablo", " Zoológico", "Mucho ruido". Con respecto al consumo musical tenemos al Kimiko y Yordi, a Yomil y el Dany, Buena fe, entre otros. Finalmente considero que no existe una ruptura con la identidad nacional, pues si se logran productos ( en el sentido más amplio de la palabra) que respondan a las necesidades e intereses de estas agrupaciones ( en donde se articulen elementos de identidad nacional con los elementos de identidad grupal), se podría potenciar la elección por productos nacionales, aunque esto no suponga la inexistencia de la influencia e identificación con material foráneo.
1. La juventud está atravesada por todas las divisiones sociales, económicas, políticas y culturales que hay en la sociedad. Esta posición alude a factores biológicos (estado de salud) y sociales (códigos, gustos, experiencias, habilidades y lenguajes propios de su generación, también la posibilidad de postergar exigencias de la edad adulta como formar una familia, mantener un hogar, vivir del propio trabajo). Las mismas dependen de los factores culturales, del género y de la clase, pues pertenecer a clases sociales de bajo poder adquisitivo suele estar relacionado con la necesidad de proveer económicamente al hogar de manera inmediata, sin tener los privilegios que les son conferidos a este grupo en clases de mayor poder adquisitivo. La realización tecnológica y sus repercusiones en la organización productiva y simbólica de la sociedad, la oferta y el consumo cultural, y el discurso jurídico, se constituyen en tres elementos que le dan sentido y especificidad al mundo juvenil, más allá de la fijación de unos límites biológicos de edad, plantea (Reguillo, 2000).Ser jóvenes está asociado a diversos factores que determinan diferencias sociales como el género, la etnia, lugar de residencia, poder adquisitivo, color de la piel, pero todas enmarcadas en una determinada época portadora de ciertas tendencias generacionales; es en este contexto donde se desarrollan las culturas juveniles que consisten en estilos juveniles propios, que se objetivan a través de símbolos, atributos, discursos y prácticas culturales disímiles. En la adolescencia existen necesidades de entretenimiento, de aceptacion , de reafirmación, de seguir la moda, los ideales por famosos, la importancia q se le conceden a los grupos y las relaciones entre coetáneos.
2. Conocer las características de las prácticas culturales de los diversos grupos poblacionales, así como sus intereses y expectativas son demandas esenciales para desarrollar acciones tendientes a estimular los consumos culturales, entendidos como la forma en que los sujetos se apropian e interactúan con los bienes y servicios culturales. En la actualidad, en nuestro país existe una clara voluntad política de estimular la participación de las nuevas generaciones como vía para garantizar el relevo artístico, preservar la continuidad de las
tradiciones culturales y alcanzar el máximo desarrollo cultural de la población. La participación es un proceso que a nivel psicológico supone un acto de decisión, de toma de partido, se expresa en prácticas concretas que se presentan en varios niveles: movilizativa y de consumo, consulta, discusión y/o conciliación (proyectos de acción elaborados en los que se solicita opinión o contribución), delegación y control (transferencia de poder para aplicar y controlar un proyecto preexistente), responsabilidad compartida y codeterminación (intervención en la toma de decisiones). En particular la adolescencia, por sus características y en especial por las transformaciones que acarrea tendientes a la configuración de una personalidad adulta, deviene una etapa de imprescindible conocimiento. Los comportamientos culturales de los adolescentes que alcanzan los mayores porcientos de realización son ver
televisión, jugar, conversar con amigos y escuchar música. Ir a fiestas, leer, ver video, hacer
ejercicios y pasear también muestran porcientos importantes para este grupo de edad. Algunos asisten habitualmente a bibliotecas, librerías, salas de cine y de video. Esto se asocia a la importancia que adquieren dichos lugares para la sociabilidad, el encuentro y la compañía de amigos, lo que reafirma la importancia que asume el grupo en estas edades. A su vez, indica la necesidad de desbordar las fronteras físicas que imponen el hogar y
la presencia de los adultos. Los medios de comunicación constituyen las principales fuentes de consumo cultural de esta población. Al analizar los patrones de gustos que acompañan cada uno de estos, vemos que sus preferencias se concentran en programas musicales, en películas, telenovelas. El uso de la computadora. En cuanto al uso de la computadora para estudiar o entretenimiento en mayor medida incremento de la utilización de aparatos de comunicación masiva en el marco familiar, así como la poca interacción con ofertas locales y bienes culturales "clásicos", que recaen, fundamentalmente, en sectores de altos ingresos y niveles educativos superiores. El consumo de medios masivos, se refiere a espacios de sociabilidad propios, circunscritos al hogar. La casa se convierte entonces en el
sitio donde se desarrolla la mayor parte de las actividades culturales. Este ámbito se ha tornado, gracias a la tecnología, en un centro de recepción y de consumo inevitable, la cual ofrece una amplia variedad de soportes que permite la circulación de expresiones culturales.
3. La identidad, aunque cuasi estable, se transforma y atempera, pues está influenciada por los cambios contextuales y las nuevas formas de hacer que incorporan los miembros del grupo. La juventud se incluye en esta realidad. La pertenencia a “las juventudes” implica una serie de criterios que connotan comportamientos, concepciones y creencias. Los jóvenes poseen diversas identidades que se complementan unas con otras y que conforman y enriquecen su identidad personal, por lo que la pertenencia a estas culturas juveniles también se complementa con la identidad nacional, por lo que las prácticas y códigos que proclaman estas grupalidades pueden adaptarse y modificarse a nuestro contexto. La consolidación de los intereses, que conlleva a la preparación profesional y laboral, sobre la que se estructuran proyectos futuros, la variedad de ámbitos de desarrollo y la selectividad respecto a su participación y forma de interacción, son características que tipifican a los colectivos juveniles. La coincidencia entre los estudios sobre identidad nacional realizados en la población general ,donde se evidencia que los cubanos poseen una autoimagen, estable en la que sobresalen elementos positivos del carácter y elevados valores humanos y sociales, dirigidos a la solidaridad, las buenas relaciones humanas, la capacidad de trabajar y enfrentar los problemas con sacrificio y optimismo; y los estudios realizados sobre la autopercepción de las culturas juveniles , donde salen a relucir en todas estas grupalidades características similares a las referidas en los estudios sobre la identidad cubana, así lo demuestran. La identidad nacional, sigue los derroteros de los procesos identitarios grupales, con la particularidad de que sus miembros son mucho más heterogéneos, así como sus realidades. La posibilidad de incorporar valores, formas de hacer y pensar foráneos, no representa una renuncia a lo auténtico, por el contrario, lo nutre, lo enriquece, contextualiza.
1-Problematice en torno a dos ideas trabajadas en clase: la definición del joven/juventud(es) en términos socioculturales y la noción sobre cultura asumida por los jóvenes o las juventudes.
En nuestra sociedad los conceptos generalmente utilizados como clasificatorios de la edad son crecientemente ambiguos y difíciles de definir. Infancia, juventud o vejez son categorías imprecisas, con límites borrosos. En alguna literatura sociológica reciente, se trata de superar la consideración de "juventud" como mera categorización por edad, incorporando el análisis de diferenciación social y la cultura. Teniendo en cuenta que las vivencias de un joven en Kenia no tienen nada que ver con las de un joven en Canadá o en otro país, ya que cada sociedad aporta exigencias diferentes que influyen en la actuación de los jóvenes, así mismo se debe considerar el momento histórico a analizar, ya que la juventud del siglo XIX no se desarrollo socioculturalmente igual a las juventudes del siglo XX, podemos decir que, la juventud no está biológicamente determinada, sino definida socialmente por la naturaleza de la actividad que se desarrolla en la etapa, la que condiciona un conjunto de relaciones sociales específicas que conforman el status juvenil (condición juvenil) a partir del significado propio de dicho período.
Las culturas juveniles es un término que emergió a partir de la postguerra, y se constituye en nuevas formas de asociarse e identificarse como jóvenes, localizados durante el tiempo libre o en espacios intersticiales de la vida institucional. Teniendo en cuenta que en esta etapa la neoformacion fundamental es la identidad personal que expresan a través de estilos juveniles propios, objetivados a través de símbolos, atributos, discursos y prácticas culturales. Permeado por las condicionantes tales como el género, la clase social, las etnias y la pertenencia a una generación.
Las prácticas culturales tienen estrechos vínculos con los procesos de consumo cultural de los jóvenes, a partir de que se realizan sobre todo en momentos de ocio y esparcimiento, interactuando constantemente con productos culturales. Pensar el tema de las culturas juveniles en Cuba hoy, implica pensar, no solo desde esquemas preestablecidos y lineales, sino que resulta clave mirar y problematizar sobre ellas desde el carácter dinámico que les distingue.
2- Analice cómo se manifiestan los procesos de participación y consumo cultural de jóvenes y adolescentes cubanos. Ejemplifique a partir de los espacios, experiencias e instituciones
El proceso de participación y consumo cultural de jóvenes y adolescentes cubanos es un fenómeno eminentemente capitalino y urbano en sus inicios, se caracterizan por seguir una perspectiva estética o por seguir una moda. Se pone de manifiesto la búsqueda de autoconocimiento, la autoafirmación y el reconocimiento social. Es una forma de búsqueda de diversión, recreación, así como de compartir con coetáneos que presentan intereses comunes a los de ellos. Según la literatura consultada, nuestro país se destaca que predominan la preferencia hacia los reggaetoneros, los mickies , frikys y los reparteros. Las prácticas culturales tienen estrechos vínculos con los procesos de consumo cultural de los jóvenes, a partir de que se realizan sobre todo en momentos de ocio y esparcimiento, interactuando constantemente con productos culturales. Escuchar determinada música o ver audiovisuales, deriva en que también se construyan preferencias por lugares específicos de consumo.
3- Discuta sobre la incidencia de lo foráneo presente en muchas de las grupalidades juveniles en el país y sus desafíos en torno a la identidad nacional? Se producen fracturas en torno a la identidad cubana por tales pertenencias? Problematice sobre esto y mencione ejemplos de ser posible
En estos tiempos de pandemia se ha hecho necesario un mayor consumo de la tecnología digital ya que se debe disminuir la interacción presencial, lo que ha aumentado notablemente el uso de las nuevas prácticas culturales que ya se venían identificando en nuestro país, como son los hipster , otakus (asociado a los mangas/animes), los gamers (alto consumo de videojuegos, con posibilidades de jugarse en línea y mantenerse conectados estableciendo o manteniendo relaciones interpersonales), youtubers ( son videos personales que se suben a la plataforma de youtube, el uso del facebook para compartir imágenes y videos asi como establecer relaciones interpersonales on-line y off line. Esto establece la emergencia de nuevos referentes identitarios vinculados a nuevas dinámicas sociales, Centralizando el papel de las tecnologías, como nuevas formas de participación juvenil, de hacer y decir como jóvenes. A través de las tecnologías representan sus realidades e intereses juveniles. Lo cual no deja de ser un reto en nuestro país, por el acceso a internet, teniendo en cuenta que, llegamos con rezago en comparación al contexto mundial y al intenso bloqueo al que está sometida Cuba.
La pluralidad de experiencias identitarias juveniles es el resultado de las dinámicas sociales que les favorecen y estructuran. Ellas siempre dialogan con el contexto social que les imprime una huella y define, por lo que en mi opinión, no producen fracturas en torno a la identidad cubana por tales pertenencias, sino que nos actualiza a nivel mundial y al contexto actual.
1. Problematice en torno a dos ideas trabajadas en clase: la definición del joven/juventud(es) en términos socioculturales y la noción sobre cultura asumida por los jóvenes o las juventudes.
La definición de joven o juventud responde a una construcción social, en la que se enmarca a un conjunto de individuos que reúne una serie de características biológicas, psicológicas y sociales. Esta categoría social responde en mayor medida a la posición social que ocupan dichos sujetos, marcada principalmente por su transitoriedad a la adultez. Enmarcarla en rangos de edad es una práctica en lo fundamental con objetivos metodológicos al momento de investigar a los miembros de la etapa, pero considero que más que la edad, esta etapa está delimitada por la posición del sujeto ante la sociedad, su sistema de actividades, de comunicación, así como su posición psicológica, y asunción o no de roles más o menos adultos.
No obstante, no considero válido hablar de juventud en singular, sino de juventudes, dado que, en tanto construcción social, responde culturalmente al medio histórico-social concreto en el que los jóvenes se desenvuelven. Siendo así que la juventud habanera se diferencia de la santiaguera, y así según la cultura de cada país y sus regiones. Uno de los elementos que diferencian en este sentido a las juventudes es el consumo cultural y la asunción de dichas culturas.
Es así como dentro de la juventud cubana se pueden encontrar diferentes grupos juveniles que se diferencian entre si por el consumo cultural que realizan, ya sea por preferencias musicales, de material audiovisual, actividades deportivas y recreativas, etc. Dichos consumos se identifican con actividades concretas y en muchos casos determinado consumo culturar excluye otros, estableciéndose diferencias claras entre las conductas sociales de los grupos juveniles.
2. Analice cómo se manifiestan los procesos de participación y consumo cultural de jóvenes y adolescentes cubanos. Ejemplifique a partir de los espacios, experiencias e instituciones
Según una investigación del instituto Juan Marinello (Correa Cajigal, S.; Alzugaray, M. C. y Linares Fleites, C., 1998) adolescentes y jóvenes consumen principalmente música, cine y literatura. En cuanto a los géneros musicales predomina el gusto por la música romántica, popular bailable y la discoteca. En los adolescentes predomina el interés en el cine por los policiacos, artes marciales y aventuras, mientras que entre los jóvenes el interés está en policiacos, aventuras y ciencia ficción. En relación a la literatura el interés se encuentra en novelas, cuentos y poesía. En cuanto a la realización de actividades culturales predominan entre adolescentes y jóvenes ver televisión, escuchar música, ver películas y bailar, disminuyendo todas gradualmente con la edad. Por otra parte, las formas de participación más frecuentes por mucho son como espectador, fundamentalmente desde casa, espacios estatales o privados.
En Consumo Cultural. II Encuesta Nacional, del Instituto Juan Marinello y la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (2009), llama la atención que entre los adolescentes, aunque predomina la práctica de actividades culturales de ver TV, pasar tiempo con amistades, ir a fiestas, leer y ver audiovisuales, la práctica de actividades y consumo cultural es muy diversa, así como el interés por aquellas que no realiza, dando una idea de la potencialidades culturales de la etapa. La mayor participación se da como espectadores principalmente en espacios estatales como casas de cultura, museos y bailables, en gran medida mediados por la acción de padres y familiares. No obstante, el mayor consumo cultural se da entre los mismos adolescentes como parte de la relación con sus coetáneos y muchas veces alejados de la supervisión adulta.
Entre los jóvenes igualmente destaca el consumo de televisión, música y la lectura. En cuanto a las prácticas del consumo predomina el pasar tiempo con familiares y/o amigos, asistencia a bailables y/o conciertos y el consumo de bebidas alcohólicas.
