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BJM

SANCTI SPÍRITUS.— Delineó cada trazo con precisión y disfrutó cómo la boca roja se hacía inmensa. Los ojos se le volvieron estrellas. Sonrió frente al espejo al verse así, transformada. Pensó en cada gesto y en cada palabra. Solo esperó asombros y algarabía.

Nuevos bríos se suman al espíritu de esta generación de Instructores de Arte marcada por el compromiso imperecedero de los que nos antecedieron.