De manera general, se aprecia que el consumo e interés cultural es más variado en adolescentes, estando su participación muy ligada a los espacios estatales y la acción de familiares y adultos, no obstante, una buena parte del consumo lo llevan a cabo entre ellos mismos y fuera de la supervisión adulta. Los principales intereses de este grupo se encuentran en la música y temas de tendencia, la televisión, fundamentalmente ligada a los espacios musicales, el cine y la literatura, aunque se muestran interesados en un diapasón más amplio. En el caso de los jóvenes, se aprecia como el consumo cultural se centra en la televisión, la música y la literatura, apreciándose una disminución gradual de la participación, fundamentalmente como espectadores, a medida que aumenta la edad. La mayor parte de dicha participación tiene lugar en espacios estatales, aunque las actividades que predominan son las de tiempo con familiares y amigos.
3. Discuta sobre la incidencia de lo global presente en muchas de las grupalidades juveniles en el país y sus desafíos en torno a la identidad nacional. ¿Se producen fracturas en torno a la identidad cubana por tales pertenencias? Problematice sobre esto y mencione ejemplos de ser posible.
En cuestión de cultura, nivel cultural y educativo en una sociedad, el conocimiento, manejo y adquisición de lo global siempre ha sido un indicador de elevado nivel cultural. En la actualidad el acceso a las fuentes culturales, los consumos y prácticas está más cercano a la generalidad de la población gracias al acceso a la internet, que ha sufrido un BUM en los últimos tres años, dejando de ser un recurso disponible solo para una parte de la población, alcanzando niveles masivos en poco tiempo. El manejo de estas nuevas formas de acceso a la información y la cultura ha sido relativamente más accesible a adolescentes y jóvenes, quienes logran apropiarse con relativa facilidad del manejo de los dispositivos móviles y portátiles. A esto se le suma en el último año, a raíz de la Covid-19 los consumos por distanciamiento social de materiales no solo recreativos mediante las redes sino también educativos, lo que ha disparado los niveles de consumo de internet existentes hasta el momento.
El acceso a estos consumos culturales, posibilita la adopción de prácticas culturales foráneas, que pudieran ser vistas como lacerantes de la identidad nacional. Particularmente no comparto ese criterio. Considero que la identidad nacional como construcción socio-cultural, es cambiante, aunque con una base estable que radica en sentimientos de amor a la patria e identificación con la generalidad de las prácticas culturales. Por lo que el consumo y práctica foráneas eventualmente terminan asimilándose como parte de la identidad nacional con características propias o bien se desechan con el tiempo.
Ejemplo de esto lo podemos encontrar en la cocina cubana, con base en la española, pero características propias; el jazz, nacido en Estados Unidos, con elementos de la rumba cubana; el Ballet clásico cubano, destaca por coreografías donde se realza el elemento ritmo sobre el melódico, y así incontables ejemplos.
Pregunta 1:
El entorno sociocultural en que se desarrollan los jóvenes produce diferentes significados, representaciones y sentidos para esta etapa de la vida. Las juventudes son determinadas por procesos históricos, culturales, sociales, económicos y políticos. Son capaces de transformar, y crear nuevas y mejores condiciones de desarrollo. Aunque en esta etapa, ocurren un conjunto de cambios particulares, y la literatura describe regularidades del desarrollo, está atravesada por las características del contexto social y cultural en que se desenvuelva. Los significados sociales, las normas, las expectativas en torno a la juventud difieren de una sociedad a otra, incluso a lo interno de ellas se producen diversas configuraciones producto del acceso a oportunidades, recursos económicos, religión, nivel de escolaridad, lugar de residencia, y espacios de socialización. Son factores que matizan los elementos identitarios de las juventudes, la construcción de la identidad de una generación, en sus formas particulares de vivir, apreciar, movilizarse, y responder.
En la actualidad, patrones culturales universales alcanzan a mayor cantidad de jóvenes en comparación con la que podía pensar algunos años atrás. Las redes sociales y el mundo virtual han ganado fuerza en la vida de los jóvenes. Se expanden con rapidez y se convierten en rasgos distintivos. La pandemia de la Covid-19 ha hecho más poderoso el impacto de estos contenidos e incluso muchas veces por la inmediatez de este espacio se ha disminuido la mediación del análisis y la criticidad de lo que estamos expuestos. La vida social, personal, profesional, participativa y de consumo de los jóvenes se desarrolla en gran medida en el espacio virtual y ha desencadenado nociones culturales que se comparten más a nivel universal, desde el tipo de música, vestuario, modos de recreación, y preferencias de ofertas de consumo.
Pregunta 2:
La participación de los jóvenes y adolescentes cubanos se desplaza por los diferentes niveles en que esta puede tener lugar. En la actualidad, la juventud cubana se encuentra involucrada en tareas y líneas principales de desarrollo del país y afrontamiento a la pandemia de la Covid-19. La voluntariedad en los centros de aislamiento, en los sitios de vacunación de los ensayos clínicos de los candidatos vacunales, los proyectos comunitarios concebidos desde instituciones universitarias, los múltiples emprendimientos creados, las tareas de organización y productividad, son ejemplo de los espacios de participación de la juventud cubana. Cada día en las noticias damos cuenta de la proactividad y la acción juvenil en los escenarios más complejos. Hay muchos retos en torno a esto, potenciar la confianza en las instituciones e impulsar la acción de los jóvenes desde los marcos de sus instituciones estudiantiles y profesionales forma parte de ello.
Las redes sociales son un espacio diverso donde no solo se muestra evidencia de esta participación, sino que es un importante proveedor de ofertas culturales para la juventud. En la actualidad, concentra la mayor parte de su consumo cultural, y también ha ofrecido espacio para el desarrollo de iniciativas e ideas por parte de los propios jóvenes. También, debido a las condiciones epidemiológicas actuales y el cierre de los lugares, ha significado la posibilidad de que muchas instituciones con estos fines trasladen sus ofertas y habituales productos culturales al espacio virtual, la radio y la televisión, para que puedan ser disfrutados.
Pregunta 3:
La influencia de patrones culturales extranjeros en grupos juveniles cubanos ha estado marcada por la mayor apertura a la visualización y disfrute de lo externo, y la universalización de referentes culturales a través de las redes sociales. Ha producido transformaciones importantes en la identidad de estas generaciones jóvenes cubanas con relación a concepciones y modelos hasta entonces concebidos. Las grandes potencias, decisoras de la mayoría de los contenidos que se divulgan y la rápida incidencia que tienen en el mundo juvenil propicia que se construyan rasgos distintivos generacionales que se alejan de representaciones y tradiciones cubanas. Es además una etapa que debido a los procesos de construcción de su identidad en los cuales se encuentra inmersa, la hace más vulnerable a la influencia de lo nuevo, lo diverso, lo popular. Con ejemplos a veces naturalizados pero que suponen puertas de entrada para influencias mayores, como los géneros musicales, los bailables, o el idioma de la música que se escucha. Por otra parte, en la actualidad los jóvenes tienden a crear sus propios espacios de recreación, socialización, muchas veces distanciados de los preconcebidos para disfrutar de la cultura. Es una forma de alejarse de la identidad cubana a través de la lejanía territorial, como las instituciones culturales existentes.
1-La juventud es una condición que se articula social y culturalmente. Presenta diferentes modalidades según la incidencia de una serie de variables. Las modalidades sociales del ser joven dependen de la edad, la generación, el crédito vital, la clase social, el marco institucional y el género. Se dice que la juventud depende de una moratoria, un espacio de posibilidades abierto a ciertos sectores sociales y limitado a determinados períodos históricos. Ser joven, por lo tanto, no depende sólo de la edad como característica biológica, como condición del cuerpo. Tampoco depende solamente del sector social a que se pertenece, con la consiguiente posibilidad de acceder de manera diferencial a una moratoria, a una condición de privilegio. Hay que considerar también el hecho generacional: la circunstancia cultural que emana de ser socializado con códigos diferentes, de incorporar nuevos modos de percibir y de apreciar, de ser competente en nuevos hábitos y destrezas, elementos que distancian a los recién llegados del mundo de las generaciones más antiguas. Se ofrece de manera diferente al varón o a la muchacha, la mujer tiene un reloj biológico más insistente, que recuerda con tenacidad los límites de la juventud instalados en su cuerpo. La juventud, para un varón joven de clase alta, difiere como crédito social y vital respecto de una mujer joven de su clase, y más aún respecto de una mujer de igual edad perteneciente a sectores populares.
2-El consumo cultural es un fenómeno de naturaleza dinámica reconocido por varios autores. García Canclini 1992 defiende su carácter activo, en tanto proceso donde las personas asimilan, rechazan o negocian aquello que se les ofrece.( Todo bien es un estímulo para pensar y al mismo tiempo un lugar impensado, parcialmente en blanco, en el cual los consumidores cuando lo insertan en sus redes cotidianas, engendran sentidos inesperados) Esto está dado en gran medida por lo que se considera escenarios descodificadores y reinterpretadores, es decir por las distintas estancias mediadoras entre lo que se ofrece y lo que se consume. En Cuba este tema se ha hecho presente en los campos de investigación donde se reflejan intereses y patrones de consumo cultural diferentes de acuerdo al sexo, edad, nivel educacional y lugar de origen. Por ejemplo; En los adolescentes el consumo cultural que alcanzan los mayores porcientos de realización son ver tv, jugar y conversar con amigos y oír música, también muestran un especial interés por la lectura aunque las hembras muestran especialmente su inclinación por realizar este tipo de actividad. Atendiendo a los rasgos sociodemográficos de los individuos, la música tiene las cifras más altas de selección en todos los grupos de edad, nivel educativo, ocupación, hombres y mujeres. El cine lo prefieren los jóvenes entre 15 a 20 años, estudiantes de nivel superior de escolaridad. Así como la literatura es preferida por jóvenes entre 15 a 35 años, estudiantes de nivel superior, dirigentes en general estudiantes y trabajadores siendo la cifras más bajas en trabajadores por cuenta propia, jubilados y los de nivel educativo primario. En los adultos a partir de 15 años el consumo cultural gira en torno al uso de los medios de comunicación masiva como la tv y la radio.
3-La dependencia foránea en cuanto a las reflexiones y modo de abordar los medios, que atenta contra una manera propia de analizarlos, haciendo prevalecer modelos y corrientes norteamericanas ha provocado que en los últimos años se viva una fuerte influencia de lo foráneo. Esto está relacionado en gran medida con las facilidades para el acceso a internet entre otras, lo que nos brinda la posibilidad de conocer muchas culturas extranjeras e ir incorporando a nuestra propia cultura juegos, actividades, comidas y hasta celebraciones de fechas que cinco años atrás no conocíamos. Estas influencias han provocado que algunas costumbres cubanas estén un tanto olvidadas.
Yumisleydis Salgado Facundo (G1)
yumisleydis.salgado@nauta.cu
1-El concepto de juventud ha adquirido innumerable significados: sirve tanto para designar un estado de ánimo, como para calificar lo novedoso y lo actual, incluso se le ha llegado a considerar como un valor en sí mismo. Este concepto debe ser tratado desde la diversidad de sus sectores. Su definición va en función de dos conceptos: lo juvenil y lo cotidiano. Lo juvenil nos remite al proceso psicosocial de construcción de la identidad y lo cotidiano al contexto de relaciones y prácticas sociales en las cuales dicho proceso se realiza con anclaje en factores ecológicos, culturales y socioeconómicos.
El proceso de construcción de identidad se configura como uno de los elementos característicos y del período juvenil el cual se asocia a condicionantes individuales, familiares, sociales, culturales e históricas determinadas. Por otra parte, es un proceso complejo que se constata en diversos niveles simultáneamente. Se ha distinguido la preocupación por identificarse a un nivel personal, generacional y social.
Es una etapa donde tiene lugar un reconocimiento de sí mismo (identidad individual); este proceso trae consigo las identificaciones de género y roles sexuales asociados. Además se busca el reconocimiento de un sí mismo en los otros que resultan significativos o que se perciben con características que se desearía poseer y que se ubican en la misma etapa vital. Ello constituye la identidad generacional.
La identidad refiere obligatoriamente al entorno, el ambiente, la identidad generacional implica modos de vida, particularmente prácticas sociales juveniles y comportamientos colectivos. También involucran valores y visiones de mundo que guían esos comportamientos a partir de sus vivencias que forman parte de la cultura y a su vez del consumo y prácticas culturales a través de la participación.
Todo este proceso deviene en conductas y formas de proceder las juventudes que expresan la relación con los objetos culturales (música, teatro, lectura, televisión, radio, museos, compartir con familiares, amigos, etc.
2-Los adolescentes y jóvenes comparten espacios para disfrutar de la música, la cual ocupa un lugar especial en sus prácticas culturales. Su consumo se realiza principalmente a través de múltiples vías como la radio, la televisión, celulares y el paquete semanal, en dependencia de su acceso, otras tecnologías como computadoras, bocinas portátiles, etc. Esta práctica constituye a su vez un eje estructurador de espacios de sociabilidad significativos para esta edad, como fiestas u otras actividades de interacción grupal.
Otras prácticas como ir a fiestas, leer, ver video y hacer ejercicios y pasear son espacios importantes para este grupo de edad. Por la importancia que tiene en el ámbito comunitario, como responsable de la mayoría de las acciones culturales de los territorios, es preciso señalar la importancia que tienen las instituciones culturales para los adolescentes, existen en las comunidades las casas de cultura. Sin embargo para adolescentes y jóvenes la asistencia a espacios culturales como bibliotecas, librerías, salas de cine y de video no es significativa.
Actividad importante al referirnos a las frecuencias anuales de realización, tal es el caso de carnavales, parrandas, verbenas o semanas de la cultura, en las cuales moviliza gran parte de la población por la tradición que poseen.
En ese sentido también se plantea como consumo significativo en nuestras ciudades los parques y las plazas, cuyo ambiente constituye escenario idóneo para que los diferentes grupos sociales identifiquen en ellos espacios propios, a la vez que atesoran patrones de comportamientos que logran transmisión de generación en generación, ocupando un lugar muy especial en el imaginario de la población estudiada.
Salir a comer o a merendar, es también un paseo especial entre las prácticas del cubano, para lo cual existen en nuestras ciudades múltiples opciones en moneda nacional, que avalan la alta frecuencia de este comportamiento.
Espacios especiales por las características de nuestro clima y por la variedad de opciones que incluye son las playas, campismos y excursiones. Estos representan ámbitos de recreación y sociabilidad que por lo general se acompañan de prácticas culturales como son escuchar música, bailar, jugar, etc.
El mundo de las tecnologías es otro espacio de gran relevancia para el consumo cultural en la actualidad, el cual le imprime un sello diferente, pues es de gran valor tanto el espacio online y sus posibilidades de interacción, como el contacto físico y la comunicación directa entre sus miembros
A manera de resumen podemos decir que las prácticas culturales están estrechamente vinculadas con los procesos de consumo cultural de los jóvenes, a partir de las actividades que se realizan sobre todo en momentos de ocio y esparcimiento, interactuando constantemente con productos culturales.
3-La pluralidad de experiencias identitarias juveniles es el resultado de las dinámicas sociales que les favorecen y estructuran. Ellas siempre dialogan con el contexto social que les imprime una huella y define, y por tanto así deben ser estudiadas en función de definir las lógicas a las que responden.
La incidencia de lo foráneo en Cuba se observa a partir de las nuevas tecnologías, una tendencia de consumo cultural a través de ésta y las redes sociales, entre estas culturas surgieron grupos como los gamers, youtuvers, teams.
A partir de estos nuevos procesos identitarios surgen los otaku; son un grupo de adolescentes y jóvenes aficionados a los dibujos animados japoneses, llamados mangas y anime, son activos consumidores de éstos. A través de los cuales surgen nuevas formas de socialización.
Por tanto cuando ponemos la mirada en el concepto de identidad nacional, este plantea que es un proceso multidimensional y cambiante, capaz de englobar a los diferentes grupos que componen la estructura social, a los rasgos particulares de socialización y a las transformaciones de los momentos históricos pues eso denota la necesidad de prestar especial interés a los cambios y diferentes formas de grupalidad de adolescentes y jóvenes que puedan enriquecer nuestra cultura, eso forma parte de la identidad cultural de nuestro país y por tanto van aportando un conjunto de elementos característicos de una nación, con los que sus habitantes se identifican, diferenciándose así de otras naciones.
Respuesta #1:
Considero importante señalar que la juventud, no está biológicamente determinada, sino definida socialmente por la naturaleza de la actividad que se desarrolla en la etapa, lo que conforma el status juvenil (condición juvenil) a través del conjunto de relaciones sociales específicas. Por lo que la autora coincide con que la juventud es una categoría histórico-concreta que designa un grupo sociodemográfico internamente diferenciado según su pertenencia a la estructura social, constituyen su segmento más dinámico y móvil (Domínguez, 2000). La juventud como categoría construida culturalmente, esta vinculada a los contextos socio históricos, y en este sentido resulta importante señalar que las culturas juveniles se refieren a la manera en que las experiencias sociales de los jóvenes son expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de vida distintivos. Resaltar entonces que el factor estructurador de las culturas juveniles es la generación, la cual se considera el nexo que une biografías e historia, al ser la juventud un momento clave en el proceso de socialización, donde las experiencias compartidas van a perdurar en el tiempo. La construcción cultural sobre la juventud adopta diferentes formas mediante las cuales cada sociedad modela las maneras de ser joven, expresándose de forma identitaria, siendo pues las culturas juveniles expresión de las identidades juveniles, las cuales se expresan a través de símbolos, atributos y prácticas culturales, las cuales van a estar localizados durante el tiempo libre, y mediadas por condicionantes como el género, la pertenencia a una generación y van aparecer súbitamente en la escena pública. En nuestro país, las culturas juveniles se caracterizan por seguir una perspectiva estética o una moda, búsqueda de autoconocimiento, la autoafirmación,el reconocimiento social y donde la diversión, la recreación y el compartir con coetáneos son intereses comunes.
Respuesta # 2:
La participación es un proceso activo encaminado a transformar las relaciones de poder y tiene como intención estratégica incrementar y redistribuir las oportunidades de los actores sociales de tomar parte en los procesos de toma de decisiones. El consumo cultural es una forma de participar en los procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica. (García Canclini, 1992:12) En esta conceptualización se destaca que no se define según el tipo de productos que se usan, o sea si son bienes materiales o culturales, como habitualmente se hace, sino del valor simbólico que se les atribuye por parte de los sujetos.Un elemento de importancia reconocido por varios autores, es la naturaleza dinámica del consumo, el cual se expresa en prácticas concretas, que varían en función de los individuos, los grupos y las sociedades. Al respecto García Canclini (1992) reafirma su carácter activo, donde las personas asimilan, rechazan o negocian aquello que se les ofrece. Los adolescentes y jóvenes se manifiestan y crean sus espacios para la satisfacción de necesidades e intereses, las cuales consumen. Moras 2019, señala que en estas edades (adolescencia) suelen identificarse los consumos más diversos por el interés cognoscitivo que acompaña a esta etapa del desarrollo, donde configuran un espacio audiovisual propio, que no excluye a los medios tradicionales para este, consumo pero que se complementa con materiales seleccionados por ellos a través de dispositivos digitales.
Por su parte, en relación al consumo cultural en jóvenes cubanos se aprecia que el cine, la música y la literatura están en ventaja frente a bibliotecas, teatros y museos. Dentro de lo audiovisual se ha producido un tránsito de los medios estatales hacia los informales, con la aparición del llamado “paquete”, así como un desinterés marcado por un conjunto de manifestaciones artísticas como el ballet y la danza. Además, se aprecia insatisfacción con la oferta cultural existente y falta de correspondencia de la oferta cultural a las necesidades de los consumidores, por lo que considero que las instituciones deban considerar las necesidades de los destinatarios y dar espacio a la originalidad y creatividad en las propuestas culturales con el objetivo de lograr una mayor participación y consumo cultural de poblaciones jóvenes.
Respuesta # 3:
Considero que las influencias foráneas siempre van a existir, y no creo que nuestras raíces identitarias se fracturen por estas influencias. En este sentido, es importante tener en cuenta el carácter heterogéneo de la juventud para así interpretar sus lógicas, usos, espacios y costumbres. Las prácticas culturales tienen estrechos vínculos con los procesos de consumo cultural de los jóvenes, a partir de que se realizan sobre todo en momentos de ocio y esparcimiento, interactuando constantemente con productos culturales, donde muchas veces prevalece lo foráneo. Por lo que, creo que constituye un desafío el tener en cuenta las consumos culturales juveniles en Cuba hoy, no desde esquemas rígidos y lineales, sino desde la convergencia entre lo tradicional y lo foráneo, en aras de preservar nuestra identidad nacional.
Modulo 6
1.Las juventudes, como categoría histórico-concreta, define a un grupo sociodemográfico internamente diferenciado según su pertenencia a la estructura social, constituyen su segmento más dinámico y móvil (Domínguez, 2000). La juventud no está biológicamente determinada, sino definida socialmente por la naturaleza de la actividad que se desarrolla en la etapa, la que condiciona un conjunto de relaciones sociales específicas. Cada sociedad, cada cultura, tiene determinadas costumbres, normas, valores institucionalizados, etc., los cuales influyen en la manera de ser joven, en la expresión de las necesidades y en la búsqueda de su satisfacción. Cada momento y cada lugar tiene determinadas características políticas, económicas y sociales que mediatizan las relaciones entre los individuos. Por esto, desde términos socioculturales debemos pensar en las juventudes. Incluso, en un mismo contexto y en un mismo tiempo no se puede hablar de una sola juventud; por ejemplo, no podemos hablar de la juventud cubana del 2021, sino de las juventudes cubanas del 2021. las culturas juveniles se refieren a la manera en que las experiencias sociales de los jóvenes son expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de vida distintivos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre, o en otros espacios de la vida institucional.
La participación, como proceso de apropiación en el que prepondera su valor simbólico, se trascribe en prácticas concretas con niveles de expresión diferentes: movilizativo y de consumo consulta, discusión y/o conciliación (proyectos de acción elaborados en los cuales se pide opinión y contribución); delegación y control (transferencia de poder para aplicar y controlar un proyecto ya elaborado); responsabilidad compartida y codeterminación (intervención en la toma de decisiones).Las juventudes tienen sus propias manifestaciones en estos procesos participativos, se organizan, manifiestan formas de liderazgo, y crean sus espacios para la satisfacción de sus necesidades, intereses, expectativas, de esta forma, también consumen. La apropiación de la cultura por los jóvenes a través de estas culturas juveniles son las formas que tienen de asociarse e identificarse como jóvenes, de buscar autoconocimiento, autoafirmación y reconocimiento social, así como de divertirse y con compartir con coetáneos intereses comunes. si hemos de mostrar cómo se define la concepción sobre cultura asumida por los jóvenes habría que plantearse las diferentes maneras en que este grupo poblacional toma partido y construye sus propias manifestaciones en todos los ámbitos culturales sobre los cuáles tiene contacto en su medio. El vestuario, la música y ciertos objetos emblemáticos constituyen hoy una de las más importantes mediaciones para la construcción identitaria de los jóvenes, elementos que se ofrecen no sólo como marcas visibles de ciertas denominaciones, sino fundamentalmente como lo que los publicistas llaman el “estilo”. Esto significa que el joven necesita identificarse con los iguales y diferenciarse de los otros, especialmente del mundo adulto.
2. El consumo cultural es el proceso de apropiación y uso de productos, en los que el valor simbólico prevalece sobre los de uso y de cambio, o donde, al menos, estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica. . El consumo cultural resulta una forma de participar pues el ser beneficiario de una acción organizada por otros constituye una forma de participar, en este caso el consumo resulta la forma por excelencia de la participación (el individuo, principalmente desde la comunidad, recibe los beneficios de las actividades que se le presentan, ya sea presentaciones de teatro, de cine, de danza, exposiciones, y todas las manifestaciones que integra la cultura). Las juventudes tienen sus propias manifestaciones en estos procesos participativos, se organizan, manifiestan formas de liderazgo, y crean sus espacios para la satisfacción de sus necesidades, intereses, expectativas, de esta forma, también consumen. Las motivaciones están relacionadas mayormente con la satisfacción de necesidades de recreación y de afiliación. Entre las principales prácticas que realizan se encuentran escuchar música, conversar con amigos, jugar videojuegos, pasear por lugares al aire libre, ir a fiestas, conectarse a internet, realizar deportes y juegos de mesa, ver materiales audiovisuales tanto de la programación televisiva como diferentes a la misma.La inclusión de las tecnologías toma notable auge, incluso con el impacto de la pandemia ha llegado a convertirse en unos de los principales espacios de consumo cultural. Es notorio el poco uso de las instituciones culturales clásicas y el espacio privado como el lugar por excelencia (propia casa o de amigos y familiares), desinterés marcado por un conjunto de manifestaciones de la denominada cultura clásica (ballet y/o danza) y el mayor uso de la ciudad que de las instituciones culturales (parques, tiendas y restaurantes).Tendencias del consumo cultural según estudios realizados:
• Preponderancia de la cultura audiovisual en comparación con las Bellas Artes.
• Dentro del campo artístico cultural el cine, la música y la literatura están en ventaja frente a bibliotecas, teatros y museos.
• Dentro de lo audiovisual se produce un tránsito de los medios estatales hacia los informales (paquete).
• La inclusión de las tecnologías cambió el acceso y disfrute de los productos y bienes culturales.
• Insatisfacción con la oferta cultural existente. Falta de correspondencia de la oferta cultural a las necesidades de los consumidores.
• Incremento de la participación de los sujetos en la elaboración de productos culturales.
• Poco uso de las instituciones culturales clásicas.
• El espacio privado como el lugar por excelencia (propia casa o de amigos y familiares).
• Desinterés marcado por un conjunto de manifestaciones de la denominada cultura clásica (ballet y/o danza).
• Mayor uso de la ciudad que de las instituciones culturales (parques, tiendas y restaurantes).
Participación: como proceso de apropiación en el que prepondera su valor simbólico, se trascribe en prácticas concretas con niveles de expresión diferentes: movilizativo y de consumo consulta, discusión y/o conciliación (proyectos de acción elaborados en los cuales se pide opinión y contribución); delegación y control (transferencia de poder para aplicar y controlar un proyecto ya elaborado); responsabilidad compartida y codeterminación (intervención en la toma de decisiones) mayormente en un nivel de consumo y movilizativo mediante la realización de actividades recreativas como conectarse a internet, comer en pizzerías, ir a fiestas, hacer deportes, así como actividades docentes y comprar en tiendas, farmacias, bodegas.La participación es vista como el proceso de implicación activa tendiente al acceso en la toma de decisiones en un proyecto de acción especifico.
Tiene varios niveles:
Movilizativo y de consumo.
Consulta, discusión y/o conciliación.
Delegación y control.
Responsabilidad compartida y codeterminacion.
Formas de participación cultural:
Público o Espectador, Artista Aficionado o Profesional, Estudiante, Investigador, Asesor o Profesor, Organizador o Colaborador. Debido a esto, su la forma en la que participación es por lo general como público o espectador y estudiante, siendo más frecuentados los espacios públicos como parques naturales, espacios institucionales como tiendas, farmacias, la escuela y espacios privados como cafeterías no estatales.
Con respecto a las dimensiones de la participación, existen grandes afectaciones en la dimensión cívica, puesto que los adolescentes muestran acciones en contra del cuidado del medio ambiente, ocasionando además problemas a la higiene de la comunidad y suelen interactuar usando un tono de voz elevado y frases y palabras obscenas. La dimensión opinativa también se encuentra afectada en los adolescentes, puesto que la mayoría de ellos no expresan sus opiniones en espacios públicos ni en los medios de comunicación masiva, considerando además estas acciones como inútiles y ajenas a su responsabilidad. Algo similar sucede con la dimensión electoral: muy poco de ellos ejercen sus votos en las organizaciones de masa como la FMC y el CDR. La dimensión asociativa es la que se ejerce con mayor calidad por parte de los adolescentes de Colón, ya que a pesar de que no suelen participar en actividades convocadas en la comunidad, suelen ayudarse entre ellos, así como a las personas adultas.
3.-La Identidad es el conjunto de características, datos o informaciones que son propias de una persona o un grupo y que permiten diferenciarlos del resto.
Identidad nacional es el conjunto de elementos característicos de una nación, con los que sus habitantes se identifican, diferenciándose así de otras naciones, sea esta por haber nacido en tal territorio, por formar parte de una comunidad o por sentir lazos de pertenencia con las costumbres y tradiciones de tal nación.La identidad nacional es un concepto abstracto que se forma y moldea de manera continua a partir de las creencias, aspiraciones e intereses de la minoría intelectual que lo gestiona; cobra cierta forma y existencia, aunque nunca definitiva, una vez que un conjunto de individuos lo acepta como aquello que representa el verdadero reflejo de la realidad y la historia nacional; y, finalmente, encarna valores comunes como representación directa de la nación a la que todos pertenecen.
La identidad nacional es una condición social, cultural y espacial. Se trata de rasgos que tienen una relación con un entorno político ya que, por lo general, las naciones están asociadas a un Estado. Es un proceso continuo, que pasa de generación en generación, y que hace que la identidad sea un elemento vivo, siempre en enriquecimiento. Las influencias internas y externas (sociales, económicas, culturales) pueden actuar de tres maneras sobre la identidad nacional y cultural: desarrollándola o consolidándola, conservándola, debilitándola o haciéndola desaparecer. la identidad nacional se redefine a partir de lo foráneo, de las divergencias o convergencias de lo nacional y lo extranjero, podría decirse que configura un mestizaje cultural. Es un desafío defender nuestras tradiciones, costumbres y valores, resistir a la imposición de culturas e intentos homogeneizadores.El interés es desarrollarla, que es la forma creativa de conservarla.Si bien muchas de las grupalidades juveniles.En la actualidad con el aumento de los intercambios culturales y el acortamiento de las distancias fisicas a traves de los avances tecnologicos existentes, se produce la entrada de gran cantidad de informacion, que es asimilada, transformada, rechazada, criticada o adaptada a nuestra realidad, que van a formar parte de la cotidianidad y comienzan a percibirse como naturales .Si parten de exportar patrones culturales y modelos de consumo internacionales, y que estas prácticas han visto mayor auge con el uso de las nuevas tecnologías, las identidades juveniles no tienen que contraponerse necesariamente a la identidad nacional. El hecho de que las personas poseen diversas identidades que se complementan entre sí y que conforman y enriquecen su identidad personal, hace que la pertenencia a estas culturas juveniles pueda complementarse con la identidad nacional, y que las prácticas y códigos que proclaman estas grupalidades puedan adaptarse y modificarse al contexto cubano. Los estudios sobre identidad nacional realizados en población general ponen de manifiestos que los cubanos poseen una autoimagen, estable en el tiempo, positivamente orientada, en la que sobresalen elementos positivos del carácter y elevados valores humanos y sociales, dirigidos a la solidaridad, las buenas relaciones humanas, la capacidad de trabajar y enfrentar los problemas con sacrificio y optimismo.
Grupo 1
Fundamental resulta, para pensar una sociedad inclusiva, defender la idea de ”juventudes”. No se trata solo de cuestiones gramaticales, donde muchos ya miran extrañados cuando en determinados contextos se hace referencia desde la pluralidad. No se trata de caprichos ni de seguir modas como, a veces quieren justificar quienes se mantiene con reservas ante este modo de hacer referencia. Es importante darnos cuenta que no se trata solo de nombrar, sino el verdadero significado que tiene el reconocimiento de lo diverso más allá de las palabras. Así se nos convierten en un modo de asumir y entender lo cotidiano para, cada vez, actuar en consecuencia con respeto a esa visión múltiple de la juventud que somos. Está claro que no hay en Cuba una juventud homogénea, que piense y actúe de manera uniforme. Algo que no es una debilidad ni contradicción. Hemos tenido por años que arrastrar la idea del ser “todos iguales” que tanto daño hizo al no lograr deslindar lo que es la necesaria igualdad de derechos para los seres humanos con, la también necesaria visión desde la equidad, que nos hace mirar matices y encontrar en la diferencia el equilibrio que se precisa para las decisiones justas. Aún se teme, desde lo político a abandonar el famoso “todos somos iguales” cuando lo más lógico es comenzar a educar desde la infancia y adolescencia para que se comprendan y asuman, desde sus diferencias, esas que les hace llenar de modos distintos y matices un aula, escuela, barrio comunidad o un país. Desde esa diversidad se podrá asumir con mayor fuerza el protagonismo que les hará capaces de crear una sociedad basada en el respeto y libre de discriminación. Creo que apostar por el término de juventudes es también una cuestión de respeto, de ser consecuentes con una realidad, esa que nos muestras a lo largo y ancho de nuestro país a jóvenes con modos de expresarse que, aunque cuentan con puntos de contactos en cuanto interese o grupos, también lo hacen a partir de lo que culturalmente representan desde lo individual.
El asunto de la participación sigue siendo un tema muy polémico. Hoy resulta vital para seguir construyendo como país un futuro llevadero y necesariamente próspero, dinamizar esta cuestión en particular. Actualmente la participación de la gente joven resulta todo un reto, acostumbrados a la pasividad de los procesos en la que se les convoca desde lo formal, inmersos en procesos donde la participación se ha realizado a niveles muy bajos, donde máximo han estado informados o consultados, pero sin la oportunidad de tomar decisiones, les ha provocado dos actitudes: primero, la ausencia total de los espacios; segundo, la presencia casi ausente que les hace solo estar, aunque la apatía y el poco interés le convierta cada vez en actores poco activos en determinados lugares. Esta cuestión ha venido a tomar matices distintos con la aparición de las redes sociales y la internet donde la libertad de crear grupos y generar contenidos propios donde median menos filtros que facilitan mayor autonomía le ha hecho mantener una mirada más crítica de su propia cotidianidad e incluso creo que ha llegado dinamizar ciertos espacios de socialización donde antes eran participante no activos o ausentes que se han visto en la necesidad de repensarse ante las demandas generadas desde espacios de participación gestionados por las juventudes en las redes sociales. Estos espacios también han sido una puerta al consumo más abierto de otros contenidos, que sin una adecuada educación para la lectura crítica comienza incidir en los modos de actuar de manera negativa. Aunque tampoco se puede temer a la apertura y las necesarias libertades que implica un mundo cada vez más mediado por todo cuanto circula por las redes, casi sin filtros ni restricciones donde las regulaciones de los consumos se dan desde lo individual y parte más desde la propia formación de interese y la capacidad de análisis que puedan tener los individuos.
Creo que mirar la identidad y como esta se forma a lo largo del tiempo para finalmente evolucionar y seguir transformándose es un proceso cada vez más difícil de imaginar totalmente exacto a los refertes originales. Mucho se habla de si existe o no una pérdida de lo autóctono, o si asumir nuevas costumbres y tendencia no es significado de la muerte o desaparición de lo tradicional pues es lógico que los jóvenes de hoy no bailen, escuche música y asuman costumbres y posturas idénticas a las heredadas de sus padres pues si analizamos con detenimiento, sus padres tampoco las asumieron totalmente idénticas de sus antecesores. Lo que sí es cierto que, en esa evolución y trasformación, hoy influyen más los referentes culturales que han llegado hasta nosotros desde lo foránea y más preocupante, en este sentido, es cierto rechazo a todo contenido que se genera desde espacios nacionales y una sobrevaloración de cuanto llega desde el extranjero. Esto, vistos desde todas las aristas: música, producciones audiovisuales etc. Esto último es resultado también de un deterioro de los mecanismos que pudiesen favorece contenidos de consumo desde nuestro entorno que tienen como consecuencia el desinterés de un público joven que busca en el paquete semanal, las redes sociales, lo videos juegos y los canales de Yootuber una alternativa que no siempre resulta la más valiosa en cuanto a contenidos de calidad y puede caer en lo banal, irrelevante e inclusos en informaciones de fuentes poco fiables lo que pone en duda la veracidad de la misma .
Glorianna Lorena Rodríguez Chávez (glrodriguezchavez@gmail.com)
Grupo 1
Problematice en torno a dos ideas trabajadas en clase: la definición del joven/juventud(es) en términos socioculturales y la noción sobre cultura asumida por los jóvenes o las juventudes.
La juventud desde la acepción de construcción histórico-social, revela la relatividad y determinación cultural del concepto. Son diversas también la manera en que se asumen las juventudes en las diferentes culturas. Se devela pues, un amplio espectro de las posibles heterogeneidades. Según Gómez (2011), la categoría juventud encuentra una satisfactoria explicación a partir de una práctica cultural acumulada como creación social. Es preciso abordarla en consonancia con el contexto histórico social que determine su existencia.
El campo de estudio sobre la “juventud”, ha tenido un amplio desarrollo desde diferentes orientaciones: demográfica, biopsicosocial, antropológica, sociológica y cultural. Estas últimas aluden al vínculo entre lo cultural y lo juvenil, a los comportamientos generacionales que han sucedido, destacando los conceptos de subcultura, culturas juveniles y contracultura.
Brunner (1995), destaca que las visiones de lo juvenil fueron replanteadas con el desarrollo en la década de los 90 de las bandas juveniles; reconociéndose a la juventud como un sector social específico con rutinas culturales peculiares o con experiencias colectivas que definen un tipo de inserción en la sociedad, determinando el actuar bajo competencias específicas de reconocimiento/apropiación de los productos y procesos culturales especializados.
Por su parte, Carles Feixa considera a la construcción cultural de la juventud como forma que tiene la sociedad de modelar las maneras de ser joven, y la construcción juvenil de la cultura como las formas que tienen los jóvenes de participar en los procesos de creación y circulación cultural (Feixa, 1999). De modo que, se legitiman las llamadas “culturas juveniles” como el conjunto heterogéneo de expresiones y prácticas socioculturales juveniles. A nivel internacional, se reconocen los Carles Feixa (1992, 1998), Rogelio Marcial (1996, 2006), Maritza Urteaga (1998) y Rossana Reguillo (2003) en el estudio de las culturas juveniles. En el contexto cubano, se acercan al tema De la Torre, (2007), Morales (2008), Pañellas (2009), Pulgarón et al. (2020), entre otros. Comenta Feixa que “las culturas juveniles se refieren a la manera en que las experiencias sociales de los jóvenes son expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de vida distintivos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre, o en espacios intersticiales de la vida institucional” (Feixa, 1999).
Reguillo (2000) se refiere a la denominación de “socioestética”, que busca la relación de los componentes estéticos con los símbolos que adquieren estos. Además, ve a la territorialidad como un espacio que servía simultáneamente como frontera que delimitaba lo interior-propio con lo exterior-ajeno.
Resumiendo, en temas de culturas juveniles, se analizan las distintas formas de agrupamiento a partir de la prioridad que los sujetos otorgan a socializar como modo de estar juntos, se destaca además el rol participativo del joven en el diseño de su vida cotidiana, así como las prácticas y visiones que construyen en sus interacciones (Moras & Rivero, 2015). Definir a las juventudes, a lo joven, en términos socioculturales y la noción sobre cultura asumida por los jóvenes o las juventudes implica, extenderse de las delimitaciones biológicas, concebir la expresión y construcción de tiempos y espacios de ocio propios, determinados y diversos; darles visibilidad como actores sociales en el ámbito de las expresiones culturales como actor posicionado socioculturalmente.
Analice cómo se manifiestan los procesos de participación y consumo cultural de jóvenes y adolescentes cubanos. Ejemplifique a partir de los espacios, experiencias e instituciones.
Según Linares, Rivero & Moras (2008), la participación es el proceso activo encaminado a transformar las relaciones de poder y tiene como intención estratégica incrementar y redistribuir las oportunidades de los actores sociales de tomar parte en los procesos de toma de decisiones. Se expresa en niveles y formas diferentes. Este proceso se concreta en diferentes ámbitos sociales, entre los que emerge el cultural (Moras & Socarras, 2019).
Canclini considera al consumo cultural, como una práctica sociocultural donde se construyen significados y sentidos del vivir. Así lo legitima como espacio clave para la comprensión de los comportamientos sociales, de ahí su afirmación de que sirve para pensar. Además, plantea que al seleccionar los bienes y apropiarnos de ellos definimos lo que consideramos públicamente valioso, observándose así las implicaciones simbólicas del consumo (Moras & Rivero, 2015).
Los procesos de participación y consumo cultural en los jóvenes y adolescentes cubanos, constituye un tema cada vez más relevante en las ciencias sociales. Experiencias empíricas, han legitimado la diversidad cultural, reconociendo que estos grupos etarios a su interior se subdividen en múltiples segmentos poblacionales. Por ejemplo, las demandas de jóvenes trabajadores no son iguales a las de jóvenes estudiantes. Resultados de las investigaciones realizadas por el grupo de estudios sobre consumo cultural y participación social, perteneciente al Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, han determinado que estos grupos participan en sus territorios básicamente como públicos/espectadores -se limitan a consumir proyectos ya creados-, desde un nivel primario de participación básicamente movilizativo y de consumo. No se evidencian formas de contacto con los diversos ámbitos de la cultura, solo la relación que establecen los adolescentes en función de la manifestación que estudian o practican. De modo que no es usual que coordinen sus propios espacios, ni que accedan a procesos de toma de decisiones. Por lo que debe ser tarea inminente atender a las necesidades y demandas de estos grupos, que las ofertas de sus territorios estimulen opciones que los representen y motiven otras formas de participación.
La forma de manifestación por excelencia de la participación social en la cultura es el consumo, ya que la vía principal de relacionarse la población con el hecho cultural es como público (Linares, Rivero & Moras, 2008, p. 56).
Según las tendencias identificadas por la Encuesta de Consumo Cultural del ICIC Juan Marinello, las prácticas de consumo cultural en los adolescentes y jóvenes cubanos son: el consumo de medios, el gusto por la música y los audiovisuales (prima el consumo informal del paquete semanal); observándose un privilegio del espacio privado (hogar) y del uso de los medios digitales (Moras & Rivero, 2016). Aunque resaltan como lugares simbólicos y emblemáticos “los parques y las esquinas”.
Se demarca pues, la identificación de una creciente pluralidad adolescente y juvenil asociada a la diversificación de sus prácticas culturales, las cuales superan en frecuencia y diversidad las de los restantes grupos.
Además, en Moras & Rivero (2015), se delimita la importancia de la adolescencia y de la juventud en formas de participación y de consumo cultural, desde los supuestos teóricos desarrollados desde las identidades colectivas que representan, lo que también remite al estudio de las llamadas culturas juveniles.
3. Discuta sobre la incidencia de lo foráneo presente en muchas de las grupalidades juveniles en el país y sus desafíos en torno a la identidad nacional? ¿Se producen fracturas en torno a la identidad cubana por tales pertenencias? Problematice sobre esto y mencione ejemplos de ser posible.
La población juvenil cubana se encuentra influenciada por patrones identitarios globalizantes; determinar esas influencias parte del conocimiento de sus estilos y prácticas cotidianas. No se trata del mero consumo masivo de objetos y símbolos, sino de nuevas formas de construcción simbólica de la sociedad y de construir sus identidades como jóvenes. Es decir, estamos refiriéndonos a las distintas maneras como los jóvenes construyen sus representaciones del “ser joven” y de los símbolos, prácticas y espacios de consumo, a través de las cuales las construyen (Bermúdez, 2001).
En temas de culturas juveniles, se analizan las distintas formas de agrupamiento a partir de la prioridad que los sujetos otorgan a socializar como modo de estar juntos, se destaca además el rol participativo del joven en el diseño de su vida cotidiana, así como las prácticas y visiones que construyen en sus interacciones (Moras & Rivero, 2015).
En Cuba, las recientes producciones científicas sobre el tema evidencian los desafíos teóricos y presentan modos alternativos de abordar las experiencias juveniles. La destacada psicóloga Carolina de la Torre, define a las culturas juveniles como identidades colectivas que tienen como eje y sostén no solo la música, sino el universo simbólico que la acompaña -satisfaciendo con esto ciertas necesidades-. Así mismo, una vez surgida esta identidad, el mercado no ha parado de generar nuevas necesidades (de símbolos, de vestuario, de espacios, de accesorios, etc.) que ayuden a ratificar la autoimagen, la diferencia, la pertenencia y el discurso propio (De la Torre, 2007, pp. 9-10).
La realidad cubana actual no escapa de la incidencia de lo foráneo en las grupalidades juveniles, lo que atañe consecuentemente desafíos en la identidad nacional. Como bien determina Bermúdez (2001), los jóvenes construyen cada vez más sus experiencias de vida, a partir del consumo de símbolos culturales globales provenientes de diversos lugares y sometidos a una fugaz permanencia.
La inserción de Cuba en esta realidad globalizadora, en la que constantemente se promueve el consumo, donde el poder de la imagen y la moda resultan tan significativos, ha incidido en el panorama ideológico y cultural de la juventud (Pulgarón, 2021).
La centralidad de las nuevas tecnologías en las prácticas cotidianas de los adolescentes y jóvenes, también han generado nuevos referentes identitarios, como los denominados gamers, youtubers, y teams. Estos últimos, resultan novedoso en el contexto cubano, no siendo así en otros como Latinoamérica, Estados Unidos y Europa; caracterizados por el excesivo consumo digital. De modo que ciertamente los “teams”, están reproduciendo emergencias identitarias influenciadas directamente por modelos foráneos donde resaltan los usos y apropiación de los espacios virtuales como las redes sociales.
Los teams constituyen una cultura juvenil o tribu urbana, que emergen en Cuba a raíz del perfeccionamiento de la informatización de la sociedad cubana; manifestado ampliamente en los servicios de conexión móvil. Según Pañellas (2019), su principal objetivo es compartir actividades que esencialmente contribuyan a otorgarles mayor reconocimiento, tanto dentro de las redes sociales virtuales como fuera de ellas. Por lo que, suelen tomar fotos para su posterior publicación en Facebook, salidas a bares y piscinas, competencias de baile y retos entre ellos que denominan “Votas”.
Se reconoce pues que la evolución de la web, del mundo “digital” también marca influencias en los jóvenes cubanos de hoy; promoviendo nuevas grupalidades como los llamados “teams” que cada vez ocupan más espacios.
Referencias bibliográficas
Bermúdez, E. (2001). Consumo cultural y construcción de representaciones de las identidades de los jóvenes de Maracaibo. Maracaibo: Universidad de Zulia. Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Centro de Estudios Sociológicos y Antropológicos.
Brunner, J. (1995). Las ciencias sociales y el tema de la cultura; notas para una agenda de investigación. En Perez, A., Cultura y pospolitica (págs. 50-51). Mexico.
De la Torre, C. (2007). Identidad, identidades y ciencias sociales contemporáneas;conceptos, debates y retos. Medellín: Conferencia en la Universidad Católica de Oriente.
Feixa, C. (1999). De jovenes, bandas y tribus. Antropologia de la Juventud, 85-95. Barcelona.
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Linares, C., Rivero, Y., & Moras, P. E. (2008). Participación y consumo cultural en Cuba. La Habana: Instituto Cubano de Investigación Cultural "Juan Marinello".
Moras, P. E., & Rivero, Y. (2015). Participación cultural de la adolescencia en Cuba. Expresiones y claves para su comprensión. La Habana: Instituto Cubano de Investigación Cultural "Juan Marinello". UNICEF.
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Moras, P. & Socarras, E. (2019). Las Casas de Cultura desde una perspectiva comunitaria. Necesidades y expectativas de sus públicos. En C. d. autores, Experiencias de transformación social con las infancias y las juventudes. Prácticas a debate (págs. 37-44). La Habana: Ediciones ACUARIO.
Pañellas, D. (2019). Culturas juveniles: los teams. Revista Novedades en población (págs. 86-99). Número 30/julio-diciembre. CEDEM. Obtenido de http://www.novpob.uh.cu.
Pulgarón, Y. (2021). Identificaciones y pertenencias. Revisitando las culturas juveniles en Cuba. En Y. Pulgarón & A. Peñate. Identidades juveniles en Cuba. Claves para un diálogo. (págs. 113-148). La Habana: Publicaciones Acuario, Centro Félix Varela. Centro de Estudios Sobre la Juventud. ISBN: 978-959-7226-83-3.
Reguillo, R. (2000). Emergencia de las culturas juveniles. Estrategias del desencanto. En Enciclopedia Latinoamericana de Sociocultura y Comunicacion. Norma, Buenos Aires.
1- Hoy en día hay distintas maneras de ser joven, las juventudes son múltiples. Esta etapa de la vida, que puede entenderse como un período de permisividad, una especie de estado de gracia, alejado de las presiones y exigencias que pesan sobre los adultos, está atravesada por distintos comportamientos, referencias identitarias, lenguajes y formas de sociabilidad. Edad y sexo han sido utilizados históricamente como base de las clasificaciones sociales. Pero en la sociedad contemporánea la noción de juventud resiste a ser conceptualizada partiendo únicamente de la edad, a ser reducida a mera categoría estadística. De hecho no hay “juventud” sino juventudes. Se trata de una condición históricamente construida y determinada, cuya caracterización depende de diferentes variables, siendo las más notorias la diferenciación social, el género y la generación. Ahora bien, cuando hablamos de dilemas culturales entre los jóvenes nos referimos a una serie de procesos sociales, desarrollos históricos y transformaciones en diversos órdenes de la vida social que conducen a desacoples y turbulencias en las que aparecen situaciones problemáticas inéditas que abren interrogantes a la hora de ensayar soluciones. La noción cultural asumida por los jóvenes va relacionada con una experiencia diferente sobre el tiempo, la urgencia y la incertidumbre. Los jóvenes son los que más consumen cultura, los que están más digitalizados, los que más dinero mueven en el sector y, también, quienes irán marcando la tendencia de los consumos culturales del futuro.
2- Los procesos de participación y el consumo cultural de adolescentes y jóvenes cubanos están mediados por múltiples factores tanto internos como externos. El consumo de los medios tradicionales coexiste con el uso creciente de otros medios modernos, ante lo cual estos públicos manifiestan comportamientos críticos y selectividad. Recientes investigaciones desarrolladas en el (CESJ), muestran algunas de las expresiones culturales mas frecuentes que tipifican estas edades, encontramos que ver televisión, escuchar música, conversar con amigos y navegar por internet son algunas de las tendencias preferidas, que por el nivel de influencia que ejercen sobre estos grupos, marcan gran parte de sus gustos y preferencias, incluido el consumo cultural que realizan. Cada vez son menos realizadas actividades tales como leer un buen libro, visitar una biblioteca o asistir a una exposición de arte, muchas de estas actividades se han visto sustituidas con la llegada de las nuevas tecnologías, que han sido ampliamente acogidas por la población y se han insertado como escenarios de relevancia en la vida cotidiana de las personas, pero preferentemente en estos grupos etarios. Se hace urgente el llamado de atención sobre la importancia de los consumos culturales de estos grupos, que denotan diversidad de prácticas e intereses en formación por disímiles espacios, lo que obliga a nuestros promotores e instituciones a continuar estimulando y fortaleciendo vínculos y acciones necesarios para su desarrollo. El conocimiento de tales demandas debería incitar a la reformulación de las políticas culturales, de manera que permita la comprensión de las formas de apropiación que la sociedad hace de los contenidos culturales, ello favorecería un mayor y mejor acceso a los contenidos creativos.
3-En los tiempos actuales, los adolescentes y jóvenes se encuentran influenciados por patrones identitarios globalizantes; y para determinar esas influencias hay que partir del conocimiento de sus estilos y prácticas cotidianas, construidas dentro de los grupos, pero también, con un componente individual importante. Es en ese desenvolvimiento individual y grupal donde se puede enfocar el sentido del ser del joven; si no observamos sus prácticas tendríamos un punto de vista tal vez incompleto y distante. Nuestros adolescentes y jóvenes se encuentran bajo la influencia de modelos de consumo internacional. La era tecnológica y juntamente con ella los estilos de vida extranjeros acrecientan el consumo cultural dando paso al surgimiento de nuevas identidades. Con la entrada del internet en nuestra nación han surgido pequeños grupos como los youtubers, gamers, teams, frikis, mikys, emos etc.. Cada vez hay más subgrupos juveniles y las distancias que entablan entre sí se establecen sobre la base de signos muchas veces imperceptibles para quienes no son iniciados. A través de esta trama simbólica se etiquetan las trayectorias sociales, los itinerarios, y se le asigna a los extraños determinada “naturaleza” de acuerdo con los consumos practicados. Estos grupos con sus gustos estéticos y culturales reproducen los patrones globalizados de la música y la ropa de moda. Al mismo tiempo, consumen productos culturales a tono con la identidad grupal que los caracteriza. Por otra parte es bastante usual en las familias cubanas el consumo del paquete semanal que contiene series, películas, documentales, conciertos en vivo, entre otros archivos. Este paquete está lleno de materiales extranjeros que resultan más atractivos que el consumo de algunos programas de la televisión nacional. La realidad económica que opera en la realidad nacional, nos ha llevado por disímiles fórmulas para emprender los desafíos en torno al consumo, teniendo en cuenta las variadas formas de comercialización del arte y la aparición de nuevos desafíos tecnológicos.
Pregunta 1
La juventud es una condición constituida por la cultura pero que tiene una base material vinculada con la edad. Ser joven es un modo particular de estar en el mundo, de experimentar distancias y duraciones, y que no alude sólo a fenómenos de orden biológico vinculados con la edad, también está referida a fenómenos culturales articulados con la edad. Cada generación puede ser considerada, hasta cierto punto, como perteneciente a una cultura diferente, en la medida en que incorpora en su socialización nuevos códigos y destrezas, lenguajes y formas de percibir, de apreciar, clasificar y distinguir.
Ser joven, por lo tanto, no depende sólo de la edad como característica biológica, como condición del cuerpo. Tampoco depende solamente del sector social a que se pertenece, con la consiguiente posibilidad de acceder de manera diferencial a una moratoria, a una condición de privilegio. Hay que considerar también el hecho generacional: la circunstancia cultural que emana de ser socializado con códigos diferentes, de incorporar nuevos modos de percibir y de apreciar, de ser competente en nuevos hábitos y destrezas, elementos que distancian a los recién llegados del mundo de las generaciones más antiguas.
Ser integrante de una generación distinta significa diferencias en el plano de la memoria. No se comparte la memoria de la generación anterior, ni se han vivido sus experiencias. Cada generación se presenta nueva al campo de lo vivido, poseedora de sus propios impulsos, de su energía, de su voluntad de orientar sus fuerzas y de no reiterar los fracasos, generalmente escéptica acerca de los mayores, cuya sensibilidad y sistemas de apreciación tiende a subestimar.
La generación, no es una simple coincidencia en la fecha del nacimiento, sino una verdadera hermandad frente a los estímulos de una época, una diacronía compartida, una simultaneidad en proceso que implica una cadena de acontecimientos de los que se puede dar cuenta en primera persona, como actor directo, como testigo o al menos como contemporáneo. Las modalidades sociales del ser joven dependen de la edad, la generación, el crédito vital, la clase social, el marco institucional y el género.
Dicho de otra forma, ser joven es un abanico de modalidades culturales que se despliegan con la interacción de las probabilidades parciales dispuestas por la clase, el género, la edad, la memoria incorporada, las instituciones. Por tanto, la juventud es una condición que se articula social y culturalmente en función de la edad, con la generación a la que se pertenece, con la clase social de origen, con el género, y con la ubicación en la familia.
Es en la familia, ámbito donde todos estamos incluidos, donde se marca la coexistencia e interacción de las distintas generaciones, o sea que es en ella donde se define el lugar real e imaginario de cada categoría de actores dentro del entorno del parentesco. La familia en sentido amplio, como grupo parental, es quizás la institución principal en la que se define y representa la condición de joven, el escenario en el que se articulan todas las variables que la definen.
Pregunta 2.
Se entiende por consumo cultural: nivel de participación en tanto apropiación y uso de productos culturales, en los que el valor simbólico prevalece sobre los de uso y de cambio, o donde, al menos, estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica. Las prácticas de consumo cultural, guardan una autonomía relativa de la realidad socioeconómica y están condicionadas por multiplicidad de factores.
La diversidad y particularidad del estilo de vida de cada uno de los grupos sociales, sus patrones culturales, sus sistemas de necesidades y los recursos subjetivos que despliegan, para apropiarse e interaccionar con la realidad, conforman sistemas de disposiciones estables, modos de pensamiento y acción que trascienden en el tiempo, aunque circunstancias económicas, políticas y culturales puedan conllevar a cambios sustanciales en los mismos, a corto o a largo plazo y de manera abrupta o gradual.
No existe una relación directa y unilateral entre los esfuerzos institucionales y el comportamiento de los sujetos. Estamos en presencia de procesos mediados por múltiples factores que van desde el contexto internacional, las difíciles condiciones en que Cuba ha tenido diseñar sus programas de desarrollo cultural hasta aquellos que aportan la individualidad de los sujetos que pretendemos trasformar.
Se observa una centralización de instituciones y opciones culturales, en la capital y ciudades más importantes del país, que pone en posición de desventaja a las zonas periféricas, pertenecientes, incluso, a estos territorios. Situación que se agudiza a partir de la década de los noventa, como consecuencia de la crisis económica, que no sólo afectó la labor de las organizaciones de este sector, sino también las condiciones de accesibilidad y accequibilidad de la población, a pesar de los esfuerzos que sistemáticamente se realizan por subvertir esta realidad.
Hablando de patrones de consumo, existe un desinterés marcado por el conjunto de manifestaciones de la denominada cultura clásica, reflejado en la poca significación de estas actividades para los presupuestos de tiempo. En ese sentido, responsabilizan fundamentalmente a la familia y a otras instituciones sociales por no haber hecho lo suficiente para desarrollar estos gustos. Se insiste además en la escasez de información que existe alrededor de estas manifestaciones, de divulgación sistemática sobre su comportamiento actual, tanto en el país como en el mundo, de su evolución histórica y características estilísticas, así como la propia ausencia o insuficiencia de espectáculos en vivo en las diferentes regiones del país. También se plantea la falta de iniciativa de las escuelas, sindicatos u otras organizaciones o de la propia televisión, para elaborar suficientes programas audiovisuales, que permitan poner en contacto a la población, en especial a los niños, con lo mejor de esas expresiones. No obstante, muchos de estos elementos, según concluían, explican la ignorancia e indiferencia hacia estos campos de la cultura.
El papel de la Radio y la Televisión, es otro de los elementos decisivos que aportan regularidades, en relación con los comportamientos culturales. Puede decirse que estos medios electrónicos, constituyen los organizadores de parte de la vida cultural, de más del 80% de la población urbana del país, de los trayectos y rutinas diarias, de una existencia que se repliega al espacio del hogar.
Estos patrones de consumo, indican que la conducta recreativa de la población y sin distinciones derivadas de la edad, la ocupación, el sexo o el nivel educacional se concentra en el esparcimiento con amigos y familiares, la televisión y el descanso pasivo. Incluso personas, que manifiestan altos intereses y expectativas por las cuestiones artísticas y literarias, satisfacen buena parte de sus inquietudes en el hogar. Por la naturaleza íntima, de otras prácticas culturales, que también resultan significativas, como son: ver películas, leer libros, revistas y/o periódicos, bailar, jugar, hacer cuentos, se confirma aún más la importancia del plano privado, en contraste con el público
Una ausencia importante, percibida por la población es la de actividades festivas y bailables, algunas de fuerte arraigo popular, como son: parrandas, carnavales y verbenas. Las mismas constituyen parte importante de nuestras tradiciones y su reclamo demuestra que continúan siendo una necesidad social, aún no resuelta.
Pregunta 3.
Los procesos vinculados a la globalización y su papel en la homogeneización de prácticas sociales y simbólicas en el mundo, han mediado muchos de los nuevos procesos de identificación juvenil. Los mecanismos de este modelo de dominación, tienen sus principales efectos en el área de la cultura. Se asocian a la exportación de patrones culturales y modelos de consumo occidentales como ideales para las sociedades, particularmente a través del avance tecnológico y la informatización, visiblemente expresados en los medios de comunicación masiva
Los modelos de consumo cultural asumidos hoy, hacen que se reduzcan las diferencias al interior de la generación y que se estructuren maneras globales de vivir y reproducirse como jóvenes. Las llamadas culturas juveniles son portadoras de los elementos de distinción y de transformación social, característicos de la juventud. Estas consisten en estilos juveniles propios, que se objetivan a través de símbolos, atributos, discursos y prácticas culturales disímiles. Su existencia y expresión como colectividades definidas están mediadas por condicionantes sociales como: el género, la clase social, las etnias y la pertenencia a una generación.
La pluralidad de experiencias identitarias juveniles que existen, son resultado de las dinámicas sociales que les favorecen y estructuran. Ellas siempre dialogan con el contexto social que les imprime una huella y define, por tanto, así deben ser estudiadas, en función de definir las lógicas a las que responden. Los grupos que emergen son síntomas de la sociedad.
Se destacan cuatro formas principales de acercamiento a las grupalidades
la imitación o el seguir a otros que ya reproducían tales adscripciones;
elementos estructuradores como el lugar donde se vive;
el vínculo con las tecnologías de la información
los consumos audiovisuales. Todas homogenizan estas expresiones identitarias, en función de patrones y prácticas culturales globales.
En la construcción de estas identidades grupales predomina lo afectivo, se comparten ideas, sentimientos, vivencias mediante sus prácticas y los espacios de socialización. De esa manera, se crea un espacio simbólico que se construye a través de sus propias percepciones y representaciones sociales, compuestas principalmente por la música, el baile, el vestuario, las tecnologías; otorgando un sentido de pertenencia e identidad a una realidad en común.
Considero que no existen divorcios significativos con respecto a la identidad nacional sino más bien una adecuación del contexto nacional a la influencia de la información y tecnología proveniente del exterior.
1 - La definición de la categoría juventud se puede comprender desde el concepto de lo juvenil, el cual nos permite asumir que se trata de un proceso psicosocial de construcción de la identidad y lo cotidiano al contexto de relaciones y prácticas sociales en las cuales dicho proceso se realiza, con anclaje en factores ecológicos, culturales y socioeconómicos. Y así lo reafirma Bermúdez 2000: “Estamos ante nuevos modos de percibir y narrar la identidad, y de la conformación de identidades con temporalidades menos largas, más precarias pero también más flexibles, capaces de amalgamar, de hacer convivir en el mismo sujeto, ingredientes de universos culturales muy diversos” Desde el punto de vista sociocultural se asocia la juventud a cierta posición o condición constituida por la cultura, vinculada con la edad. Esta posición tiene en cuenta factores biológicos y factores sociales como los códigos, gustos, experiencias, habilidades y lenguajes propios de su generación, relacionados con el momento histórico social en el que les toca vivir y que marcan la diferenciación con otras épocas anteriores. Es en este contexto donde se desarrollan las culturas juveniles que consisten en estilos juveniles propios, que se hacen palpables a través de símbolos, atributos, discursos y prácticas culturales disímiles. Existe una gran diversidad entre estas culturas, a la vez que se transforman con los cambios sociales y nacen nuevas formas de manifestarse, pero todas son grupos juveniles que funcionan en espacios de ocio fundamentalmente y satisfacen necesidades de entretenimiento, de pertenencia y de aceptación.
2 - Las prácticas culturales tienen estrechos vínculos con los procesos de consumo cultural de los jóvenes, a partir de que se realizan sobre todo en momentos de ocio y esparcimiento, interactuando constantemente con productos culturales. Según las investigaciones más actualizadas en Cuba en cuanto al consumo cultural por parte de los adolescentes y jóvenes existe una preponderancia de la cultura audiovisual en comparación con las Bellas Artes y dentro del campo artístico cultural el cine, la música y la literatura están en ventaja frente a bibliotecas, teatros y museos. Igualmente se destaca que dentro de lo audiovisual se produce un transito de los medios estatales hacia los informales (paquete e internet). La inclusión de las tecnologías cambio el acceso y disfrute de los productos y bienes culturales. Algo que llama la atención es que muchos adolescentes y jóvenes hacen visible en sus respuestas una insatisfacción con la oferta cultural existente. Al detenernos de cerca en las tentativas por examinar esta problemática, encontramos áreas concretas de investigación, que nos permiten ordenar el recorrido de estos esfuerzos en el país, ellas son: el tiempo libre, las audiencias y uso de bienes culturales clásicos, así como las prácticas culturales y procesos subjetivos asociados a ella.
3 - Los jóvenes cubanos se mueven en otros mundos más allá de lo comunitario. El internet, las redes sociales, el intercambio con el mundo y lo global cambia las perspectivas de estos actores sociales y genera nuevos modos de construir cultura. Hoy la juventud cubana está permeada por la influencia de lo foráneo, lo que hace preguntarnos: ¿Hasta qué punto esto favorece el desarrollo de la identidad personal, grupal y nacional de los jóvenes cubanos? Es una realidad: Cuba es la mezcla resultante de varias culturas, nuestras raíces resultan de esta fusión y hoy conforman con sus influencias nuestra identidad nacional. Esta mezcla es algo muy saludable, sin dudas. Con el incremento de los intercambios culturales y el acortamiento de las distancias físicas mediante el empleo de la tecnología y las redes sociales, se produce la entrada de gran cantidad de información que pasa a integrar la cotidianidad. Algunas de estas informaciones fortalecen la cubanía pero otras introducen costumbres y modos de actuar que no fracturan la identidad pero van conformando formas de participación diferentes a las tradicionales tal como los grupos urbanos, que se han constituido en nuestro país a raíz del aprendizaje de culturas foráneas. Por tanto, la identidad nacional se rediseña a partir de la influencia de lo foráneo, de las discrepancias o concordancias de lo nacional y lo extranjero. Es un reto para los que hacemos cultura, pero un reto que no podemos demonizar. Tendencias como los gamers, youtubers, teams; productos audiovisuales como las series, las películas, los posdcast; hobbies como las selfies, la creación de blog en redes sociales y el nacimiento de tribus urbanas; confluyen con la realidad de los cubanos de una manera orgánica, por tanto, más que prohibir o aborrecer, debemos acompañar a quienes asumen estas nuevas formas y analizar qué tienen de atractivo y cómo podemos potenciar, desde ellas mismas, la identidad cubana.
Amanda Villacampa Cabrera Grupo 2
Respuesta 1/ Como expresara un conocido refrán popular “los jóvenes se parecen más a sus tiempos que a sus padres”. Al analizar a la juventud desde el punto de vista sociocultural se despliega un abanico muy heterogéneo de características de esta población. Dada la diversidad de patrones socioculturales imperantes en la sociedad; normas, costumbres, valores, políticas culturales, económicas y sociales, no puede hablarse de una única juventud, sino de jóvenes que se adaptan, modifican, nutren, crean y circulan los patrones socioculturales establecidos como una manera de identificarse y de buscar satisfacer sus necesidades. En la revisión de la literatura básica de este tema podemos encontrar un artículo que nos habla del surgimiento de nuevas culturas juveniles, donde se destacan distintos grupos de pertenencia de los jóvenes cubanos (otakus, youtobers, gamers), todos con características, gustos, necesidades y búsqueda de su satisfacción diferentes, lo que habla de que en una misma sociedad es totalmente legítimo que existan una disímil asimilación de los productos socioculturales propios de la misma.
En un sentido amplio, las culturas juveniles se refieren a la manera en que las experiencias sociales de los jóvenes son expresadas colectivamente mediante la construcción de estilos de vida distintivos, localizados fundamentalmente en el tiempo libre. En estos espacios logran crear una autonomía importante que los hace ganar en independencia de los adultos, mantener relaciones más cercanas con los coetáneos y satisfacer necesidades de recreación. Ejemplo de esto lo constituyen las populares tribus urbanas que hace unos años poblaban la calle G (frikis, repas, mikis, emos) los cuales a pesar de compartir un espacio común tenían formas distintas de vestir, escuchaban géneros musicales diferentes y hasta cierta rivalidad existía entre unos y otros.
El avance de la sociedad va indisolublemente ligado al surgimiento de nuevas culturas juveniles, serán estas siempre el espacio simbólico que los identificará como tal.
Respuesta 2/ Según señalan estudiosos de tema el consumo cultural es el proceso de apropiación y uso de los productos, en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio o, donde al menos estos últimos, se configuran subordinados a la dimensión simbólica. En Cuba los procesos de participación y consumo cultural están mediatizados por múltiples factores, entre ellos la territorialidad, el poder adquisitivo y nivel cultural de la familia, el acceso a instituciones de tipo educativo/recreativo como casas de cultura, bibliotecas, cines, teatros, centros deportivos etc., el acceso a Internet y las nuevas tecnologías, entre otros. Los adolescentes y jóvenes de las zonas rurales no consumen los mismos productos socioculturales que los citadinos, cada territorio en función de la disponibilidad de instituciones culturales que posea influirá en menor o mayor medida en los jóvenes que la habitan. No existe entonces un desarrollo proporcional en término de cultura en todos los rincones de país a pesar del esfuerzo gubernamental que se realiza para que así sea.
A pesar de estas diferencias es preciso señalar que en estos grupos tanto la participación como el consumo cultural es más rico y variado que en otros.
Los adolescentes y jóvenes por las características propias de la edad son más proactivos en la búsqueda de opciones culturales en sus territorios y con facilidad pueden moverse de estos sin problemas. Ejemplo los jóvenes que se reúnen en la calle G provenientes de distintos municipios de la capital, algunos bastante distantes, sin embargo es en este sitio donde socializan con otros jóvenes con los cuales comparten maneras de pensar, vestir, géneros musicales, entre otros.
Las nuevas tecnologías también se encuentran mediando el consumo cultural en los jóvenes ,el uso de la internet y las redes sociales, los videojuegos, el consumo de música y los audiovisuales, estos últimos se remiten al consumo privado mediante dispositivos como móviles, computadoras y reproductores. Aunque en menor medida (según señala la II Encuesta Nacional de Consumo Cultural en Cuba) esto no los exime de asistir a salas de cine y teatro. Al decir de propio documento una minoría de los adolescentes y jóvenes consumen la radio y asisten a espacios como librerías, bibliotecas y casas de cultura.
En los últimos años ha salido a relucir un compendio de programas culturales, foráneos en su mayoría, en lo que se conoce como el “paquete de la semana”, son los adolescentes y jóvenes los que más consumen estos productos audiovisuales, que en determinadas ocasiones los priva de la participación e interacción en espacios públicos como parques y áreas deportivas.
El consumo excesivo de estos productos audiovisuales que tiene contenido violente y lenguaje soez incita a la práctica de comportamientos similares y muchos adolescentes y jóvenes se comunican utilizando frases obscenas, denigrantes y en algunos lugares llegan a haber altercados violentos como única forma de resolver diferencias.
Respuesta 3/ Se entiende la identidad nacional como el conjunto de elementos característicos de una nación con los que sus habitantes se identifican, diferenciándose así de otras naciones. Este es un concepto abstracto que se va constituyendo de manera sistemática, aunque adquiere una estabilidad relativa una vez que es asumido por la sociedad a la cual representa. Pasa de generación en generación y va siendo enriquecida.
Las influencias externas a nuestra identidad nacional pueden contribuir a desarrollarla y consolidarla lo cual la conservaría o puede debilitarla hasta el punto de hacerla desaparecer.
Las culturas juveniles cubanas tienen una incidencia foránea importante, lo que está dado por el consumo cada vez más frecuente de productos de otras partes de mundo y el acceso al internet y las redes sociales. Los cuales son asumidos por los jóvenes y pasan a formar parte de su identidad. Al calor de las nuevas tecnologías y el internet han surgido en el país pequeños grupos entre los que se destacan los gamers, los youtubers y los otakus. Las ideologías básicas que sostienen a estos grupos responden a los patrones de los países desarrollados, resaltándose características de los mismos en esencial el consumismo y la sobrevaloración de lo material por sobre lo espiritual.
Si bien nuestra identidad nacional desde su conformación misma es una mezcla de culturas e identidades diversas (aborigen, española, africana), la asimilación de otras culturas por parte de los jóvenes pueden introducir costumbres y patrones conductuales que inciden de manera negativa en la conformación de su personalidad y resultar lacerante para nuestra identidad. En la misma están inmersos valores e ideologías del sistema político social que defendemos (socialismo) y con los cuales no compaginan formas de pensar y actuar de otras identidades.
Pregunta 1
Conceptualizar al joven en términos socioculturales implica ante todo no conformarse con las definiciones biológicas que toman como criterio de definición a la edad. Esta referencia resulta muy controvertida y discutible si sabemos que en distintas sociedades y etapas históricas se han planteado segmentaciones sociales por grupos de edad de muy distintas maneras y que, incluso, para algunas sociedades este tipo de recorte no ha existido.
Y es que el concepto joven hace referencia a la edad del sujeto, a sus características biológicas y rasgos psicológicos, aspectos que se explican a partir de las características del individuo. Mientras que, la categoría juventud no encuentra una satisfactoria explicación en el orden biológico ni cronológico, sino a partir de una práctica cultural acumulada como una construcción social. Se trata de una imagen de los jóvenes que elabora la sociedad en un momento de su desarrollo, generando un conjunto de relaciones sociales que recibirán el nombre de juventud.
También podemos problematizar la propia categoría de juventud, si en la práctica vemos que esta no tiene la misma duración en el campo que en la ciudad; en las clases altas que en los sectores marginados; en las sociedades modernas que en la tradicionales; incluso en ambos géneros. Esto determina que existen diferencias al interno de la categoría, lo que se aplica a unos jóvenes puede no ser aplicable para otros.
Los jóvenes no constituyen una categoría homogénea, no comparten los mismos modos de inserción en la estructura social, lo que implica esquemas de representación diferenciados y desiguales. En ese mismo sentido, vemos que prácticas como el lenguaje, el consumo cultural, los vestuarios, etc., se representa como diferentes; y esto conlleva al análisis de los condicionantes socioculturales generadores de sentidos y significados.
En el caso de la noción de cultura asumida por las juventudes, esta se debe tener muy en cuenta a la idea de espacio en el que se despliegan sus relaciones sociales, es decir, al lugar compartido de interacción con los otros y cuyos rasgos se incorporan a las formas simbólicas no sólo dando forma a diferentes valores y visiones del mundo, sino a prácticas, estilos y códigos expresivos que marcan la pertenencia a cierta comunidad de sentido.
Pregunta 2
A mi consideración, la participación y el consumo cultural de los jóvenes cubanos incluye no sólo la oferta a consumir, sino el espacio de realización y la compañía. La forma en que los jóvenes cubanos participan de la cultura, suele ser en compañía de amigos y familiares fundamentalmente, y en menor medida dependiendo de sí mismos. El disfrute y la realización de prácticas culturales se asocia mucho al uso del tiempo libre, cuyas prácticas más gustadas y frecuentes son escuchar música, ver televisión y productos audiovisuales, este ultimo con un gran peso en el paquete semanal y otras alternativas de copia de multimedia. En los últimos también se incluye el uso de las zonas de acceso a internet y los datos móviles.
Según un estudio del Instituto Juan Marinello (Participación cultural de la adolescencia en Cuba. Expresiones y claves para su comprensión, de Pedro Emilio Moras y Yisel Rivero) los jóvenes participan generalmente como espectadores y público, tanto a través de los medios audiovisuales, de comunicación masiva, como en espacios públicos destinados a la recreación y el esparcimiento, lo que se corresponde con un nivel movilizativo o de consumo. Otros tienen un acercamiento a la cultura a través de la institución escolar, según el nivel vocacional.
Según este mismo estudio, en cuanto a los espacios de participación, el ámbito más recurrente es el privado: el hogar se convierte en lugar privilegiado a la hora de despejar y recrearse. Es preferible el adentro de los hogares que el afuera de sus domicilios, y esto está condicionado por múltiples factores entre los que se incluyen las difíciles posibilidades de transporte, la imposibilidad para sufragar gastos en lugares de interés, y dependencia de los padres para concurrir a algún lugar, al imponer restricciones de horarios. Esto depende de las posibilidades y necesidades que genere cada práctica.
Pregunta 3
El proceso de construcción de la identidad juvenil en Cuba, atraviesa hoy por problemas asociados a nuevas y profundas estratificaciones y diferenciaciones sociales, conflictos de valores y la conjugación de nuevas formas de identificarse con determinados estilos y códigos foráneos. El vestuario, la música, el acceso a ciertos objetos emblemáticos, constituyen hoy una de las más importantes mediaciones para la construcción identitaria de los jóvenes, que se ofertan no sólo como marcas visibles de ciertas adscripciones.
El mundo se achica y la juventud cada vez es más internacionalizada, mientras se coloca como receptora del modelo de joven que promueve la ideología neoliberal y que transmiten los grandes medios de comunicación. El paradigma un joven consumidor tiende a la homogeneización y provoca que la posibilidad de diferenciarse a través de la pertenencia e identificación con valores nacionales, sea cada vez más complejo.
Es importante tener presente que el joven de hoy, no es aquel que se formó en medio de la lucha por la independencia de la nación y que vivenció el triunfo y las primeras transformaciones de la Revolución. Aunque una buena parte de los jóvenes siente orgullo de ser cubano, relacionado con la manera de ser de los cubanos, las tradiciones culturales, religiosas, arte e idioma, y la independencia nacional, es inevitable que la introducción de símbolos, valores, códigos culturales, comunicacionales extranjeros, generen reflexiones críticas hacia nuestra realidad nacional.
La noción de “juventud” conlleva diferentes significados, ya que variados
aspectos influyen en esa condición. El concepto no reposa estrictamente en un
enclasamiento de edades, es más que una mera categoría estadística. Al hablar
de los jóvenes estamos sí, hablando del tiempo, pero de un tiempo social,
construido por la historia y la cultura, como fenómenos colectivos, y también
por la historia cercana, la de la familia, el barrio, la clase. Hay muchas
formas de ser joven, distintas juventudes, atendiendo a la diferenciación social,
al género y la generación (Margulis y Urresti, 1996, p.68).
El concepto juventud como un constructo social, con límites etarios flexibles,
contiene en sí mismo una gran diversidad. Se asume individual o grupalmente y es
asignado al mismo tiempo por el resto de las generaciones, en función de razas,
religiones, valores, normas, principios, comportamientos, aficiones, territorios,
etcétera. Es precisamente a través de estos referentes que se entretejen y consolidan las diferentes identidades juveniles construidas a partir de la interacción social.
Desde una dimensión sociocultural de identificación de la juventud, se propone una mirada a los procesos de interacción dados al interior del heterogéneo grupo.
Ante la diversidad de oferta de la industria cultural, los jóvenes se ven aproximados a un sinnúmero de información, de la que van adquiriendo diferentes prácticas sociales para la construcción de su cultura, lo que muchos han clasificado como cultura juvenil.
En un sentido amplio, las culturas juveniles refieren el conjunto de formas de vida y valores, expresadas por los grupos de referencia en respuesta a sus condiciones de existencia social y material(Feixa, 1995); quienes se ven afectados por el acceso generacional a la diversidad cultural que existe.
El término de cultura juvenil surge ante la emergencia de la juventud como nuevo sujeto social, en un suceso que tiene lugar en el mundo occidental especialmente a finales de los años 50, y que se traduce en la aparición de la ‘microsociedad’ juvenil, con grados significativos de autonomía con respecto a las instituciones adultas, que se dota de espacios y de tiempos específicos. (Feixa, 1995). Los estudios van desde la descripción de las pandillas, como base de estudios de la relación delictual de los jóvenes, hasta los fenómenos cambiantes, influenciados por la industria cultural, generando cambios actitudinales especialmente con la música y otras prácticas sociales expresivas.
Hay que tomar en cuenta que aunque mencionamos que es a mediados del siglo pasado que empieza a tomar fuerza el conceptuar y realizar estudios culturales sobre jóvenes, no es nueva la temática, desde la reflexión de diversos ámbitos y épocas, encontrándonos de esta manera las reflexiones aristotélicas, sobre los cambios que se producían en la juventud y en su práctica social. Esta práctica social, relacionada permanentemente con la «ruptura que se ha producido entre las generaciones adultas y las generaciones jóvenes» (Mead, 1970).
En ese sentido, Maffesoli (1988), habla de una complejidad de la cultura dentro de los jóvenes, llevándolos a un proceso de tribalización de la sociedad moderna, donde se da el surgimiento de, las por él denominadas, tribus urbanas. Estas formas de socialización se dan con fuertes particularidades y con parecido en la afinidad a estas características por sus integrantes, que reflejan las distinciones entre los grupos de referencia. Estas características son muchas veces observables en factores movilizadores de estos jóvenes como son por ejemplo la música, en los grupos de hiphop, metaleros o los cumbieros, o bien por su vestimenta, góticos, punk, a como puede ser el deporte, los skaters, a través de clubes deportivos del barrio o las barras bravas, como también en factores de carácter fuertemente ideológico, como es el caso de los mensajes antisistema de los graffiteros o los skinhead; los jóvenes manifiestan así diferentes prácticas sociales, que van adquiriendo su especificidad, dentro de una sociedad compleja, lo cual marca un estilo que se convierte en lo distintivo de las culturas juveniles.
En este sentido, las manifestaciones de las prácticas sociales de los jóvenes, por lo general no son una sola forma de expresar esa «cultura juvenil», si no que es un híbrido cultural, que utilizan los jóvenes en búsqueda de su propia identidad. Podemos reafirmar que ante la complejidad que enfrentan los jóvenes con esta suerte de modernización de las industrias culturales, se da un «creciente tráfico entre culturas que origina la globalización, lo que indica que la desaparición del vínculo entre cultura y lugar viene acompañado por un entrelazamiento de estas prácticas culturales desarraigadas, que producen nuevas y complejas formas híbridas de cultura» (Tomlinson, 2001).
Los jóvenes no construyen una «cultura juvenil», sino que son capaces de tomar sus decisiones y elecciones de las prácticas sociales, que los distinguirán como una «cultura juvenil», esto obviamente va cambiando de generación en generación, más aún con la influencia de la modernidad, vista anteriormente. Se van dando nuevas características, acordes a los tiempos, es así que los jóvenes construyen sus prácticas sociales, ya sea con The Beatles del pasado, Metalica de ayer o My Chemical Romance de hoy; grupos globalizados, que han causado, a manera de ejemplo, una influencia en la selección de la cultura de los jóvenes.
Por lo tanto la cultura juvenil, no es más que el proceso de toma de decisiones y advenimiento a una cultura determinada, que se da dentro de la juventud. El que sean capaces los jóvenes de determinar cuales son las prácticas sociales acorde a su realidad, los estilos que los identifiquen y asuman los diferentes componentes de una forma cultural, los encamina a dejar de ser jóvenes y ser individuos con cultura propia.
P.2. La participación es un proceso eminentemente activo, en constante cambio, protagonizado por el hombre y su organización social, lo que hace pueda manifestarse de manera individual o colectiva. Estrechamente vinculado a las políticas globales y específicas, así como a factores históricos, culturales y económicos, para crear un clima favorable o no al mismo, proporcionando u obstruyendo los medios para garantizarlo.
En el ámbito de la cultura, significa el derecho, la posibilidad y capacidad de la población de involucrarse activamente, desde su diversidad, en la creación, gestión y consumo de los bienes culturales, que se producen en la sociedad, así como en las distintas fases de los procesos de toma de decisiones públicas, que permitan la conformación de políticas, estrategias y proyectos de desarrollo en este campo.
En tanto la participación no es algo abstracto, sino algo concreto, es importante profundizar en los espacios en que se manifiesta.
La participación en Cuba, exige contextualizar el ámbito social en que emerge y se desarrolla, pero también reflexionar sobre las formas en que la población interviene en su vida cultural y los usos que hace de los espacios, estructuras y canales diseñados para este proceso. No menos importante, es tener en cuenta los factores que actúan como fuerzas que lo impulsan u obstaculizan, tanto de naturaleza objetiva como subjetiva.
Nuestro país cuenta con una compleja red de instituciones culturales, que aportan una base estructural importante para la gestión estatal en esa esfera y es voluntad política del Partido y el Gobierno, continuar adelante su proyecto de desarrollo cultural. Como parte de esta estrategia, se han hecho esfuerzos a lo largo de la isla para elevar la eficiencia del trabajo de sus instituciones, definidas como células básicas del trabajo promocional.
Para lograrlo han estructurado sólidos programas, expresión de su política cultural e instrumento de coordinación, que tiene como uno de sus propósitos básicos actuar como elemento integrador del resto de los actores sociales. Entre sus objetivos principales están la promoción social del arte, la literatura y la ciencia, así como la dinamización de la participación en la vida cultural. En este sentido, tratan continuamente de que sus acciones se proyecten sobre la base de los intereses y expectativas de sus destinatarios, para lo cual han creado todo un conjunto de espacios y estructuras de concertación social. Los mismos permiten ir a la búsqueda de una estrategia integrada de desarrollo, antecedida de un debate de los problemas y particularidades de sus ámbitos específicos.
Sustentan entre sus principios centrales: la defensa y desarrollo de la identidad nacional, la conservación y difusión del patrimonio cultural, el reconocimiento a la diversidad cultural, el estímulo a la creación artística-literaria, el respeto al protagonismo y creatividad de la población, en la conducción de sus procesos socioculturales.
Además en el país existe otro conjunto de instituciones, que responden a objetivos que directa e indirectamente redundan en el desarrollo cultural de los diferentes territorios, al formar parte de los espacios en que la población desenvuelve su cotidianidad. Asociaciones, centros recreativos, entre otros, conforman el complejo entramado, donde la población participa en diferentes formas y niveles, que aunque no alcanzan la misma significación, si revelan algunas tendencias de imprescindible consideración.
El consumo cultural resulta una forma de participar pues el ser beneficiario de una acción organizada por otros constituye una forma de participar, en este caso el consumo resulta la forma por excelencia de la participación (el individuo, principalmente desde la comunidad, recibe los beneficios de las actividades que se le presentan, ya sea presentaciones de teatro, de cine, de danza, exposiciones, y todas las manifestaciones que integra la cultura).
En lo referente al consumo cultural cada vez se ve más el consumo de alternativas diferentes a las propuestas oficiales, aunque sin abandonarlas del todo. Cada vez es más frecuente el consumo de los materiales del paquete semanal y el uso de las nuevas tecnologías que propician mayor variedad de opciones de consumo y al mismo tiempo proporcionan nuevos espacios de socialización y de participación, pues se crean grupos de personas con intereses y objetivos comunes, que pueden generar nuevos sentidos de pertenencias e identidades o consolidar los ya existentes, pues en estos se puede incluir o no a nuevos miembros atendiendo a sus similitudes y compatibilidades con el grupo. Con las nuevas dinámicas sociales de confinamiento y necesidad de aislamiento social, los grupos creados en plataformas digitales han constituido una alternativa a la socialización en espacios físicos, legitimizando cada vez más su uso. Además, las redes sociales pueden ser espacios de participación en temáticas gubernamentales, que si bien no llegan a la toma de decisiones si pueden ser importantes en el proceso de conciliación y consulta popular.
P.3. Muchas de las grupalidades juveniles muestran una tendencia a manifestar patrones culturales y modelos de consumo internacionales lo cual ha ganado auge con el uso de las nuevas tecnologías, sin embargo, las identidades juveniles no tienen que contraponerse necesariamente a la identidad nacional. Los jóvenes poseen diversas identidades que se complementan unas con otras y que conforman y enriquecen su identidad personal, por lo que la pertenencia a estas culturas juveniles también se complementa con la identidad nacional, por lo que las prácticas y códigos que proclaman estas grupalidades pueden adaptarse y modificarse a nuestro contexto. La coincidencia entre los estudios sobre identidad nacional realizados en la población general ,donde se evidencia que los cubanos poseen una autoimagen, estable en la que sobresalen elementos positivos del carácter y elevados valores humanos y sociales, dirigidos a la solidaridad, las buenas relaciones humanas, la capacidad de trabajar y enfrentar los problemas con sacrificio y optimismo; y
los estudios realizados sobre la autopercepción de las culturas juveniles , donde salen a relucir en todas estas grupalidades características similares a las referidas en los estudios sobre la identidad cubana, así lo demuestran. No obstante existe el peligro de que, a partir de la globalización cultural, la incorporación de lo foráneo pueda provocar que la cultura nacional deje de ser consumida por sus propios ciudadanos ya que la misma implica la interacción de culturas dispersas, bienes y servicios, donde resulta más importante que el producto recorra el mundo entero antes de que sea consumido en la región que surge.
Ana Cristina Baute Abreu (G2) anacbaute@nauta.cu
1.En alguna literatura sociológica reciente, se trata de superar la consideración de "juventud" como mera categorización por edad. En consecuencia, se incorpora en los análisis la diferenciación social y, hasta cierto punto, la cultura. Según Domínguez, (2020) Las juventudes, como categoría histórico-concreta, define a un grupo sociodemográfico internamente diferenciado según su pertenencia a la estructura social, constituyen su segmento más dinámico y móvil. Según estas definiciones la juventud no se debe reducir a los cambios y características biológicas, sino que abarca mucho más que eso. La definición de la categoría juventud se puede articular en función de dos conceptos: lo juvenil y lo cotidiano. Lo juvenil nos remite al proceso psicosocial de construcción de la identidad y lo cotidiano al contexto de relaciones y prácticas sociales en las cuales dicho proceso se realiza, con anclaje en factores ecológicos, culturales y socioeconómicos (Dávila, 2004). Esta mirada permite reconocer la heterogeneidad de lo juvenil desde las diversas realidades cotidianas en las que se desenvuelven las distintas juventudes. De esta manera posibilita a su vez asumir que en el período juvenil tienen plena vigencia todas las necesidades humanas básicas y otras específicas, por lo que resulta perentorio reconocer tanto la realidad presente de los jóvenes como su condición de sujetos en preparación para el futuro. Podemos señalar que el proceso de construcción de identidad se configura como uno de los elementos característicos y nucleares del período juvenil. Dicho proceso se asocia a condicionantes individuales, familiares, sociales, culturales e históricas determinadas. Por otro lado, es un proceso complejo que se constata en diversos niveles simultáneamente. Se ha distinguido la preocupación por identificarse a un nivel personal, generacional y social. Tiene lugar un reconocimiento de sí mismo, observándose e identificando características propias (identidad individual); este proceso trae consigo las identificaciones de género y roles sexuales asociados. Además, se busca el reconocimiento de un sí mismo en los otros que resultan significativos o que se perciben con características que se desearía poseer y que se ubican en la misma etapa vital. Ello constituye la identidad generacional. Desde el punto de vista generacional se reconoce que cada generación tiene sus propias características que los hacen diferentes en cuanto al consumo cultural. Desde una dimensión sociocultural de identificación de la juventud, propone una mirada a los procesos de interacción dados al interior del heterogéneo grupo. Entre estos procesos están: 1) la agregación juvenil, que permite dar cuenta de las formas de grupalización de los jóvenes, 2) las adscripciones identitarias, que nombra los procesos socioculturales mediante los cuales estos se adscriben presencial o simbólicamente a ciertas identidades sociales y asumen discursos, estéticas y prácticas; y 3) las culturas juveniles, para hacer referencia al conjunto heterogéneo de expresiones y prácticas socioculturales juveniles. Las llamadas culturas juveniles son también portadoras de los elementos de distinción y de transformación social, característicos de la juventud. Estas consisten en estilos juveniles propios, que se objetivan a través de símbolos, atributos, discursos y prácticas culturales disímiles. Su existencia y expresión como colectividades definidas están mediadas por condicionantes sociales como: el género, la clase social, las etnias y la pertenencia a una generación. Desde lo expuesto hasta aquí podemos concluir que cuando se piensa en la juventud desde lo sociocultural se debe tener en cuenta no solo la etapa de la vida y pensar en una juventud, sino que se debe pensar en juventudes pues cada sociedad, país región de un país tiene costumbres, valores, formas de comportamiento que los hacen diferentes y por tanto hacen diferentes las necesidades y la forma de movilizar el comportamiento de los jóvenes en cuanto a la forma de concebir y consumir la cultura. En ese sentido se puede destacar como existen diferencias entre los jóvenes cubanos actuales pues más no es la misma forma de comportarse la de los otakus, gammers, youtubers o incluso aunque parezca muy similar no tienen la misma forma de manifestarse y satisfacer sus necesidades un joven rockero y un joven trovador en la provincia de villa clara. Todas estas culturas juveniles, aunque estén presentes en un mismo país, tienen formas de expresión y de satisfacer sus necesidades que los hacen únicos. En ellas los jóvenes encuentran una forma de autoconocimiento y formación de su identidad.
2. El consumo cultural es un conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica. En esta conceptualización se destaca que no se define según el tipo de productos que se usan, o sea si son bienes materiales o culturales, como habitualmente se hace, sino del valor simbólico que se les atribuye por parte de los sujetos. Para entender los procesos de participación y consumo cultural de los jóvenes en nuestro país es necesario tener en cuenta varios factores entre ellos el área de residencia. En el caso delos jóvenes que residen en áreas urbanas pueden asistir a lugares en los que se brindan servicios culturales tales como teatros, cines, casas de cultura, galerías de arte u otras instituciones; en el caso de los jóvenes que residen en áreas rurales, principalmente en localidades aisladas o de difícil acceso muchas veces no cuentan con este tipo de instituciones pues a pesar de que en algún momento se creen los espacios para que se realicen exposiciones, conciertos y actividades culturales, las ofertas no son tan frecuente. Otra de las cuestiones que hay que tener en cuenta son las necesidades de los jóvenes y cómo buscan satisfacerlas, muchas veces los jóvenes no se sienten identificados con los productos que se ofrecen en las instituciones culturales y deciden reunirse en espacios más íntimos e informales. Tal es el caso de los adolescentes en la actualidad que se sienten atraídos por el K-pop. Estos jóvenes suelen adquirir los videos y la música por medio del “paquete” y suelen imitar a sus ídolos vistiendo como ellos, se reúnen en parques, o casas de algún miembro del grupo para compartir la música y los bailes propios de este género musical que se exhiben en los videos. Otros grupos urbanos también eligen los espacios informales para reunirse, suelen reunirse en pequeños grupos que en su mayoría son estables pues son jóvenes de la misma localidad con gustos similares por algún género musical o forma de vestir, costumbres etc. También en la actualidad es muy frecuente el uso de las nuevas tecnologías que imponen nuevas formas de consumo y a la vez generan nuevos espacios de participación, en los grupos o espacios creados en las redes sociales confluyen gran cantidad de jóvenes que no necesariamente pertenecen a la misma localidad, pero que comparten gustos, costumbres, modos de actuar y encuentran en estas redes formas de interactuar e intercambiar criterios, más en estos tiempos en los que se hace imprescindible el aislamiento social.
3. Con el desarrollo y empleo cada vez más frecuente de la TICs y el acceso que tienen a ellas y a las redes sociales los adolescentes y jóvenes cubanos, se hace inevitable la incidencia de lo foráneo en muchas de las grupalidades juveniles de la actualidad. Con el constante intercambio de información que se dan en estos espacios, muchos grupos juveniles se apropian de características y modos de actuación foráneos que van formado su identidad y se van haciendo estables y se van consolidando hasta que llegan a ser parte de lo cotidiano. Tal es el caso de los grupos de Youtubers y Gamers, estos grupos encuentran en la interacción mediante redes online una forma de compartir, satisfacer sus necesidades de ocio y de socialización. Mediante estas prácticas, van configurando sus identidades con costumbres que, si bien son diferentes a las tradiciones y costumbres cubanas, se van adaptando a la realidad de nuestro país, se van personalizando y se van haciendo parte de nuestra identidad nacional, de esta manera si bien adoptan características foráneas, estos grupos se van haciendo nuestros grupos y van a ser una mezcla de esas características foráneas pero llevadas a nuestro contexto y que se van haciendo cada vez más cotidianas y cada vez más nuestros por lo que no copian un patrón cultural foráneo, sino que fusionan esas características con las características propias del cubano. Creo que en ese sentido no se produce fractura en la identidad nacional, sino que esta se va transformando y enriqueciendo en la medida en que la sociedad evoluciona. Más bien creo que el reto está en saber transmitir nuestras costumbres y tradiciones a los adolescentes y jóvenes cubanos de una manera que se ajuste a las características de la etapa, que no se vea por parte de estas poblaciones como algo que se le quiere imponer, sino que les genere curiosidad y motivación por ser parte de esa cultura o sea que se ajuste a las necesidades y expectativas de nuestros adolescentes y jóvenes.
1. Al analizar la definición de juventud lo primero que debe tomarse en consideración es que hay que hablar de juventudes por la diversidad existente en cuanto a normas, valores, intereses, expectativas, motivaciones, etc. Según Domínguez (2000) es una categoría histórico-concreta que designa un grupo sociodemográfico internamente diferenciado según su pertenencia a la estructura social, constituyen su segmento más dinámico y móvil.
La juventud desde términos socioculturales no se determina por condicionantes biológicas, sino que se define socialmente por la naturaleza de la actividad que se desarrolla en la etapa, lo que va condicionando el conjunto de relaciones sociales específicas que conforman el status o condición juvenil. En su construcción sociocultural influye el sistema de actividad y de comunicación característico de la etapa, el que va influyendo en la formación de su personalidad y por ende en la conformación de su identidad como ser individual, la cual influye y es influida por la identidad colectiva del grupo con el que tenga sentido de pertenencia. Es aquí donde se van construyendo relaciones simbólicas, significados compartidos y se va creando una autoimagen.
La construcción cultural sobre juventud se refiere a las formas mediante las cuales cada sociedad modela las maneras de ser joven. En la construcción y reconfiguración de los jóvenes influye notoriamente la industria cultural: la música, el baile, el vestuario, los medios audiovisuales; todo lo cual interviene y va mediando la construcción identitaria de los jóvenes.
La manera en que la cultura es asumida por los jóvenes aborda cómo estos participan en los procesos de creación y circulación culturales, lo cual también se hace mediante las culturas juveniles, las que se caracterizan por su carácter dinámico. En ellas los jóvenes se expresan colectivamente mediante la construcción de estilos de vida que los distinguen como grupo, con una identidad colectiva de acuerdo al modelo cultural asumido.
Esta diversidad de factores cambia en correspondencia con las naciones, con las tradiciones culturales del lugar de residencia, con lo que promocionan los medios masivos de comunicación, en fin; por ello se alude al valor de abordar la juventud como una categoría histórico-social, dinámica, compleja, diversa y culturalmente construida.
2. Los procesos de participación y consumo cultural son manifestados con diversidad por la juventud, mediados por factores como el género, la raza, la religión, lugar de residencia, procedencia social, nivel educativo, entre otros. La participación es un proceso activo encaminado a transformar las relaciones de poder y tiene como intención estratégica incrementar y redistribuir las oportunidades de los actores sociales de tomar parte en los procesos de toma de decisiones. Se expresa en niveles y formas diferentes. Se encuentra relacionado con la manera en que se van apropiando de las experiencias, tradiciones, de cómo van adquiriendo el consumo con un carácter activo.
Así las prácticas culturales tienen estrechos vínculos con los procesos de consumo cultural de los jóvenes, a partir de que se realizan sobre todo en momentos de ocio y esparcimiento, interactuando constantemente con productos culturales. Se asume entonces el consumo cultural según García (1992) cuando refiere que es un conjunto de procesos de apropiación y usos de productos en los que el valor simbólico prevalece sobre los valores de uso y de cambio, o donde al menos estos últimos se configuran subordinados a la dimensión simbólica.
Se encuentran como tendencias del consumo cultural en adolescentes y jóvenes una preponderancia del consumo de medios audiovisuales en comparación con las Bellas Artes, siendo mayormente de medios informales (paquete semanal). Asimismo ha disminuido la visita a espacios institucionales como bibliotecas, teatros y museos. En ello hay que tener presente el uso de las nuevas tecnologías que ha ampliado el acceso a los productos culturales foráneos y ha cambiado la forma de disfrute de los existentes en el país. Se comparte y disfruta más el espacio privado (casa propia o de amigos y familiares) y lugares de la ciudad (parques, tiendas, malecones, boulevard, zonas wifi) que las propias instituciones culturales. En dicha situación influye la insatisfacción que expresan adolescentes y jóvenes con la oferta cultural existente, la que no se ajusta a sus necesidades, intereses y motivaciones, y muchas veces no se corresponde con el nivel adquisitivo de la familia.
Existen espacios institucionales como la universidad donde en muchas ocasiones predomina el nivel de participación movilizativo y de consumo, participando como público o espectador de lo creado por algunos dirigentes estudiantiles y/o artistas aficionados. En muchas de las actividades planificadas por la FEU y la UJC los estudiantes asisten como meros espectadores sin mostrar nivel de involucramiento ni motivación, solo se incorporan para cumplir con lo establecido y contribuir para ser “un graduado universitario integral”. Así se da el fenómeno de participación en la cultura que aborda cómo el individuo asume una actitud pasiva, de espera hacia un producto socialmente elaborado, responsabilidad de otro.
Las culturas juveniles realizan un consumo cultural diverso. Cuando se alude a las mismas no se puede hablar de esquemas preestablecidos, pues tienen un carácter complejo y dinámico que las distingue. Al respecto se coincide con Pulgarón (2020) cuando plantea que sería un error pensar que la juventud tiene una única forma de expresarse, de comunicarse e identificarse como tal, así como que existe una forma exclusiva de ser joven, pues esta realidad se construye a partir de la articulación de varios factores sociales. A continuación se refieren algunos ejemplos de este consumo cultural diverso de acuerdo a la cultura juvenil a la que pertenecen:
- Reggaetoneros, rockeros, trovadores, raperos: consumo de una música específica.
- Otakus: práctica cultural asociada con ver animes/mangas.
- Gamers: el uso de los juegos de computadora y otras tecnologías.
- Teams, youtubers: representan sus realidades e intereses a través de las tecnologías.
La existencia de estos y otros grupos legitima sus prácticas culturales y los diferencia de otros grupos, conformando cada uno de ellos una identidad colectiva.
3. Cada país tiene su cultura, tradiciones, símbolos que lo caracterizan y conforman su identidad nacional, lo cual no quiere decir que no haya incidencia de las prácticas y consumos culturales que emerjan como tendencias a nivel mundial en una etapa histórica-concreta.
En este sentido los procesos vinculados a la globalización y su papel en la homogeneización de prácticas sociales y simbólicas en el mundo, han mediado muchos de los nuevos procesos de identificación juvenil. Los mecanismos de este modelo de dominación, tienen sus principales efectos en el área de la cultura. Se asocian a la exportación de patrones culturales y modelos de consumo occidentales como ideales para las sociedades, particularmente a través del avance tecnológico y la informatización, visiblemente expresado en los medios de comunicación masiva y la comunicación en red (Zebadúa, 2008, citado en Pulgarón, 2020).
Nuestro país no ha quedado exento de estos fenómenos globalizadores. Según Pulgarón (2020) en el panorama social cubano están presentes procesos de hibridación cultural, a través de los cuales lo foráneo se readecúa y contextualiza en nuestras realidades.
El avance tecnológico en nuestro país, en los últimos años, ha ampliado el acceso de adolescentes y jóvenes a las tecnologías, lo que ha conllevado a que emerjan nuevas culturas juveniles que incorporan prácticas culturales foráneas que rompen con las fórmulas anteriores. Tal es el caso de los otakus, gamers, teams y youtubers, que su consumo, prácticas, discursos, dependen de la tecnología y que reproducen elementos culturales de culturas foráneas. Esto va creando una realidad para cada grupo, conformando su identidad.
No obstante, hay que tomar en consideración el carácter activo de la personalidad de cada miembro del grupo, por lo que interactuar con otras culturas, asumir determinadas prácticas no necesariamente los lleva a perder su identidad como joven cubano. La identidad cubana se redimensiona, se diversifica, se contextualiza con los productos culturales foráneos, que constituyen tendencia en la actualidad, con los que las juventudes interactúan. Considero que la esencia de la identidad cubana permanece, aun cuando dialogue con nuevos estilos y prácticas asumidas.
Hay adolescentes y jóvenes que se identifican con determinadas prácticas y consumo culturales foráneos y aun así evidencian sentido de pertenencia con las tradiciones de su pueblo, conocen su cultura, la saben representar en un escenario y se sienten parte de ella.
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